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27 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c8 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 8 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.


Llegó el descanso antes de la última hora.

—Angelito ¿Qué te parece si nos vamos ahora?—dijo el pelinegro al rubio que tenía delante.

— ¿Ahora? Pero aun queda otra clase—contestó sin atreverse a mirarle a los ojos, se había puesto demasiado cerca.

—Lo sé, pero estoy un poco aburrido y me gustaría charlar un rato contigo a solas—le dijo Argón girando su rostro hacia él con la punta de los dedos en su barbilla.

—Em… etto… yo…—tartamudeó el pequeño sonrojándose.

—Vamos, no tenemos tiempo—el pelinegro copió la cartera de ambos con una mano y con la otra agarró del brazo al rubio y lo llevó con él.

—E-espera… no podemos—sus quejas no fueron escuchadas.

Consiguieron salir del instituto sin que ningún profesor los viera. Comenzaron a caminar guiados por Argón. Ryou lo observaba a su lado, le parecía un hombre dominante, un líder nato, solitario y fuerte. Capaz de hacer que cualquiera le siguiera como había hecho él. Argón se giró a verle y sonrió ante el sonrojo en sus mejillas.

— ¿Te gusta mirarme?—le preguntó poniéndose frente a él acariciando su rostro—si que eres tierno, angelito.

Las mejillas del rubio ardían y su corazón se aceleraba con el aumento de la cercanía del rostro del pelinegro al suyo.

“—Otra vez, lo va a hacer otra vez, otro… beso”—era el pensamiento que aparecía en su mente.

No sabía si lo deseaba o si quería apartarse, pero eso habría sido imposible, su cuerpo estaba paralizado. Sintió los labios del otro suavemente, su cuerpo estaba paralizado. Cerró los ojos fuertemente, su cuerpo temblaba, su corazón parecía querer salirse del pecho. Aquellos labios tan dulces, tan suaves, tan tiernos que acarician los suyos como si se fueran a romper por un contacto más agresivo. Cuando dejó de sentir aquel fantástico contacto tardó unos segundos en abrir los ojos para encontrarse con una tierna sonrisa del pelinegro.

—Sí que son dulces los labios de un ángel—aquellas palabras hicieron que las mejillas del rubio se pusieran aun más rojas de lo que ya estaban.

Argón no quiso seguir con más, aquello ya era suficiente por el momento, no debía ir demasiado rápido con alguien tan inocente. Rodeó sus hombros con un brazo para que siguiera andando junto a él ya que parecía estar en shock.

— ¿Te disgusta que te bese?—preguntó Argón cuando Ryou ya se había recuperado un poco.

— ¡¿Eh?! ¡¡No!!—Sin darse cuenta lo había dicho con demasiada energía, lo que hizo que agachara la cabeza algo avergonzado—yo… etto… es que nunca…

—Tranquilo, lo entiendo. Si en cualquier momento piensas que voy demasiado rápido solo fréname—le dijo mirándole de reojo.

— ¿De-demasiado rápido?—no entendía a que se refería ¿Qué pensaba hacer?

Argón solo sonrió, se lo iba a pasar muy bien con su nuevo juguetito.

Se sentaron en el banco de una plaza. Ryou sonrojado retorcía en sus manos el asa de su cartera, estaba muy nervioso, no sabía qué decir. Porqué se sentía así, normalmente se sentía cómodo hasta con los desconocidos, pero aquel hombre… aquel hombre era distinto al resto y no sabía porqué. Sacó la única forma que tenía de tranquilizarse, su bloc de dibujo. Siempre que dibujaba se abstraía del mundo, en aquel momento era su única opción. Ryou comenzó a dibujar el paisaje de la plaza, se concentró en las formas, en las texturas, intentando olvidarse del hombre que tenía a su lado y que lo observaba curioso. Pasaron veinte minutos y seguían en silencio, el dibujo ya estaba muy avanzado gracias a la ágil mano del pequeño. Argón observaba cada movimiento, cada expresión de aquel ángel que parecía estar en otro mundo. Era muy probable que se sintiera igual que cuando él tocaba la guitarra. El pelinegro se levantó sin que el otro se percatara de ello y regresó enseguida poniéndole una palmeta frente a él. El rubio le miró saliendo de su mundo.

—Gracias—le dijo dejando el lápiz y cogiendo la palmera.

—No hay de qué, me gustan los chicos golosos—el rubio se sonrojó de nuevo y bajó la mirada—veo que te gusta dibujar y lo haces realmente bien.

—Am…yo… no lo creo, solo soy un principiante.

—Eso no importa, muchos pintores son grandiosos desde principiantes. Y se nota que tú tienes talento. ¿Puedo ver algún otro dibujo?

—Claro—el pequeño le pasó el bloc que estaba por terminarse.

Argón comenzó a pasar las páginas parándose bastante en cada dibujo. La mayoría eran de paisajes, había alguno de su hermano y de Nao. Y entonces vio uno suyo, sobre el escenario, por la ropa era de su primer concierto. En la imagen solo estaba él con su guitarra, el resto solo eran sombras. El rubio se dio cuenta del dibujo que estaba mirando y le arrebató enseguida el bloc de las manos apretándolo contra su pecho, más rojo que un tomate.

—Em, e-etto… yo… es-es que… bueno yo…—estaba nervioso y avergonzado, quería que la tierra lo tragase.

—No pasa nada, me gusta mucho y me halaga—se acercó a él sonriente, rodeó su espalda con un brazo, acercó sus labios a los del pequeño y mientras los rozaba suavemente le quitó el bloc de las manos ante la sorpresa del pequeño y antes de que reaccionara lo besó tiernamente unos segundos dejándolo en shock de nuevo—déjame ver el resto—le susurró cuando se apartó.

El chico no reacciono y Argón siguió viendo sus dibujos sonriente. El siguiente era nuevamente de él. De su encuentro en el baño, solo su rostro, un retrato muy fiel a la realidad. La siguiente imagen era un paisaje, calles cercanas al local donde tocaba. La siguiente de su encuentro en el parque, con más luz, una escena más dulce. Y la última del siguiente concierto, cuando había entrado en la trastienda y lo había visto hablar con su guitarra.

—Per-perdona—susurró el rubio.

— ¿Por qué pides perdón?—preguntó extrañado el mayor.

—Bueno… no te pedí permiso para dibujarte—estaba sonrojado hasta las orejas y miraba al suelo.

Argón dejó el bloc a un lado, rodeó los hombros del pequeño con un brazo y con la punta de sus dedos levantó su barbilla y acercó su rostro.

—Me agrada mucho que me hayas dibujado, significa que has pensado en mí y eso me gusta.

