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28 jun 2008

Perversiones c1 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Hinata X Sakura
Género: Romántico, Yuri
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon
Capítulo: 1 de 15 Finalizado: No
Resumen: Imagina a la joven Hinata en una relación. ¿Ya? Pues en este fic no saldrá como te la has imaginado.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.


La joven caminaba tambaleante con lágrimas en los ojos hacia el despacho del director. Tenía el alma destrozada por la escena que había visto poco antes:

Caminaba por el pasillo del instituto con calma, sin preocuparse de la hora porque siempre llegaba pronto. De pronto escuchó unos gemidos y se paró en seco. Se acercó a una puerta entreabierta. Creyó que le estaban haciendo daño a alguien. Se asomó con precaución, vio unas ropas por el suelo que le resultaron familiares. Más adelante vio el cabello rosa de su compañera, que en ese momento le daba la espalda, estaba sentada sobre la mesa del profesor y estaba... ¡estaba desnuda! ¿Pero qué hacía? Entonces vio levantarse la cabellera rubia de Ino. Estaba frente a Sakura, también desnuda y jadeante, con una sonrisa de satisfacción.

—Tienes una buena lengua—le escuchó decir a Sakura.

—Probemos ahora la tuya—le respondió Ino

Sakura se levantó de la mesa y se acercó a la joven, se agachó y comenzó a lamer con deseo el sexo de su compañera, esta gemía y cerraba los ojos sintiendo gran placer. Hinata las observaba temblando, las lágrimas comenzaban a surgir de sus ojos casi blancos. Como podía estar pasando aquello, como podía hacer aquello Sakura, su Sakura, la primera persona a la que había querido de verdad. Observaba el cuerpo desnudo de la pelirrosa, era tan perfecto, tan lindo, Sakura siempre estaba preocupada porque creía estar gorda, pero era mentira, para Hinata su cuerpo era perfecto y le dolía en el alma que otra persona lo estuviera tocando de aquella forma.
Salió corriendo sin que las jóvenes en la clase se dieran cuenta de que las había observado. Corrió por los pasillos hasta que salió del instituto y se quedó en un pequeño parque solitario. Al poco rato, cuando iba a comenzar la segunda clase, un profesor pasó por allí en dirección al instituto. Se paró extrañado frente a ella.

—Señorita Hyuuga, ¿qué hace aquí?, debería estar en clase—la muchacha lo miró sin saber qué decir.

—Emm… yo… esto…

—Por favor, acompáñeme al instituto—le dijo el profesor extrañado de ver allí a la joven Hyuuga ya que nunca había cometido ningún tipo de falta.

La ojiblanca acompañó al profesor sin decir palabra. Él la dejó en el pasillo, después de haber hablado él con el director, para que ella misma fuera a su despacho y hablara con él. Y aquí volvemos al principio. Llegó a la puerta y tocó suavemente.

—Adelante—escuchó decir.

La joven pasó cabizbaja sin atreverse a mirarle a la cara. Él la ofreció asiento y ella lo aceptó en silencio.

—Señorita Hyuuga, ¿Por qué no estaba en clase?—preguntó él con su voz oscura.

—Yo… esto… yo…—era incapaz de contarle lo que había ocurrido.

—Las viste ¿verdad?—dijo con calma.

— ¡¿Qué?!—le miró sorprendida.

Orochimaru tenía una sonrisa perversa en su rostro y miraba ardientemente a la joven que tenía las mejillas ardiendo.

—Viste a tus dos compañeras en la clase, haciendo lo que no debían. Por eso te fuiste y no has venido a la primera clase—su voz hacía temblar a la ojiblanca.

—Yo… director Orochimaru yo… —comenzaba a respirar agitadamente y se acaloraba por momentos, recordando aquella escena.

—Cálmate pequeña, dime, ¿a cuál de ellas deseas?—preguntó sin pudor alguno.

Ella no supo que decir, ¿Cómo podía saber eso su director? Se puso cada vez más nerviosa y acabó desmayándose.

Abrió los ojos confusa, sin saber lo que había sucedido. Observó a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en la enfermería del instituto. Una mujer con bata blanca estaba sentada cerca de ella. Cuando percató de que había despertado se acercó a ella y comenzó a preguntarle cómo se encontraba, pero la Hyuuga seguía en estado de shock y no decía nada. La enfermera miró tras de sí y salió de la sala. El director Orochimaru estaba ahora junto e ella con una gran sonrisa.

— ¿Ya te encuentras mejor Hinata?—le preguntó acariciando suavemente sus cabellos.

—Yo… director yo… —ella se estaba poniendo de nuevo muy nerviosa.

—Tranquila pequeña Hinata. Yo voy a ayudarte a que tengas lo quieres—la joven lo miró sorprendida y extrañada.

Orochimaru colocó un dedo en el cuello de la joven y realizo un pequeño símbolo transmitiéndole energía. La ojiblanca emitió un débil grito que fue ahogado por la mano del hombre que no borraba de su rostro aquella sonrisa tan escalofriante. La muchacha quedó inconsciente de nuevo pero a los pocos minutos abrió de los ojos. Orochimaru ya no se encontraba en la sala, estaba sola. Se sentía extraña, un pequeño dolor punzante en su cuello y un calor extraño que recorría todo su cuerpo y se intensificaba en ciertas partes. Su mente se nubló un poco y su respiración se agitó. Sintió una necesidad imperiosa de acariciarse y satisfacerse. Solo había hecho aquello una vez antes y le había dado tanta vergüenza, a pesar de que no la habían visto, que no volvió a repetirlo. Metió una mano bajo su camiseta y comenzó a acariciarse los pechos mientras que la otra mano la llevaba bajo sus braguitas y se acariciaba cada vez más intensamente hasta que no pudo más. Roja, pero esta vez no de vergüenza, se colocó la ropa y salió de la enfermería. La anciana enfermera intentó detenerla pidiendo que descansara más, pero ella hizo caso omiso a sus palabras. Sin saber porqué se encamino por los pasillos buscando algo. Las clases estaban en el receso de la comida y, como siempre hacía, Sakura fue a comer a un aula vacía. Normalmente comían allí juntas pero no había visto a Hinata en toda la mañana y estaba comiendo sola. Vio abrirse la puerta y entrar a su pálida amiga con el rostro sonrojado, cosa normal en ella. Pero esta vez la joven Hyuuga la miraba directamente a los ojos con un brillo extraño.