Le besó de nuevo, más intensamente, un beso más mojado. La gente que pasaba no se fijaba en ellos, parecían una pareja corriente gracias al rostro algo afeminado del ojiaqua, podía hacerse pasar perfectamente por una mujer. Después de separar los labios le dio un dulce beso en la mejilla.

—Me halaga haber encontrado a un ángel tan dulce como tú—el pequeño intentaba decir algo pero era incapaz—vamos, ya habrán acabado las clases. Argón le acompañó hasta la puerta del instituto cuando estaba tocando la campana. Le dio un suave beso en los labios y lo dejó allí algo confuso.

“—Ángel… me llama ángel…”—pensaba embobado mirando el camino por donde se había marchado el guitarrista.

“—Vaya, al final no hemos hablado mucho—pensaba el pelinegro sonriente—pero los besos han sido muy placenteros”

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—Ryou!!—lo llamó el pelirrojo.

— ¿Dónde estabas? No estabas en tu clase ¿Qué ha pasado?—le preguntó algo atorado el moreno.

—Em… lo siento yo… bueno… me salté la última clase—era incapaz de mentirles.

— ¿Pero por qué has hecho eso? Tú nunca te has saltado las clases.

—Em… es que…—no sabía que explicación darles para que no se enfadaran.

— ¿Ha sido él verdad? ¿Ese bastardo te ha convencido para irte con él no?—Sora estaba comenzando a alterarse.

—Sora, por favor, cálmate—Nao cogió al moreno por los hombros desde atrás temiendo que se pasara.

—En cuanto encuentre a ese carbón lo voy a hacer picadillo.

—Hermano, no es culpa suya, yo acepté—dijo cabizbajo.

— ¿Qué te ha dicho ese hijo de puta, que te ha hecho?

— ¿Eh?—el rubio estaba extrañado, no entendía qué le pasaba.

—¡¡Sora cálmate!!—el pelirrojo lo agarró por los brazos y lo puso contra las verjas—no le ha pasado nada, tienes que tranquilizarte.

Nao parecía más furioso que el moreno quien agachó la cabeza intentando controlarse. Ryou les miraba extrañado, no entendía lo que les estaba ocurriendo. El pelirrojo se apartó y les dio la espalda.

—Me largo—dijo alejándose.

— ¡N-Nao!—el rubio le llamó pero este no volteó—lo siento, lo siento mucho, yo no quería… perdóname por favor.

Estaba cabizbajo, con los ojos aguados a punto de llorar. Al verlo así el mayor no pudo más que abrazarle y enterrar el rostro en sus rizos dorados. Le dolía en el alma el sufrimiento de su hermano, verle llorar, aunque resultaba hermoso, también era un suplicio. Regresaron a casa sin decir una palabra.

24 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c7 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 7 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.



Tendréis que dormir en la misma cama, es un poco pequeña pero no hay otra cosa, a no ser que prefiráis el sofá, aunque esos muelles matan—les dijo el pelirrojo enseñándoles la estrecha cama.

—No te preocupes, no pasa nada—el moreno se mostraba serio pero sonreía ampliamente para sus adentros.

—Hemos dormido muchas veces juntos así que no importa—el rubio se empezó a quitar la ropa para meterse en la cama.

El pelirrojo salió de la habitación dándole una palmada en la espalda al moreno e intercambiaron una mirada de complicidad.

Se quedaron solos en la habitación, el rubio ya estaba en calzoncillos y se metía en la cama. Tras quitarse la ropa el moreno también se metió, rodeó la cintura del pequeño con los brazos y se acercó mucho a él, quedando los cuerpos pegados mirándose a los ojos. Apenas cabían en la estrecha cama.

— ¿Lo has pasado bien esta noche?—le preguntó dándole un beso en la mejilla, disfrutando de su contacto.

—Sí, lo he pasado genial, muchas gracias—su rostro había recuperado la normalidad y estaba sonriente.

—Me alegro, si es para que tú disfrutes no me importa tener que mentir.

El rubio le dedicó una última sonrisa antes de apoyar la cabeza en su pecho y cerrar los ojos para dormir. Al moreno le encantaba estar así con él, muchas veces habían dormido juntos, compartían muchas cosas, incluso seguían bañándose juntos en ocasiones. Cosas que al rubio le parecía de lo más inocentes, solo tomaban un alo pervertido en la mente del mayor.

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— ¡Vaya! Alfa que extraño que me llames ¿sucede algo?

—R, necesito un favor.

— ¿Un favor? Que raro, bueno, pide y ya veremos.

—Tendrás que hacerlo ya que es para cumplir mejor tu encargo.

— ¡Ah! En ese caso pide lo que quieras.

—Quiero ir al instituto.

— ¿Instituto?

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Lunes 08:20 AM
—Chicos, hoy se nos va a unir un nuevo compañero de clase. Adelante por favor.

Una esbelta figura, vestida de negro, con la piel casi blanca con un aspecto similar al mármol. Con los cabellos cortos también negros y los ojos castaños con tiznes rojizos.

—Preséntate por favor.

—Me llamo Minami Haruo, tengo 16 años y acabo de llegar a la ciudad.

—Bueno, cuéntanos algo más de ti, que te gusta o tus hobbies—dijo el profesor tras el silencio del pelinegro.

—No creo que eso sea necesario—contestó secamente.

La mirada del pelinegro estaba clavada en un rubio de ojos aqua que lo observaba sorprendido. Toda la clase en general lo miraba sorprendida por su aspecto algo intimidatorio.

—Em… entonces siéntate, al fondo hay un sitio libre.

Era perfecto, estaba justo detrás del chico que buscaba. Al pasar a su lado le sonrió y pasó la mano por su hombro. El rubio se sonrojó y desvió la mirada. El pelinegro se sentó y acarició uno de los rizos del rubio.

—Ryou, por favor, enséñale a Minami el instituto y ayúdale en lo que necesite.

—Sí profesor.
Llegaron los cinco minutos entre clase y clase. El rubio se dio la vuelta, sus mejillas estaban algo sonrojadas y no le miraba directamente a los ojos.

—No sabía que ibas a venir a estudiar aquí.

— ¿No te gusta? ¿Prefieres que me vaya?

— ¡No! Quiero decir que no me importa, está bien—se le notaba muy nervioso.

—Me alegro—Argón sonrió. Apartó un mechón de pelo del rostro del pequeño quien se sonrojó más.

—Em…etto…así que te llamas Haruo—dijo intentando cambiar de tema.

—Sí, pero prefiero que me llames Argón.

Por supuesto aquel nombre era falso, había usado tantos que ya apenas recordaba el suyo real. Por ello se identificaba más con el nombre de Argón, su nombre artístico que siempre utilizaba.