— ¡Hola Hinata! ¿Estás bien? No has aparecido en toda la mañana y eso no es normal en ti—le dijo Sakura con su gran sonrisa.

—Sí, estoy bien, mejor que nunca—hablaba con un tono extraño y con demasiada seguridad para ella.

— ¿Seguro que estás bien?, te noto extraña—la ojiblanca se acercaba poco a poco a ella y parecía que no iba a detenerse—Hinata, ¿qué haces?—preguntó cuando la joven la acorraló contra la mesa.

—Tranquila, vas a disfrutar—aquellas palabras no parecían haber salido de su boca.

Puso las manos sobre la mesa a ambos lados de la pelirrosa para que no pudiera escapar. Acercó su rostro al de ella hasta que sus labios se juntaron en un intenso beso. Sakura estaba muy sorprendida y no entendía lo que estaba ocurriendo, aquella no podía ser su amiga, Hinata jamás se comportaría así. La lengua de la Hyuuga comenzó a lamer sus labios intentando que los abriera pero ella se resistía. Cogió a la ojiverde con una mano por la cintura y con la otra sujetó su rostro para que la mirara.

—Si con esa estirada de Ino disfrutaste, conmigo lo harás mucho más—le dijo volviendo a besar su labios.

Sakura estaba paralizada por lo que le había dicho. ¿Cómo era posible que supiera esto? Ino y ella mantenían bien guardado el secreto.

Aprovechando su sorpresa la ojiblanca introduzjo su lengua en la boca de la pelirrosa y exploró cada rincón de su cavidad. Sakura intentaba separarla pero le era imposible, en aquel momento Hinata tenía una fuerza increíble. La ojiblanca comenzó a acariciar el cuerpo de la muchacha que tanto deseaba. Comenzó a quitarle la ropa mientras su cuerpo se calentaba cada vez más. Sakura sentía sus intensas caricias, sentía su pasión y su deseo y no pudo reprimir algunos gemidos. Hinata comenzó a bajar por su mejilla hasta su cuello, comenzó a mordisquear, lamer y besar cada centímetro de su piel. Sin darse cuenta ambas estaban desnudas, apenas con las braguitas y las medias cortas y zapatos puestos. Las manos de la Hyuuga parecían expertas recorriendo todo su cuerpo haciéndola estremecer de placer. Ya no luchaba, ahora dejaba que su amiga hiciera lo que deseaba sin importarle ya nada. Hinata la tumbó sobre la mesa del profesor dejando sus piernas abiertas frente a ella con su sexo ya húmedo aun bajo la ropa interior. Comenzó a acariciarla por encima de la braguita, pero era incapaz de esperar, prácticamente se las arrancó y comenzó a lamerla y darle pequeños mordiscos que hacían gemir a la pelirrosa. Con una mano acariciaba su muslo y su trasero mientras con la otra le acariciaba los pechos. Sakura sujetó los cabellos de la Hyuuga para que profundizara más con su lengua. Después le metió un dedo y otro más en su interior, profundamente, aumentando los movimientos mientras le acariciaba los pechos con la otra mano y lamía sus pezones mordiéndolos con intensidad. Hasta que la pelirrosa no pudo más y se corrió.

— ¿Por qué?—le preguntó la pelirroja jadeante.

—Porque lo llevo deseando desde que te vi la primera vez y al verte con esa baka de Ino no aguante más—le contestó volviendo a besarla.

Aquella no era la Hinata que Sakura conocía, tan dominante e intensa, sin vergüenza alguna. La Hyuuga estaba más excitada a cada segundo, con aquel cuerpo que tanto deseaba bajo el suyo propio. Sin saber porque desvió la mirada a un cajón abierto de la mesa y vio algo que le excito aun más y que podría utilizar para sus nuevos juegos. Se apartó de la pelirrosa y cogió aquel alargado objeto de color rosáceo. Dio a un botón y se puso a vibrar sobresaltando a la joven sobre la mesa. Hinata se acercó a ella con el vibrador en alto, solo había visto una de esas cosas una vez sin querer en la tele, pero supo muy bien cómo usarlo. Se sentó junto a ella sobre la mesa y mientras con una mano acariciaba sus pechos con la otra comenzaba a acariciarla con el vibrador pero aun de forma superficial. Sakura vio la excitación de su amiga y ya que le daba tanto goce quiso dárselo a ella también. Comenzó a acariciar su sexo y a introducirle los dedos. La joven Hyuuga gemía de placer mientras introducía el vibrador en el interior de su amante poniéndolo en marcha. La pelirrosa gemía y gritaba debido al gran placer que sentía, aquél simple aparato la hacía creerse en el cielo y los exactos movimientos de Hinata la hacían volverse loca de placer. Ambas llegaron al clímax casi al unísono provocando que otra persona que las observaba desde su despacho también se viniera, después de haber disfrutado del espectáculo.

23 jun 2008

La marca de Jeckyll c2 [FanFic]

Título: La marca de Jeckyll
Categoría: Get Backers Personajes: Akabane X Katsuki
Género: Romántico Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, violación, tortura.
Capítulo: 2 de 2 'Transportistas' Finalizado:
Resumen: Tras su encuentro en la Fortaleza Infinita, Katsuki siente algo que no deberia sentir por el Dr. Jeckyll y este intentará hacerle confesar con metodos dudosos.


Katsu-chan, necesitamos tu ayuda para un trabajo ¿te apuntas?—Ginji le sonreía como siempre junto a Ban, sentados en la mesa del Honky Tonk, preparados para el nuevo trabajo que Heaven les había conseguido.