—Vale, Argón. Si tienes algún problema solo dímelo.

—Muy bien ¿podríamos almorzar juntos?

— ¡¿Eh?! Sí, claro—bajo la intensa mirada de pelinegro, el corazón y la respiración del rubio se aceleraban

Tocó el timbre, ya era la hora del almuerzo.

— ¿Me enseñas el instituto?—preguntó Argón al rubio de pie junto a él, inclinado casi susurrándole al oído.

—E-eh, sí, vamos—la cercanía de aquel hombre lo ponía nervioso, descontrolaba su cuerpo pero le gustaba, era una sensación extraña pero agradable.

Salieron del aula y comenzaron a caminar por los pasillos.

— ¡Ryou!—el pelirrojo lo llamó desde el otro lado, estaba junto a su hermano y ambos lo miraban sorprendidos.

—Hola.

— ¿Qué haces con él?—preguntó el moreno mirando desconfiado al pelinegro.

—Acaba de llegar al instituto y está en mi clase, voy a enseñarle el instituto y donde están las cosas.

—En ese caso os acompañamos—dijo el ojimamba sin quitarle la vista de encima al pelinegro.

—Ah! Muchas gracias—le contestó Ryou sonriente sin darse cuenta de la mirada asesina que Argón le lanzaba a sus amigos.

“—Menudo estorbo, ¿cómo voy a deshacerme de estos dos idiotas?—pensaba Argón maldiciendo su mala suerte.

Los cuatro comenzaron a caminar por los largos pasillos del instituto. Era uno publico, a pesar de que se podían permitir uno privado, los hijos de los Bineko les habían suplicado a sus padres que les permitieran estar allí, ya que era el instituto al que iba Nao, su mejor amigo, y ante la insistencia de los hermanos, los padres no tuvieron más opción que aceptar, además ellos también habían estudiado en institutos públicos y les había ido muy bien.

El pequeño le enseñaba muy animado al pelinegro todas las clases donde se realizaba alguna actividad especial como informática o el laboratorio. Argón intentaba quedarse a solas con el rubio y procuraba estar lo más cerca posible de él pero aquel moreno no se apartaba ni un segundo del pequeño, que no se enteraba de nada. El pelirrojo observaba a los dos, como a dos fieras peleándose por su presa. Aquella situación no le gustaba nada, le parecía demasiado peligrosa. Cuando el timbre sonó de nuevo el moreno y el pelirrojo acompañaron a los otros dos a su clase y el ojimamba habría entrado con ellos de no ser porque Nao lo detuvo

—Sora ¿Qué coño te pasa? Pareces un novio celoso. Abre los ojos, a este paso te vas a delatar—le dijo metiéndole en el baño.

—Ya lo sé, pero no puedo soportar verle con él, sé que no tiene buenas intenciones.

—Lo sé, yo pienso lo mismo, pero no podemos hacer nada más. Por favor, tranquilízate y piensa con la cabeza.

—No quiero que le haga daño.

—Yo tampoco, pero no ayudará que te enfrentes con él como un perro en celo.

Sora suspiró resignado, se dejó apoyar por los brazos del pelirrojo que también sufría más de lo que aparentaba.

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14 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c6 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 6 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.


El rubio con los nervios retorciéndole el estomago, se dirigió a la trastienda habiéndose olvidado de sus amigos. Observó un momento a través de la puerta entreabierta la figura estilizada y oscura del guitarrista que limpiaba su guitarra acariciándola y hablándola dulcemente.

—Sarah, lo has hecho muy bien—susurraba sonriente.

—Am… etto… ¿puedo pasar?—preguntó el rubio dando unos toques a la puerta.

El pelinegro lo miró y sonrió aun más. El rubio entró, su respiración se aceleraba simplemente estando cerca de aquel hombre. Se quedó de pie a un metro de él observando como guardaba la guitarra delicadamente en su estuche.

— ¿Ha-hablas con tu guitarra?—preguntó el ojiaqua. Le pareció una pregunta estúpida pero no se le ocurrió otra cosa que decir.

—Sí—contestó secamente y se acercó al rubio—no tienes que estar tan nervioso, no te voy a morder, de momento.

Aquellas palabras junto con la sonrisa algo perversa del pelinegro hicieron que la respiración del pequeño se parase durante unos segundos. El guitarrista acarició los cabellos del ojiaqua disfrutando de aquella suavidad, después acarició su rostro, tan delicadamente que le hizo temblar. Luego bruscamente rodeó su cintura con un brazo atrayéndole hasta que sus cuerpos quedaron pegados.

— ¿Te gusto?—le preguntó acercando sus labios a los de él.

El rubio temblaba, sus mejillas ardían, le costaba controlar el enorme impulso de besar aquellos labios que por una razón desconocida ansiaba. Aquel cuerpo tan sublime pegado al suyo, haciéndole una pregunta cuya respuesta era obvia. La respiración del pelinegro también se aceleraba sutilmente y cada vez le costaba controlar más su propio cuerpo. Aquel ser angelical estaba consiguiendo con su sola presencia lo que nadie ni nada había conseguido antes ¿Por qué? ¿Qué le sucedía? ¿Qué tenía aquel chico de especial? Le apretó aun más contra su cuerpo, se veía tan frágil, tan tierno, tan vulnerable. Le besó, no podía resistirse más a aquellos labios temblorosos entreabiertos que le suplicaban atención. Los saboreó con ansia pero sin olvidar la delicadeza que un ángel como aquel necesitaba. El rubio estaba paralizado, era incapaz de reaccionar y tampoco quería, aquellos labios finos lo besaban con intensidad dejándolo sin respiración, su primer beso. Argón se apartó, ambos respiraron profundamente y se miraron a los ojos. Ryou observaba sin saber como reaccionar ante aquellos ojos que se habían vuelto de un rojo más intenso que antes. El pelinegro sonrió y se apartó del pequeño.

—Vete a casa, ya es muy tarde para que un ángel ande en la calle—le dijo dándole la espalda, volviendo a su guitarra.

El rubio algo confuso salió de la trastienda sin entender lo que había sucedido. Parecía un zombi colorado caminando hacia sus amigos con los ojos perdidos en el vacío.

—Ryou, ¿estás bien?—le preguntó Sora preocupado.

—Eh, ah, sí, bien—contestó aun en otro mundo.

—Cuatro monosílabos, eso no está bien—el pelirrojo le tomó la temperatura poniendo su frente contra la de él.

— ¡Nao! Estoy bien, ya te lo he dicho—contestó apartándose más colorado.

—Bueno, ya es muy tarde, es mejor que regresemos.

Los tres amigos regresaron a la casa del pelirrojo, los hermanos les habían dicho a sus padres que dormirían en su casa porque si les hubieran dicho que iban a ir a un local a esas horas no se lo hubieran permitido. Cuando Ryou le pidió aquello a su hermano, este se quedó sorprendido ya que a su hermano no le gustaba nada mentir y mucho menos a sus padres.

FLASH BACK

En la habitación de Sora están los dos hermanos.

— ¿Y cómo vamos a convencer a mamá y papá de que nos dejen salir?—preguntó Ryou llevándose una gominola a la boca.

—Eso va a ser imposible, si se lo pedimos no nos dejarán—contestó Sora pensativo con un regaliz en la boca.

—Sorin, porfa piensa algo, me gustaría mucho ir—le pidió con ojitos brillantes chupando el otro extremo del regaliz que el moreno tenía en la boca sin darse cuenta de lo incitante que resultaba aquello, sentado sobre sus piernas con los brazos rodeando su cuello.

El mayor lo tumbó debajo de él y tras un mordisco al regaliz dio repetidos besos en la mejilla del rubio bajando por su cuello mientras el otro reía.

—Sora, para, me haces cosquillas—sin darse cuenta del deseo del moreno, el pequeño pensaba que era solo un juego.

— ¿Tanto quieres ver de nuevo a ese guitarrista?—preguntó el ojimamba mordiendo un trozo del regaliz de la boca del rubio.

—Me gusta su música—contestó sonriente abrazándole.

Con el rostro en su cuello, el moreno suspiro resignado, era incapaz de resistirse a una petición del ojiaqua y menos aun si lo pedía de aquella forma.

—Vaaale, les diré que vamos a dormir a casa de Nao, pero me sorprende que quieras mentirles.

—No quiero, pero no queda de otra—contestó algo cabizbajo.