—Por supuesto Ginji-san, sabes que siempre puedes contar conmigo—respondió el moreno con su amable sonrisa.

—¡¡Genial!! Muchas gracias Katsu-chan.

— ¿Y qué es lo que tengo que hacer?—preguntó animado.

—Esta vez necesitamos que seas transportista—le contestó Ban.

— ¿Transportista? Está bien, dime los detalles.

—Tenemos que entrar en una gran mansión y sacar de allí unos objetos que nos han pedido. Tú tendrás que esperarnos en la puerta con un camión. Los llevarás a un almacén en un polígono cercano mientras nosotros entretenemos a los guardias y demás. Según nos han informado habrá mucha protección, por eso te acompañará otra persona.

— ¿Quien será? ¿Himiko-chan o Shido-kun?—el trabajo le estaba pareciendo bastante sencillo.

—No, ellos no pueden, ya hemos intentado pedírselo—respondió Ginji con cara tristona.

— ¿Entonces?

—No lo sabemos, Heaven lo traerá ahora y también te dará la dirección del almacén.

—Bien, estoy deseando empezar.

Por la puerta del local entró la rubia Heaven con su, como siempre, provocativa ropa seguida de una figura vestida de negro que todos conocían demasiado bien.

—Hola Katsuki-kun! Has aceptado el trabajo ¿verdad? Entonces él será tu compañero—dijo la rubia señalando a su acompañante.

—Katsuki-kun, hacía mucho tiempo que no nos veíamos—los violetas ojos de Jeckyll se fijaron el los castaños del de las cuerdas.

—A-Akabane-san… ¿tú vas a ser el transportista?—escuchar su nombre salir de la boca de aquel hombre había hecho que un escalofrío recorriera todo su cuerpo y ahora intentaba no temblar ante su mirada penetrante.

—Así es, seremos compañeros, ¿te parece mal, Katsuki-kun?—le sonrió y se sentó junto a él.

—Bueno, ya podemos empezar con los detalles—Heaven comenzó a contarle todo sobre lo que debían hacer.

Katsuki intentaba pegarse contra la pared, no quería ni siquiera rozar a aquel hombre, no quería volver a sentir su contacto, pensaba que si lo hacia no podría evitar soltar un gemido recordando lo que había sucedido en la Fortaleza Infinita. Pero al contrario de lo que creía, el Dr. Jeckyll ni tan siquiera volvió a mirarle.

—Entonces nos encontraremos en el puente e iremos a recoger los objetos a la puerta de la mansión ¿te parece bien Katsuki-kun?

— ¿Eh? Am, sí—el moreno ni siquiera estaba escuchando, tan solo podía recordar lo sucedido entre Akabane y él.

El pelinegro se marchó del Honky Tonk sin volver a mirar al de las cuerdas, quien por el contrario era incapaz de quitarle la vista de encima.

Llegó el día del trabajo y el Katsuki esperaba en el puente con impaciencia.

“— ¿Por qué estoy así? Se supone que no tendría que querer verlo, pero no puedo sacármelo de la cabeza. ¿Será resentimiento por todo lo que me hizo? Ese sádico se pasó, por suerte Jubei no podía ver el estado en el que me encontraba, habría sido demasiado vergonzoso ¿Cómo pude venirme con su ayuda? Es ilógico. Y encima me llenó el cuerpo de cortes, pero es extraño que ninguno dejara cicatriz.”

La bocina de un camión lo sacó de sus pensamientos. No conocía al conductor pero el acompañante era el Dr. Jeckyll. Subió al camión y se sentó en la parte de atrás sin decir nada.

“—Suerte que estamos acompañados, así no intentará hacer nada”—pensó el moreno observando a Akabane.

De pronto, cuando comenzaban a subir la colina que llevaba hasta la mansión, empezaron a disparar contra el camión reventando los cristales.

—Vaya, parece que ya empieza la diversión. Yo me encargare de ellos, vosotros seguir adelante hasta la puerta de la mansión—les dijo el pelinegro.

—Entendido—contestó el conductor.

El Dr. Jeckyll se bajó del camión en marcha y comenzó a pelear, o más bien a matar a aquellos que les estaban disparando. Katsuki llegó hasta la puerta de la mansión, donde Ginji y Ban estaban peleando contra unos cuantos tipos con muy mala pinta.

— ¡Katsu-chan al fin llegas!

—Toma, mete esto en el camión y largaos, nosotros les entretendremos, aun nos falta otra cosa por recuperar—le dijo el del Jagan.

—Está bien, tened cuidado.

El moreno metió los objetos que le habían dado en el camión y se pusieron en marcha. Alguno de aquellos “protectores” intentaron atacarle pero fácilmente se libró de ellos con sus cuerdas. Pasaron por el lugar donde habían dejado al doctor pero allí solo había muertos con aquella característica marca en forma de J en su espalda.

—Akabane-san…—el moreno no pudo evitar susurrar su nombre.

—Aquí estoy Katsuki-kun—el pelinegro se encontraba a sus espaldas sin un solo rasguño.

—Es-estás bien…—el de las cuerdas estaba sobresaltado.

—Por supuesto que lo estoy ¿acaso creías que esos estúpidos podrían hacerme algo?—el Dr. Jeckyll se acercaba poco a poco a él.

—Am… no, claro que no, solo que…—se estaba poniendo nervioso y su corazón comenzaba a latir con fuerza ante la cercanía de aquel hombre.

— ¿Estabas preocupado por mi?—sonreía divertido ante la posibilidad de haber marcado tan profundamente al moreno.

—E-eh… bueno… ahora eres mi compañero… —era incapaz de reaccionar, ni siquiera sabía si lo que quería era huir o acercarse más a él.

—Katsuki-kun, eres muy fácil de descifrar ¿lo sabias?—acarició su rostro con la punta de los dedos bajando por su cuello.