FIN FLASH BACK

~~~~~~~SEXO~~~MUERTE~~~ROCK~~~~~~~~~

— ¿Qué demonios me ocurre con ese ángel? He estado a punto de perder el control. No puede volverme a pasar pero no voy a dejarlo, ese dulce ángel tiene que ser mío.

— ¿Otra vez murmurando? Pareces que estés loco—el viejo dueño estaba a sus espaldas con una caja de botellas bacías en brazos.

—Cierre el pico viejo mugriento, no se meta en mis asuntos.

El hombre no se atrevió a contestar, aquel chico le daba miedo. El pelinegro salió del local y fue a su habitación en la pensión que había encontrado. Se acercó a la mujer que había en la recepción medio dormida.

— ¿Hay algo para mí?—le preguntó sobresaltándola, había sido tan sigiloso como un gato.—…Eh…sí, ha llegado un paquete.

Argón recogió el pequeño paquete y se fue a su habitación. Puso su portátil sobre la mesa y metió la memoria que había recibido en el paquete. Abrió la primera carpeta que contenía un archivo de audio. Apareció una imagen en la pantalla y comenzó a oírse una voz, la misma que tantas veces había escuchado en su móvil y en su ordenador.

“Hola Alfa, como siempre envío los datos de tu nuevo trabajo. Esta vez no será tan sencillo como el resto, no será fácil conseguir los documentos que te especifico en los archivos adjuntos. Tendrás que entrar en la casa y conseguir encontrarlos, probablemente estén en una caja fuerte y ya sé que tú no eres un James Bond, puedes hacerlo como quieras, y por supuesto después debes acabar con el hombre, la familia no me importa, haz lo que quieras con ellos. Procura disimularlo y recuerda que no debes dejar huellas, si te pillan es tu problema, no sé si podré sacarte la próxima vez, ya lo sabes. Te doy un mes para conseguirlo, espero que no me decepciones”

Se acabó la grabación. Argón examinó primero el documento que contenía los datos sobre los documentos que debía conseguir. Nada que a él le interesara. Después examinó los datos de la casa y por último la familia.

El objetivo: un hombre de mediana edad, cabello escaso y castaño y ojos azules, nada especial en su rostro, parecía un ejecutivo de lo más corriente salvo por los turbios asuntos que se escondían tras esa apariencia.

La esposa: una mujer de apariencia bastante más joven, de largos cabellos dorados y rizados y ojos verdes muy claros. Era bastante hermosa y no aparentaba su edad. Trabajaba como periodista en un periódico nacional, llevaba en él casi toda su vida.

Los hijos:

—¡¡¿Pero qué demonios?!!—Gritó el pelinegro saltando de la silla—menuda sorpresa, aunque…es posible que me sirva de ayuda—dijo pensativo observando la imagen del ordenador.

A la izquierda un joven de ojos verde esmeralda y cabellos ondulados y castaños. Debajo de él un nombre: Sora Bineko, la fecha de nacimiento, su altura, su peso, el grado que cursaba en el instituto y algún dato más de poca importancia. Junto a él otra imagen. Un chico de cabellos perfectamente rizados de un dorado más brillante que el de su madre casi platino con ojos aqua como el de las aguas tropicales; su rostro de suaves y delicadas facciones algo infantil pero luminoso por si mismo y bajo él un nombre: Ryou Bineko y los demás datos.

—Esto sí que es una casualidad, tengo que ser el asesino del padre de mi angelito.

Argón reía observando la encantadora imagen que le había aparecido a continuación, la familia al completo feliz divirtiéndose, una imagen de hace cinco años. Se quedó mirando a aquel rubio de diez años, creando su próximo plan.

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8 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c5 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 5 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.


—¡¡Vaya!! ¡Hoy sí que hay gente!—exclamó el pelirrojo recorriendo la larga cola que había frente al local hasta la puerta de este.

—Vamos a tardar un montón en entrar y eso si lo conseguimos porque hoy tienen gorila—en la puerta había un tipo enorme de piel casi tan negra como su chaqueta, con cara de pocos amigos.

El rubio estaba entristecido, deseaba muchísimo entrar. El enorme gorila, más grande que un armario, se fijo en él.

— ¡Eh! ¡Tú! ¡El rubio! ¡¡Ven!!—Los tres amigos sorprendidos se acercaron al gorila— ¿Eres el chico del parque?

—Em… sí—respondió no muy seguro.

—Puedes pasar—le dijo el gorila abriendo la puerta— ¿ellos vienen contigo?

—S-sí.

Los tres amigos pasaron extrañados. El pelirrojo y el moreno se quedaron mirando al rubio.

— ¿Puedes explicarnos que ha sido eso?—le preguntó su hermano.

—Emm… no lo sé—mintió. Supuso que aquello había sido cosa de Argón.

—Bueno, lo importante es que hemos entrado, si se a confundido no es problema nuestro—concluyó Nao.

El concierto aun no había comenzado, se pusieron en la barra y pidieron algo.

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Un pelinegro sonreía, observando a su público y en especial a un rubio que observaba impaciente el escenario.

—¡¡Argón!! ¡¡Ya es la hora!! Sal de una vez, está lleno.

— ¡Ya voy, viejo!

Argón cogió la guitarra y salió al escenario y fue recibido por grandes vítores del público ansioso. Él sonreía para sus adentros pensando “Lo he conseguido de nuevo”. Como siempre, en cada local al que iba, acababa enamorando a la gente, enganchándola a su música, lástima que siempre tenía que desaparecer, de no ser así ya sería una gran estrella, aunque la idea no le atraía demasiado. Aunque fueran locales penosos, los prefería a grandes escenarios donde la música se perdía y la esencia era alterada por altavoces fríos. Comenzó con el concierto, la gente se quedaba extasiada por cada nota, hipnotizada por su perfección. Un rubio también hipnotizado por aquella melodía se alejaba de sus amigos y se acercaba hasta el escenario, escabulléndose entre la gente, hasta quedar frente al guitarrista admirándolo como a un dios, observando aquellos ojos que se habían vuelto completamente rojos y lo observaban de vez en cuando haciendo que sus mejillas se sonrojaran. ¿Cómo un ser humano podía crear una melodía tan sublime y podía tener una voz tan angelicalmente endemoniada? Llegó el descanso, el guitarrista se retiró a la trastienda. Estaba jadeante, lo daba todo para aquel chico. Quería engancharlo, que su música inundara hasta la más oculta fibra de su ser para que fuera plenamente suyo.

—E-etto…—el inocente rostro del rubio asomó por la puerta pidiendo permiso para entrar.

El guitarrista sonrió y se levantó acercándose a él. Le cogió de la mano y lo metió en la trastienda acercándose mucho a él. El ojiaqua agachó la cabeza sonrojado, su respiración comenzaba a descontrolarse y su corazón se aceleraba sin saber porqué. El pelinegro levantó su mentón con la punta de sus dedos para que lo mirara.

— ¿Estás disfrutando con el concierto?—acercaba los labios peligrosamente a los del rubio.

—E-eh e-etto… s-sí—las palabras no podían salir, tenía una presión en el pecho y en el estomago que nunca antes había sentido y le parecía que sus piernas le fallarían en cualquier momento. Aquellos ojos rojos estaban explorando cada rincón de su mente inundándola de un deseo extraño.

—Me alegro, es para ti.

— ¿Pa-para… mí?—sus ojos estaban muy abiertos incapaz de apartarlos de aquel divino ser.

—Sí, aunque la sala esté completamente llena toda mi música es para ti—lo tenía, aquellas palabras lo harían suyo.