El pequeño suspiró y cerró los ojos un instante mientras intentaba tranquilizar a su cuerpo que no dejaba de vibrar descontrolado. El Dr. Jeckyll sacó un bisturí y realizó un fino corte en el cuello del moreno quien tembló y calló al suelo sintiendo las piernas como gelatina.

— ¿Quieres más verdad? Te quedaste con ganas la última vez—el pelinegro sonreía perversamente mirándole desde arriba. Cerró la puerta que comunicaba con la cabina del conductor y se acercó de nuevo al joven—Pídemelo, quiero oír tus suplicas.

El cuerpo del de las cuerdas ya estaba muy excitado a pesar de que apenas le había tocado. En su cabeza seguía intentando resistirse a aquel deseo que provocaba Akabane en él con tan solo su presencia.

—Yo… yo no… no deseo eso… ¿Por qué iba a querer más?—agachaba el rostro para no ver al pelinegro y que este no viera su rostro sonrojado.

—Muy bien, en ese caso no haré nada—con una sonrisa mayor a la anterior el pelinegro pasó a la cabina y se sentó en el asiento del copiloto.

El moreno estaba sobresaltado, pensaba que a pesar de su negación el doctor insistiría y volvería a hacer lo de la otra vez. Y, en el fondo, tal vez lo deseaba.

Llegaron al almacén donde debían dejar la mercancía sin más incidentes y una vez que lo descargaron todo el camionero se marchó dejando solos a los otros dos transportistas.

—Bueno Katsuki-kun, aquí acaba el trabajo. Ha sido un placer trabajar contigo, tal vez nos veamos en otro encargo. Adiós—el pelinegro se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a la ciudad.

“— ¿Va a marcharse? ¿No va a hacerme nada? pero yo… yo…” ¡A-Akabane-san!

— ¿Sí?—el Dr. Jeckyll apenas giró la cabeza para verle por el rabillo del ojo.

—Akabane-san yo… yo quiero… —Al moreno le resultaba muy difícil pronunciar aquellas palabras. Su corazón golpeaba muy fuerte contra su pecho y le costaba respirar.

—Dilo.

—Yo… ¡¡¡YO QUIERO QUE ME POSEA!!!—al darse cuenta de las palabras que habían salido ya incontrolables de entre sus labios se tapó rápidamente la boca y se sonrojó aun más.

—Buen chico, ¿Ves como no era tan difícil?—el pelinegro había aparecido rápidamente a sus espaldas pegando su cuerpo al de él. Acarició los labios del moreno con los dedos y lamió su cuello—voy a hacerte disfrutar mucho.

Lo llevó al interior del almacén y cerró la puerta. La única luz que había era la de la luna que entraba por unos pequeños ventanales en la parte más alta. Comenzó a besa al de las cuerdas sintiendo como su cuerpo temblaba entre sus manos. Sacó uno de sus bisturís y rápidamente se deshizo de la molesta ropa que cubría al pequeño. Deslizó las manos por su espalda comenzando a realizar pequeños cortes que hacían vibrar al moreno cuyos gemidos eran callados por los labios del pelinegro que saboreaba la sangre que había provocado con mordiscos en sus labios. El calor de ambos cuerpos aumentaba al igual que el ritmo de sus respiraciones y sus latidos. El corazón de Katsuki parecía desbocado en su pecho como si en cualquier momento fuera a explotar. Deseaba aquello, sin ninguna razón lógica, lo deseaba desde que le había besado por primera vez con aquellos labios tan fríos que solo él podía llamar tiernos. El doctor tiró una de las sabanas que cubrían los objetos de aquel almacén al suelo y tumbó al moreno sobre ella. Se quitó tranquilamente el abrigo y el sombrero observando el rostro sonrojado y ansioso de su amante sabiendo que ya era suyo. Se colocó sobre él y comenzó a besar su pecho desnudo realizando pequeños cortes con su bisturí que volvían loco al moreno. Lamió los sensibles pezones y los mordió provocando que finos hilos de sangre y saliva se deslizaran por su pecho. Comenzó a masturbar al de las cuerdas, primero con su mano y luego con su boca, torturando su miembro con movimientos lentos e intensos. El pequeño gemía y arqueaba su espada por aquel doloroso placer.

—A-Akabane-san… no puedo más… me vengo… por favor… —suplicaba al pelinegro queriendo liberarse de una vez de aquella presión.

—De eso nada, aun queda mucho más, esta vez te haré sufrir un poco más porque la última no pude divertirme todo lo que me hubiera gustado.

Puso de rodillas boca abajo al moreno, acariciando su trasero y lamiendo su entrada. Katsuki intentó desahogarse él mismo con una mano pero el Dr. Jeckyll se lo impidió atándole las manos con su corbata a la espalda.

—Eres un chico muy malo, no debes hacer nada que yo no te permita, ahora me perteneces—su sonrisa era perversa, el moreno estaba asustado pero ya no podía hacer nada, el placer lo dominaba por completo.

Akabane sacó un par de bisturís e introdujo por el mango uno a uno en el interior estrecho del pequeño que se retorcía del dolor. El doctor tenía una mirada ardiente, estaba disfrutando mucho más que cuando mataba, aquel chico despertaba en él un deseo que ya creía desaparecido. Era tan sensible, tan dulce, tan inocente… todo lo que a él le faltaba lo tenía aquel muchacho y se lo podía arrebatar de aquella forma tan placentera. Acarició la piel que había entre los testículos y la entrada ahora invadida por los bisturís del pequeño y se le antojó marcarla. Sacó una nueva arma y realizó unos cortes en aquella zona diferentes a los que le había hecho hasta ahora. Katsuki intentó apartarse pero el pelinegro se sujetó firmemente. Después de realizar los cortes sacó los bisturís de su trasero y los sustituyó bruscamente por su duro miembro que estaba ya listo. Provocó mucho dolor y sangre en la entrada del pequeño pero que al cabo de una cuantas envestidas se torno en intenso placer.