“La mayoría de las personas son tan fáciles de enganchar con unas simples palabras” pensaba el pelinegro. Aquel, un chico tan dulce e inocente como un ángel sería el más fácil de enamorar. Acarició sus labios con un dedo ¿Por qué su respiración también se aceleraba? ¿Por qué le costaba tanto reprimir el impulso de besarle? Se apartó despacio de él para mostrarle su sobresalto.

—Vuelve afuera, cuando acabe el concierto podemos hablar.

El rubio salió como un zombi, sin entender lo que sucedía en su interior. El concierto siguió durante una hora más, que al rubio no sabía si se le había hecho demasiado larga por la espera de hablar de nuevo con él o demasiado corta por no poder escuchar más esa música sin descripción posible.

—Nao ¿Qué crees que le sucede?—preguntaba el moreno observando a su hermano desde la barra.

—Bueno, no sé, pero él tiene mucha sensibilidad artística, ya sabes, tal vez sienta algo especial con esta música. ¿Quién sabe? Además nosotros no podríamos entenderle, tenemos la sensibilidad en la punta de ya sabes qué.

—Jeje, sí, supongo que tienes razón. Aunque le mira mucho.

— ¿Celoso?

— ¡¿Eh?!—el moreno se sobresaltó rojo como un tomate.

—Tranquilo, no te preocupes, lo entiendo.

—Pe-pe-pero tú… ¿Cómo?

—Jaja ¿Desde cuándo somos amigos?

—Desde pequeños pero creo que lo he disimulado bastante bien—dijo pensando en qué error podía haber cometido para que lo descubriera.

—Lo has disimulado muy bien, para cualquier otro habría podido parecer solo amor fraternal, pero yo os conozco a la perfección, a mí no me puedes engañar.

—En ese caso, ayúdame Nao, me estoy volviendo loco.

— ¿Solo porque le guste esta música? No es para tanto.

—No es eso, me refiero en casa, cuando estoy con él, cada día es peor, está más sexy y lindo y me cuesta controlarme cada vez más.

El pelirrojo comenzó a reír a carcajadas divertido bajo la mirada estupefacta del moreno.

— ¿De qué coño te estás riendo maldito zanahoria?—le gritó Sora cogiéndolo por el cuello de la camiseta.

— ¡Cálmate Sori! Es que me haces gracia ¿Qué quieres que haga yo con el sexy y lindo Ryou? Jaja, nunca te había visto tan desesperado por alguien, te entiendo muy bien.

— ¿Me entiendes? Cuánto lo dudo ¿Cuándo has estado tú enamorado?—preguntó extrañado. Su amigo jamás había hablado de ningún amor salvo el que tenía hacia los famosos y hacia la comida mejicana.

— ¿Yo? Desde hace tiempo pero es un amor imposible así que no he intentado nada—contestó con su sonrisa habitual.

—No me refiero al amor que le tienes a la tetuda esa de la tele, sino a una persona a la que conozcas en persona—le dijo mirándolo de reojo.

—Sí, lo sé, a eso me refiero.

—Vaya, no tenía ni idea, ¿por qué no me lo has contado antes?

—Porque no es importante, no te preocupes—la sonrisa de su rostro no se borraba aunque por dentro estaba llorando, deseando gritar a los cuatro vientos sus sentimientos pero sabía que no podía.

—Y… ¿quién es? ¿De quién estás enamorado?—preguntó curioso.

—Prefiero no decirlo—su cara se torno algo seria mientras miraba su vaso.

Sora no solía verlo así, prefirió callar y no insistir.
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7 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c4 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 4 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.


Eran las 11 de la mañana y ambos hermanos seguían en la cama. Llamaron a la puerta del mayor.

—Sora ¿Qué haces todavía en la cama? Aunque sea sábado no debes hacer el vago—el ojimamba se removió bajo las sabanas y se levantó somnoliento—despierta a tu hermano y bajar a desayunar.

El moreno se quitó la chaqueta del pijama y se lavó la cara en el baño que compartía con su hermano para después pasar a su habitación con tan solo los pantalones. No hizo ruido para no despertarle, le observó unos momentos, su rostro se veía aun más lindo cuando dormía. Se metió despacio bajo las sabanas y abrazó el cuerpo del menor. Lo acercó mucho al suyo sintiendo aquella calidez. Deslizó una mano bajo la chaqueta del pijama para acariciar la piel de aquella delicada espalda, rozando sus labios con los del rubio pero apartó el rostro bruscamente cuando sintió que despertaba.

—Hum? Sora, tengo sueño—dijo el ojiaqua acurrucándose contra su hermano inocentemente.

—Regresamos a la una y son las once, llevas diez horas durmiendo.

—No, anoche me costó mucho conciliar el sueño—contestó abrazando el torso desnudo de su hermano—estuve barias horas despierto.

— ¿Y eso por qué?—el moreno se sentía algo excitado pero se controló como siempre.

—No lo sé—el pequeño no lo había contado nada a nadie de su extraño encuentro con el guitarrista que se hacía llamar Argón—Por cierto, ¿los padres se han dado cuenta de algo?

—Creo que no, mamá no ha dicho nada, como anoche no estaban, si no se lo dice algún vecino, estamos a salvo.

—No me gusta engañarles así—dijo algo triste.

—Lo sé, pero no es para tanto, ya tenemos edad para salir.

—Tú la tienes, yo aun no.

—Pero tú sales conmigo así que no pasa nada—le dio un beso en la frente y lo abrazó tiernamente.

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—No me jodas ¿Por qué no escoges a otro?

—Porque te prefiero a ti, eres de los mejores y además estás en la ciudad.

—Joder, si lo hago tendré que largarme.

— ¿Y qué? llevas mudándote de ciudad varios años, no duras en ninguna más de un par de semanas ¿Qué más te da mudarte otra vez?

—Esta vez he encontrado algo interesante y por una vez me gustaría divertirme un poco.

—Bueno, tienes tiempo para realizar el encargo podrás divertirte.

— ¡¡¡ R !!!

—No hay más que hablar, ya sabes lo que hacer.

Pipipi… pipipi…

— ¡¡¡MALDITO BASTARDO!!!

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—¡¡Nao!!

— ¡¡Hola Ryou!! ¿Qué tal?—los tres amigos se habían encontrado en el parque de siempre para dar una vuelta.

—Muy bien, gracias por lo de anoche, nos divertimos mucho—el rubio sonreía ampliamente a su amigo.

—Ya te lo dije—contestó el pelirrojo triunfante.

— ¿Podríamos ir hoy también?

— ¿Por qué quieres ir otra vez?—preguntó su hermano extrañado.

—Etto… es que me gustó mucho como tocaba y me gustaría volver a escucharlo.

Ninguno de los dos pudo resistirse a los ojos suplicantes del rubio que aquel día tenían un brillo especial.

— ¡Vaaaaaale!—dijeron ambos a la vez.

—A ver quien es capaz de negarle algo a este—murmuró el pelirrojo recibiendo una afirmación del moreno.

El rostro del rubio lucía sonriente, más brillante de lo normal y ya comenzaba a ponerse nervioso, un extraño hormigueo recorría su estomago y sus extremidades.

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—Agh, maldito R, estoy arto, nunca me deja tranquilo.

—¡¡Argón!! ¡¿Qué murmuras?!—la voz ronca del tipo dueño del local le gritó entrando en la trastienda.

—¡¡Nada que te importe viejo!!—contestó de mal humor.

—Cuida tu lengua niño, que te estoy dejando tocar aquí y hasta de doy de comer.

Argón dejó la guitarra con cuidado en su caja y después se levantó rápidamente y cogió al maloliente ser por el cuello de la sucia camisa.

—He traído más gente a esta mierda de local en una noche de la que ha entrado en toda su historia. Merezco la comida, la cena y hasta el alojamiento, además de que esta noche te lo volveré a llenar, no deberías ni levantarme la voz.

Sus fríos ojos hicieron temblar al hombre haciendo que la sangre se le congelara en las venas. Le costaba respirar y apenas podía tenerse en pie, cuando lo soltó estuvo apunto de caer de rodillas al suelo. El pelinegro cogió su guitarra y salió del local para tomar aire fresco y calmarse. Decidió ir a un parque cercano, estaría bien ver algunos árboles entre tanto cemento. Lo bueno de los parques era que, a pesar de tener que oír los gritos y estupideces de la gente, el aire parecía más fresco y no se escuchaban tanto los molestos coches. Se sentó en un banco con Sarah en las manos, acariciándola como si fuera su amante, suave y delicadamente. Al otro lado del parque le llamaron la atención unos rizos dorados y una voz melodiosa.

—Sora, voy a comprar unas palmeras, préstame algo de dinero porfa.

—Anda toma.

—La mía de chocolate.

Un grupo de tres chicos estaban charlando divertidos. El de rizos dorados se alejó de los otros hacia un kiosco cercano al pelinegro. El pelinegro se levantó y se acercó sigiloso por detrás.

— ¿Eres goloso?—le preguntó muy cerca de su oído sobresaltándole.

—Ah! Em… e-etto… yo…—las palabras no le salían, aquel era el increíble guitarrista de la noche anterior, el que le había hecho temblar tan solo con un beso en la mejilla, con su intensa mirada. Una sonrisa tierna apareció en el rostro del pelinegro al ver el efecto que había tenido en aquel ángel de sublime inocencia.

—Yo también soy muy goloso—le dijo pagando al quiosquero por otra palmera de chocolate. El rubio sonrojado era incapaz de desviar la mirada de aquel increíble hombre—me gustaría verte también esta noche en el concierto. Haré que entres gratis. Acarició uno de los rizos dorados sin dejar de mirar aquellos ojos brillantes del joven que temblaba incapaz de reaccionar. ¿Qué le sucedía? ¿Qué estaba sintiendo? Los finos dedos acariciaban su mejilla, eran fríos y le hicieron suspirar entrecerrando los ojos. Los labios del pelinegro rozaron su mejilla y sus piernas flaquearon, apenas podían sostenerle—hasta la noche—se apartó de él, regresó al banco para coger la guitarra y se marchó ya más tranquilo y animado.

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6 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c3 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 3 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.



Ryou!!! ¡¡Has venido, qué bien!!—Exclamó el pelirrojo rodeándolo los hombros con un brazo—ya veras cómo nos divertimos.

El rubio miró el exterior del local no muy convencido, la verdad es que daba pena. Eran ya las diez y cuarto, era muy de noche, no había muchas luces y no estaban en un barrio con buena fama precisamente. El ojiaqua tenía algo de miedo, nunca había estado fuera de casa a esas horas y por esos lugares.

—Tranquilo, no va a pasar nada—el ojimamba rodeó la cintura del pequeño acercándolo a él, notando su miedo.

El rubio se relajó y entraron en el local. Estaba casi vacío, había muy poca gente y parecían medio zombis. Era un antro sucio y deprimente. Ambos hermanos se miraron y miraron al pelirrojo.

— ¿Dónde nos has traído?—le preguntaron a la vez.

—Ehhh bu-bueno, no está… tan mal—sonriendo nerviosamente sintiéndose ya muerto—me han dicho que el guitarrista es bueno, se llama Argón.

Sin una palabra más se pusieron en la barra y pidieron bebidas. Los hermanos miraban inseguros los vasos temiendo pillar cualquier enfermedad si los tocaban.

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— ¿Ya estás preparado?—preguntó el dueño del bar al pelinegro en la parte trasera.

—Sí, ya voy—contestó colocándose la guitarra.

Observó un momento al público antes de salir. Era deprimente, apenas llegaba a la decena. Suspiró y salió al escenario. No hubo ni aplausos ni nada. Sin querer mirar aquel ridículo público, que ni siquiera lo miraba a él, comenzó a tocar.

—Vamos Sarah—susurró sin que nadie lo oyera.

El fuerte sonido de aquella guitarra eléctrica comenzó a despertar a la gente que lo miró enseguida. Comenzó a cantar, su voz era oscura pero penetrante y sensual. Su música era intensa y hacía vibrar a todos, que se quedaban sin respiración observando aquella figura alta y oscura que se entregaba por completo a su guitarra y a su música.

Un chico de ojos aqua lo observaba boquiabierto, sintiendo como aquella música lo inundaba haciendo estremecer cada fibra de su ser. No podía dejar de mirar a aquel guitarrista que le hacía sentir como nunca con su voz y su música. Una fugaz mirada de unos ojos endiabladamente rojos hizo que las mejillas le ardieran y las piernas le temblaran.

—Ryou ¿estás bien?—le preguntó Sora observando la extraña acción de su hermano.

—S-sí—la voz apenas le salía de la garganta.

La tercera canción terminó y una gran ovación por parte de todo el local, salvo el rubio que no podía ni moverse, se oyó estruendosa. El número de personas se había duplicado y seguía aumentando. El guitarrista sonreía satisfecho. Su música seguía atrayendo a la gente como siempre, incluso en un antro como ese. Observaba a su público que estaba ansioso por más. Unos ojos aqua que lo miraban fijamente llamaron su atención. Eran brillantes e inocentes, un rostro algo infantil lo observaba ensimismado mientras comenzaba su siguiente canción. Lo miró directamente. El chico temblaba, quería dejar de mirar aquellos ojos rojos como el fuego, quiso alejarse de allí, huir, pero su cuerpo no le respondía, su cuerpo quería quedarse allí, acercarse más a aquel endemoniado ser. Sin darse cuenta comenzó a caminar acercándose al escenario, metiéndose entre la enorme masa de gente que se estaba formando para quedar al fin frente al músico, mirándolo desde abajo como adorando a un dios. El guitarrista observaba aquellos dulces ojos y sin darse cuenta, las canciones fueron para él. Comenzó a tocar para aquel chico de rostro angelical.

Acabó el concierto, la gente pedía más pero el guitarrista pelinegro se retiró a la trastienda. Estaba agotado, no pensaba dar el máximo en un lugar así pero sin quererlo lo hizo, por culpa de aquel chico angelical con rizos dorados.

— ¿Por qué? ¿Qué demonios me ha pasado?—se preguntaba, sentado sobre una de las cajas con la guitarra en las manos.

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El pelirrojo llevó a los dos hermanos hacia un grupo de chicas que no habían dejado de mirarles en toda la noche.

—Hola chicas ¿Qué tal si os acompañamos?—les dijo el pelirrojo poniéndose entre dos de ellas.

Las chicas soltaron una risilla y se sonrojaron un poco. Los hermanos se miraron no muy convencidos. Una de las chicas con los cabellos alisados y, al igual que las otras, con minifalda y top ajustado se acercó mucho al rubio, le rodeó la cintura con un brazo y se pegó a él muy insinuante. El chico estaba ruborizado y su hermano rojo de la furia observando a la chica con mirada asesina ¿Cómo se atrevía aquel zorrón a tocar así a su hermano?

—E-em… etto… disculpa, tengo que ir al baño—dijo el rubio escabulléndose.

El ojimamba sonrió “a él tampoco le gusta” pensó para si.

El joven buscó el baño, no le fue muy difícil moverse ya que la gente se había empezado a ir en cuanto el guitarrista acabó. Entró al baño y se refrescó la cara.

—Agh, ¿Por qué ese idiota tiene que intentar encontrarnos novia?—dijo mirándose en el espejo roto del lamentable baño.

— ¿No quieres tener novia?—el joven se sobresaltó y se giró para ver la estilizada figura del guitarrista en la puerta, observándolo detalladamente.

—E-e-e… yo… em…—el chico se quedó sin palabras, su corazón latía demasiado rápido y las piernas le temblaban por la simple presencia de aquel hombre.