—Katsuki-kun, eres realmente estrecho, es muy agradable—le susurró al oído.

Salió de él un instante para ponerle boca arriba y penetrarle nuevamente con dureza. Quería observar aquel rostro tan hermoso, ahora aun más, con las mejillas de un color carmesí intenso con lágrimas rodando por ellas pero con una expresión de gran placer.

—Ah! Aka-bane-san! ¡Más! Ah!—su corazón estaba descontrolado y para él el mundo entero había desaparecido, tan solo quedaban ellos dos y ese enorme placer.

Sentir el duro miembro de aquel hombre en su interior era lo que había esperado desde aquella vez y el placer que sentía era mucho mayor al que podía haber imaginado. Sin necesidad de ayuda alguna se vino entre sus vientres con un gemido mayor a los anteriores mientras el pelinegro admiraba aquella expresión de éxtasis y se venía a su vez en el interior del moreno. Se quedó unos instantes dentro de él, disfrutando de aquel calor que le daba, de aquella vista tan maravillosa, para después salir bruscamente del moreno, levantarse y vestirse como si nada hubiera ocurrido.

—A-Akabane-san…—el moreno quería pedirle que se quedara con él, quería preguntarle si lo volverían a hacer pero no se atrevía.

—A partir de ahora eres mío, me perteneces solo a mí. Si algún otro intenta follarte verá la marca que te he hecho y sabrá que eres mío y si aun así te hace algo le mataré. Porque ahora solo yo puedo tocarte, ¿te ha quedado claro?—le dijo mirándole mientras se colocaba el sombrero.

—Sí, Akabane-sama—respondió el moreno con una sonrisa de felicidad en su rostro. Sabía que aquello era lo único que podría lograr de aquel hombre, pero eso le demostraba que le deseaba, que le quería solo para él, supo que aquella era su forma de decirle “te amo”.

Cuando el Dr. Jeckyll se marchó Kastuki intentó calmarse un poco antes de salir. Llevó los dedos hasta aquel corte distinto que le había hecho por debajo de su entrada. Los cortes formaban una J, la marca de Jeckyll. Supo que aquello dejaría una cicatriz que nunca se borraría y pensó “Soy suyo, solo suyo para siempre” y sonrió aun más feliz.

FIN

Espero que haya gustado, creí que no iba a conseguir acabar el Fic, me quedé completamente en blanco T_T. Espero que eso no me vuelva a pasar. Arigatou por leer ^^

19 jun 2008

La marca de Jeckyll c1[FanFic]

Título: La marca de Jeckyll
Categoría: Get Backers Personajes: Akabane X Katsuki
Género: Romántico, Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, violación, tortura.
Capítulo: 1 de 2 -'Encuentro en la Fortaleza Infinita' Finalizado: No
Resumen: En su nueva misión el lindo Katsuki se queda solo en el entramado de la Fortaleza Infinita y se encuentra con el asesino Akabane, su compañero en la misión, quien esta deseoso de un poco de diversión.


— ¡Akabane-san! ¿Qué haces aquí? Creía que estabas con Ginji-san—Katsuki había estado a punto de chocar contra el Dr. Jeckyll mientras corría por el gran entramado de la Fortaleza Infinita.

—Este es un sitio muy grande, creo que me he perdido—le contestó Akabane con su enigmática sonrisa.

—Eso no es propio de ti—el de las cuerdas no tenía un buen presentimiento.

—Tienes razón, y dime, ¿tú no estás con ese tipo ciego que siempre anda tras de ti?—Akabane se acercaba poco a poco hacia el joven.

—Aparecieron unos enemigos y nos separamos—el moreno retrocedía ante aquella presencia. Sin saber porqué su corazón comenzaba a acelerarse—“¿Qué pretende hacerme este tipo? No creo que piense que soy rival para él”

—Vaya, parece que hoy es mi día de suerte, deseaba tener un poco de diversión y me encuentro con el joven más lindo y sin protección. Espero que me diviertas un rato Katsuki-kun—el pelinegro seguía acercándose hasta acorralarlo contra una pared.

— ¿Quieres pelear conmigo?, yo no estoy al nivel de Ginji-san—su respiración se había acelerado, ¿Cómo podía infundirle tanto temor aquel hombre?

—Yo no diría pelear, con un tipo tan hermoso como tú prefiero otra cosa—acarició su rostro con una mano enguantada y sonrió aun más—Desde que te vi la primera vez lo que más he deseado ha sido poder cortar esta hermosa piel, dejar mi marca en ella y pensé en matarte pero creo que sería una pena que murieras, sería mucho mejor si pudiera hacerlo una y otra vez cuando me apeteciera—lamió su mejilla haciendo estremecer al de las cuerdas.

— ¿Q-qué es lo que quieres hacer?—quería huir de allí, alejarse de aquel hombre, tenía que atarle con sus cuerdas para poder marcharse pero su cuerpo no le respondía, era incapaz de moverse.

—Dime, ¿ya has tenido sexo con ese compañero tuyo?—Akabane deslizaba una mano por debajo de la camiseta del moreno acariciándole con la punta de los dedos.

— ¿Qu-qué? ¿P-por qué iba a hacer eso? Es solo mi amigo—su respiración era agitada, temblando ante el contacto frío de aquel hombre.

—Um… ¿entonces me encuentro ante un virgen? Je, eso me agrada aun más—levantó el rostro de Katsuki y besó sus labios lamiéndolos, haciendo que abriera la boca para invadirla con su lengua.

El moreno no podía evitar gemir y corresponder inconscientemente ante aquel acto sorpresivo. Sin darse cuenta se aferró a los hombros del doctor para no caer al suelo ya que sus piernas le comenzaban a fallar.

—“¿Por qué no me niego? ¿Por qué dejo que me haga esto? Tengo que alejarme de él”—eran pensamientos que aparecían fugazmente por su mente y que se desvanecían con la misma rapidez.

Sintió un pequeño mordisco en sus labios y como Akabane succionaba la sangre.

—Katsuki-san, sabes realmente bien, estoy deseando probar más—le susurró al apartar sus labios.

—N-no puedes hacer esto…—el rostro del moreno estaba sonrojado y no se atrevía a mirarle a la cara.

— ¿No puedo? Tu cuerpo no me dice lo mismo—acarició los pezones endurecidos del moreno y deslizó una mano hasta sus pantalones.

— ¡N-NO!—Katsuki cogió uno de sus cascabeles e intentó alejar al pelinegro con las cuerdas en un movimiento desesperado y comenzó a correr cruzando multitud de puertas y al final cayó de rodillas en una habitación pequeña y mohosa. Su corazón latía a gran velocidad y su respiración estaba descontrolada—“¿Qué es esto? ¿Qué me ha pasado? He entrado en pánico, tenía que haber estado calmado y enfrentarme a él pero ¿Por qué no he podido? ¿Por qué me he comportado así?

— ¿Ya te has cansado de correr?

—Ah! Olvidaba que eras tan rápido—se levantó y comenzó a alejarse de nuevo de aquel hombre pero en aquella habitación no había más salida que la que él bloqueaba con su cuerpo.

—Je, has escogido un buen lugar, con esos cojines podremos estar un poco más cómodos—en un rincón de la habitación había un pequeño montón de cojines desgarrados y mugrientos.

— ¿De verdad estás pensando en hacer eso? ¿Por qué quieres hacer algo así conmigo? Soy un hombre y ni siquiera soy el más fuerte. Lo más lógico es que lo hicieras con Himiko-chan o Ginji-san—su voz era temblorosa y se pegaba tanto a la pared que iba a traspasarla.

— ¿Estás diciendo que vaya a violarles a ellos en lugar de a ti?—su sonrisa era cada vez más perversa y su mirada penetraba cada vez más en su cabeza.

—N-no, claro que no… es solo que no lo entiendo ¿Po-por qué?

— ¿Por qué? Bueno, hay varias razones, porque tienes un cuerpo lindo, porque tu rostro es más hermoso que el de una mujer, porque tienes unas habilidades interesantes y porque eres el primero al que he encontrado, además si lo intentara con Ginji-kun acabaría electrocutado—se había acercado de nuevo a él y rozaba su mejilla con la punta de la nariz—ah y se me olvidaba otra, porque tú también lo deseas.

— ¿Yo?

—Sí, ¿o es que acaso no estás excitado?—lamió su mejilla y bajó hasta su cuello comenzando a besarlo y morderlo sin mucha delicadeza— Ya te estás derritiendo en mis manos.

Jeckyll sacó uno de sus bisturís y cortó la camiseta por el medio dejando al moreno desnudo de cintura para arriba. Recorrió todo su pecho con la punta de los dedos causando escalofríos en el joven.

—Tu cuerpo es muy delicado, mucho más hermoso que el de cualquier mujer—lamió sus pezones y mordisqueó suavemente provocando gemidos incontrolables en el moreno.

—¡¡A-Akabane-sa-aaan!!—el pelinegro había hecho un fino y superficial corte en el pecho de Katsuki haciendo que sus piernas temblaran y cayera al suelo.

—Vaya, no creí que fueras tan sensible, esto va a ser más divertido de lo que esperaba—sonrió perversamente y lo miró fijamente desde arriba.

El Dr. Jeckyll desabrochó su abrigo y lo dejó en un rincón sobre un cajón roto junto con su sombrero. Se acercó de nuevo al joven y se agachó frente a él, levantando su mentón con la punta de los dedos, clavando la mirada en los brillantes ojos castaños.

—Estoy deseando ver la expresión de tu rostro cuando llegues al clímax.

Cogió al moreno y lo tumbó sobre los cojines. Lamió la sangre del corte que le había hecho y siguió bajando realizando pequeños cortes a su paso saboreando aquel jugo tan delicioso, deleitándose con los gemidos del sensible muchacho. Cuando llegó a la entrepierna cortó el pantalón y la ropa interior dejando al de las cuerdas completamente desnudo. Se apartó un poco y observó detenidamente cada marca que había hecho.

—Deja de mirarme así, eres un sádico—Katsuki se cubrió el rostro sonrojado con un brazo y se dio la vuelta para ocultar su erección creciente.

El Dr. Jeckyll lo agarró por las caderas y lo puso bocabajo. Retiró la coleta y comenzó a lamer y cortar su espalda tal y como lo había hecho en su pecho. Los cortes no eran profundos pero simplemente sentir aquel helado filo hacía que el cuerpo del moreno se estremeciera de algo que no sabría decir si era placer o dolor. Y la lengua de aquel hombre, tan cálida e intensa hacía que su mente se perdiera en el deseo que comenzaba a sentir. El pelinegro lo puso de rodillas pegando su pecho a la espalda del de las cuerdas haciéndole sentir también su erección contra su trasero. Llevó una mano hasta el miembro duro de su nuevo juguete y lo acarició despacio pero intensamente de arriba a bajo.

—Ah! Akabane-san…—el moreno era incapaz de crear una frase lógica, su mente estaba henchida de nuevas sensaciones que comenzaban a volverlo loco.

—Veo que estás disfrutando mucho, ¿escuchas tus gemidos? Son realmente lascivos. Y cómo se retuerce tu cuerpo ante mis caricias, es fantástico, tan sensible… y además yo soy el primero, me encanta saber que soy yo quien te está enseñando lo que es el placer—le susurraba al oído mientras torturaba su miembro apretándolo en los puntos exactos con aquellos finos dedos.

El moreno echó la cabeza hacia atrás dejándola caer sobre el hombro de Akabane, quien lo observó un momento para después lamer la saliva que caía por la comisura de sus labios muy abiertos en una mueca de placer y besarlo nuevamente.

“—Está siendo tan obediente mi pequeño rey de los volts. Creo que le daré algo más de placer antes de seguir torturándolo”—pensó para sí sonriente el doctor.

Masturbó a Katsuki sin dejar de hacer pequeños cortes en las cercanías de su miembro, disfrutando del rostro de placer y los gemidos que este le brindaba. El moreno se vino en la mano enguantada del pelinegro con un último gemido más fuerte que los anteriores. El doctor lo dejó tumbarse unos momentos sobre los cojines mientras lamía el semen de su mano.

—Aún no he acabado, todavía queda lo mejor—le susurró al oído haciendo que probara el semen de su mano metiéndole los dedos en la boca.

—KATSUKI-SAN!!!—la puerta se abrió estruendosamente dejando paso a un Jubei muy alterado—Katsuki, ¿estás bien?

—Vaya, que lástima, es muy descortés por tu parte interrumpir mi diversión de este modo—el Dr. Jeckyll se levantó y se puso el abrigo sabiendo que la diversión se había acabado por el momento.

—¡¡TÚ!! ¡¡MALDITO BASTARDO!! ¡¡¿QUÉ LE HAS HECHO A KATSUKI?!!—el ciego ya había sacado las agujas y estaba dispuesto a atacar.

—Jubei! Déjalo, este no es el momento, tenemos una misión—el moreno daba gracias porque no podía verlo en el estado en el que se encontraba.

—Pero este maldito-

—Jubei! Ahora no, tenemos que completar la misión, no es momento de pelear.

—Bueno, yo voy a buscar a los demás, ya nos veremos—sonrió por última vez al moreno y salió de aquella habitación colocándose el sombrero.

Jubei fue rápido junto al moreno quien se colocaba la ropa rota intentando que su amigo no notara lo que había sucedido allí.

—Katsuki, ¿Qué es lo que te ha hecho ese bastardo?—el ciego acariciaba el rostro y los brazos del moreno intentando comprobar como se encontraba.

—No te preocupes, estoy bien, no ha podido hacerme nada—intentaba disimular la excitación que aun lo dominaba.

—Perdóname Katsuki, yo no pude venir a protegerte antes, perdóname—el de las agujas estaba desesperado por haber dejado a su protegido en manos de aquel asesino.

—Tranquilo, estoy bien, estamos en una misión, no puedes protegerme todo el tiempo—le abrazó para intentar consolarle sin poder dejar de pensar en lo que acababa de ocurrir en aquella habitación.

Continuará...

Hasta aquí el primer capítulo, espero que guste, es el primer fic que hago de este anime y la verdad es que lo hice sobre la marcha, ni siquiera pensé en como sería. Como personajes he escogido a los que mas me gustan, ademas aun no he leido ningun fic con esta preja (¿Soy rara?)

15 jun 2008

607-1=0 [FanFic]

Titulo: 607-1=0
Categoría: Original
Género: Horror
Clasificación: no -9 años
Advertencia: Muerte

Capítulo: 1 de 1 Finalizado:
Resumen: En un pequeño pueblo tras la muerte de una anciana comienzan a morir seguidamente y en estrañas circunstancias muchos otros.



Hola, me llamo Jenny y estoy muerta. No os asustéis ni tampoco os extrañe que un muerto escriba una historia porque no es la primera vez, bueno, en realidad la historia no la escribo yo, la escribe una mujer, aunque solo escribirla porque yo se lo dicto absolutamente todo, o mejor dicho, entro en su mente y la escribo a trabes de su cuerpo. Bueno, en definitiva un lío. Pero el caso es que esta es mi historia, una historia que tal vez no creáis y la verdad eso me da igual, yo necesitaba contarla para poder ir a donde quiera que vayamos los muertos. Bueno, pues ahí va mi historia. Aviso a los ultra sensibles, esta historia es muy, muy triste.

Todo empezó una mañana cualquiera, en un pueblo cualquiera, de un país cualquiera. La mañana pasaba tranquila, o todo lo tranquila que podía ser una mañana de diario a las 7:30 cuando el despertador no ha sonado y ya llegas tarde al instituto y ni siquiera te has vestido.

Cuando llegué al instituto (media hora tarde) en nuestra clase de 3ºB no estaba la profesora y, cómo no, todos los críos hacían el tonto. Pocos minutos después llegó el jefe de estudios y nos comunicó la siguiente noticia:

—La señora Bernarda—apodada por nosotros “la momia” por sus 72 años—ha fallecido. En su honor por todos los años que ha dedicado a la enseñanza le rendiremos unos minutos de silencio en el patio.

Todo el instituto salió al patio para rendirle homenaje, en realidad la mayoría de ellos había tenido alguna vez clase con “la momia”. Durante cinco minutos estuvimos en silencio en el patio, en realidad en silencio estuvieron muy pocos, porque los otros no dejaban de susurrarse cosas al oído o hacer el tonto.

La verdad a nadie le sorprendió su muerte, al fin y al cabo era una mujer bastante mayor y no tenía muy buena salud.

El día siguió con normalidad, hasta el mediodía cuando en una casa tres calles más abajo que la mía se oyó una explosión. Una bombona había estallado y las tres personas que vivían en la casa (dos mujeres y el hijo de una de ellas) habían fallecido.

La muerte de cuatro personas en un mismo día no era muy normal en un pueblo de 607 habitantes (ahora por el momento 603) pero no llamó demasiado la atención.

Poco antes de las doce de la noche se oyó un gran golpe seguido de dos enormes explosiones. Todo el mundo salió a la calle. Dos coches habían chocado y sus depósitos habían estallado. Un par de vecinos pudieron reconocer los coches y las personas, ahora carbonizadas, que iban dentro. Uno de ellos eran nuestros vecinos de enfrente, una pareja de ancianos con dos de sus hijos y el otro una pareja con el hermano de la chica. Todos muertos. Las víctimas en un día habían ascendido a 11 cosa muy extraña en nuestro pueblo.

Al día siguiente la policía seguía sin saber nada seguro sobre ninguna de las muertes. Suponían que “la momia” había muerto por vieja, la pareja de lesbianas y el hijo por un descuido y las dos familias de los coches por dormirse uno de ellos al volante. Pero nada era seguro.

A las nueve de la mañana un terrible derrumbe de un edificio de los más modernos sacó a la calle a todos los vecinos del pueblo, que cada vez eran menos. En el derrumbe no sobrevivió nadie, es decir murieron 31 personas. Ahora tan solo quedaban 565 habitantes en nuestro hermoso pueblo y la policía no sabía que decir.

El resto del día pasó relativamente tranquilo. El cementerio y la morgue estaban a rebosar y la policía no daba abasto. Alrededor de las diez de la noche en una de las tiendas de comestibles entró un atracador y disparó a los dos dependientes y a un policía y por fin cayó muerto. El atracador era uno de los vecinos, nadie sabía porqué lo había hecho pero el caso es que había cuatro muertos más.

A la mañana siguiente, pocos minutos después de abrir el banco hubo una misteriosa explosión que acabó con la vida de los 7 empleados y 5 clientes. Más muertos y la cifra sube a 58.

Por la tarde las desgracias continuaron. Un conductor atropelló a dos peatones y los tres murieron.

Pero lo peor fue por la noche. En la discoteca del pueblo 47 chicos (por suerte yo no podía ir) disfrutaban de la noche hasta que el derrumbe del edificio acabó con la vida de todos ellos más la de 5 adultos y la cifra ya asciende a 113.

Al día siguiente parecía que ya no podía pasar nada más cuando de pronto se armó un tiroteo en la calle. 27 personas murieron y en el pueblo solo quedan 467.

A las diez de la noche ocurrió otro desastre. La comisaría saltó por los aires y todos los policías que allí se encontraban, más algunos civiles, murieron. Un total de 32 personas, uno de ellos mi padre. Mi madre estaba destrozada y yo bueno, como iba a estar si acababa de perder a mi padre.

Las desgracias no cesaron a la mañana siguiente. Una bola de fuego (un meteorito) cruzó el cielo y cayó justo encima de la escuela primaria y todos los niños que en ese momento estaban allí murieron. 48 inocentes niños y 4 profesores.

El pueblo entero estaba muriendo y nadie sabía porqué. Pero mis dos mejores amigos, Spike y Cián, y yo quisimos averiguar qué ocurría y empezamos por la primera muerte, “la momia”. Ella no tenía familia y todas sus cosas se las llevó el ayuntamiento pero sí había dejado un testamento aunque nadie sabía qué ponía. Fuimos a ver a su alguacil, que, por suerte seguía vivo. Le pedimos el testamento y enseguida nos lo dio, sin siquiera preguntar. Regresamos a mi casa, subimos a mi habitación y lo abrimos. Pareció que el aire se contaminaba cuando sacamos el papel.

« Para quienes lean este testamento » comenzaba « si estáis leyendo esto es porque he muerto y seguramente muchos más tras de mí. Estaréis desconcertados por todas las muertes que están ocurriendo. Pues ahora sabréis porqué ocurren. Yo odiaba a este pueblo y a todos sus habitantes, por eso les eché una maldición. Después de mi muerte todo el pueblo caerá tras de mí y sus almas vagarán eternamente por la tierra experimentando una y otra vez el sufrimiento que yo pasé en ese pueblo. Y las muertes no cesarán hasta que todos mueran ».

Hasta entonces yo no había creído en maldiciones ni cosas por el estilo pero después de todo lo que estaba ocurriendo me creía todo. Un terrible silencio se apoderó de nosotros y solo se rompió por el gran bullicio que se armaba en la calle. Salimos fuera y vimos una enorme humareda. Cuatro casas contiguas estaban ardiendo y la gente no dejaba de chillar. Cuando se apagó el fuego se pudieron contar las víctimas. 29 personas.

En la residencia de ancianos ya había habido 27 muertos por distintas enfermedades y en otras casas por distintos “accidentes” domésticos 17.

Nosotros tres intentamos encontrar alguna solución pero no encontramos ninguna.

Al día siguiente muchas personas (de las que quedaban vivas) fueron a rezar a la iglesia, entre ellas mi madre y los padres de Spike. Una fuga de gas junto con las velas encendidas hizo estallar la iglesia y 67 personas murieron, incluida mi madre y ahora estaba huérfana, aunque no tardaría en estar muerta.

Ahora solo quedan 243. Ya nada nos sorprendía, incluso apareció una extraña epidemia que acabó con la vida de 58 personas y el número seguía subiendo. 45 personas habían muerto intentando salir del pueblo y ninguna lo había logrado.

Con respecto a mí, me encontraba bien por el momento. Spike y Cián también estaban huérfanos así que estábamos en mi casa juntos. El resto de la poca gente que quedaba no salía de sus casas. Por la tarde fuimos al campo, sabíamos que podía pasarnos algo pero preferíamos disfrutar un poco más antes que quedarnos en casa muertos de miedo. Desde la montaña, a unos cinco kilómetros del pueblo nosotros disfrutábamos del poco tempo que nos quedaba. Spike, Cián y yo éramos amigos desde hace… bueno, prácticamente desde que nacimos y éramos los mejores amigos, inseparables incluso en esos momentos.

Observábamos como la gente seguía muriendo hasta que, en la noche se vio un estallido en el cielo y miles de cascotes cayeron sobre nosotros y acabaron con nuestra vida, a Cián le atravesaron el cráneo, a Spike le degollaron y a mí se me clavaron en el corazón. Una muerte rápida y apenas dolorosa.

Desde aquello me encuentro en esta especie de limbo, viendo como la gente nace, crece, se reproduce y muere sin darse cuenta de que solo se vive una única vez y que deben disfrutar mientras puedan.


FIN

Espero que te haya gustado, un fic muy corto y con muchas muertes pero creo que no está mal ^^.