El pelinegro, que le sacaba una cabeza, se acercó a él observando su rostro angelical y las mejillas sonrojadas de nuevo. El pequeño no podía apartar la mirada de aquellos ojos que ya no eran rojos como el fuego pero, aunque ahora castaños, seguían teniendo un extraño tinte rojizo. El pelinegro cogió uno de los perfectamente definidos rizos dorados y lo acarició sin dejar de mirar los brillantes ojos del pequeño.

— ¿Te ha gustado el concierto?—preguntó sensualmente.

—S-sí—le costaba enormemente respirar y no sabía que hacer.

El pelinegro llevó la mano hasta su rostro y lo acarició suavemente provocándole escalofríos al menor. Con el dedo pulgar acarició sus labios suavemente mientras su respiración aumentaba también aunque de forma imperceptible. Acercó su rostro al del rubio, rozó con la punta de su nariz la caliente mejilla para después besarla dulcemente y despacio, haciendo que sintiera bien la suavidad de sus labios. Al ojiaqua temblaba, estaba a punto de caer de rodillas. El pelinegro se apartó bruscamente de él y salió del baño dejando al rubio confuso sin saber lo que había ocurrido.

—Mierda, siempre en el peor momento—masculló el pelinegro con su móvil vibrando en la mano de una forma especial que solo lo hacía cuando llamaba aquella persona. Lo descolgó y se lo llevó al oído sin muchas ganas— ¿Qué ocurre?

—Tengo un trabajito para ti.
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Perversiones c6 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Gaara X Kankuro
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Incesto
Capítulo: 6 de 15 Finalizado: No
Resumen: Tras aburrirse de su anterior amante Gaara quiere encontrar más diversión y lo más cercano está en su casa.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Ya no voy a venir más—dijo Gaara levantándose de la cama y vistiéndose.

— ¿Qué? ¿Cómo que no vas a venir más?—preguntó el serpiente poniéndose frente a él.

—Mañana cumplo los 18, seré libre, ya no tengo que seguir en el instituto y no puedes mandarme de nuevo al centro—su tono era tranquilo como siempre.

— ¡Maldito bastardo! Me da igual que ya no pueda amenazarte con eso, esto va a seguir—gritó Orochimaru que estaba descontrolándose como pocas veces.

—Me temo que no, no me interesas, estoy cansado de ti. Quiero encontrar a alguien que me satisfaga mejor.

El serpiente enfurecido se lanzó a golpearlo, pero el pelirrojo lo esquivó y le golpeó en el estomago. Salió del piso dejando al serpiente consternado, de rodillas en el suelo.

Gaara regresó a su casa, pensaba por el camino en quien podía ser su próximo juguete. Observaba a las personas con las que se cruzaba, pero le parecían demasiado insignificantes para él. Cuando entró en su casa encontró que su hermana Temari estaba a punto de salir.

“¿Y si lo hago con ella?” se preguntó a si mismo “No, no me interesa ese cuerpo tan ridículo” se dejó caer sobre el sofá después de que la rubia se despidiera “¿Con quién podría hacerlo?” era su único pensamiento.

— ¿Qué hay hermano?—preguntó Kankuro que salía de su habitación. Se sentó en el sofá junto a él y encendió el televisor—Oye, últimamente has estado muy extraño, bueno, más de lo normal, hermanito—dijo el pelinegro— ¿Está sucediendo algo?

— ¿Por qué nunca me habéis hablado del sexo?—preguntó el ojiaqua manteniendo su frío rostro de siempre.

— ¡Ah!, ¡era eso! Jeje ¿quieres que te enseñe el sexo, quieres que sea yo el que te quite la virginidad?—dijo sonriendo pícaramente, acercando su rostro al del pelirrojo.

—Eso es difícil ya que no lo soy—contestó sin inmutarse por la insinuación de su hermano.

— ¿Eh? ¿Ya no eres virgen? Pues que lástima, yo que quería quitarte la inocencia…—se echó hacia atrás algo entristecido.

—Haberte adelantado a él.

— ¿Y quien ha sido?

—Eso no importa.

— ¿Y ahora te has enganchado al sexo verdad?—dijo Kankuro con una gran sonrisa en el rostro.

Gaara lo observó con aquella mirada asesina. ¿Él engancharse? No era tan débil como para eso.

—Oh, no me mires así que me matas—dijo sin perder la sonrisa acercándose más a él—dime, ¿quieres que yo te quite esas ansias de sexo que tienes?

Deslizó una mano por debajo de la camiseta del pelirrojo, acercando su rostro al de él hasta casi rozar sus labios.

— ¿No está mal que dos hermanos lo hagan?—preguntó Gaara sin moverse.

—No, claro que no, solo son juegos y es bueno desahogarse, además, ¿desde cuando te importa si esta bien o mal?—lo besó suavemente.

El pelirrojo enseguida abrió la boca para recibir su lengua que exploraba toda la cavidad. Kankuro se puso sobre él y comenzó a lamer su cuello suavemente mientras sus manos comenzaban a acariciar su torso bajo la camiseta. Al ojiaqua le resultaba aburrida tanta dulzura. Se cansó de aquello enseguida y tumbó al pelinegro en el suelo poniéndose sobre él. Le arrancó la ropa y comenzó a lamer y mordisquear su pecho, recreándose en los pezones rosados, dejando pequeñas marcas a su paso mientras sus manos acariciaban intensamente todo aquello que pillaban. El mayor gemía bastante alto sorprendido por la pasión de su hermano. Pensaba que él sería el seme, que lo dominaría y jugaría con él como si fuera su marioneta, pero aquel papel no estaba mal. Gaara llegó a sus pantalones y se los quitó junto con los calzoncillos. Apenas se detuvo en el miembro ya erecto, le abrió las piernas y elevó sus caderas para tener buen acceso. Guió con una mano su miembro también erecto hasta la estrecha entrada y lo penetró por completo de un empujón, lo que provocó sangre y gritos de dolor.

—Ah!! ¡¡Gaara!! ¡¡Duele!! ¡No seas tan brusco!—pero las quejas eran inútiles, al pelirrojo solo le interesaba sentir placer, no lo que sintiera el otro. Comenzó a moverse en su interior poco a poco más rápido, disfrutando de aquella estrechez.

—Ga…ara… si… gue… ¡más!—el dolor que estaba sintiendo el pelinegro se tornó en placer, un gran placer a pesar de la brusquedad de su hermano.

El pelirrojo puso las piernas de su hermano sobre sus hombros para poder conseguir una penetración mayor. Alcanzó aquel punto que volvía loco al pelinegro aunque eso poco le importaba. Aunque su respiración apenas se había acelerado, ya que al fin conseguía controlarse, se vino en unas cuantas envestidas más en el interior de su hermano y este entre sus vientres ayudado por su propia mano ya que el pelinegro ni se había molestado. Gaara salió enseguida de su interior y sin decir nada se fue de la sala. Al poco rato llegó de nuevo vestido.

—No pensé que pudieras ser tan intenso y frío a la vez—le dijo el pelinegro sentado en el sofá también vestido.

Como respuesta no recibió más que un leve gruñido. Esperaba hablar con él o seguir con el sexo pero el ojiaqua salió de la casa sin decir nada, tampoco era tan raro, su hermano no era de comunicarse mucho.

“agh, pensé que con él estaría mejor pero es igual que con ese bastardo”

Pensaba el pelirrojo caminando por las calles en busca de algo. Encontró en una calle de mala fama por la que no solía transitar, una discoteca que le llamó la atención. En la puerta había un pequeño cartel con dos hombres semidesnudos en tinieblas y unas letras que ponían “cuarto oscuro” la discoteca aun no estaba abierta pero decidió que volvería más tarde. Regresó a casa y encontró a su hermano con los ojos cerrados y la boca entreabierta respirando fuerte, con un pañuelo en una mano y su pene erecto en la otra, moviéndola rápidamente de arriba abajo. El ojiaqua lo observó hasta que se vino sin que el moreno se percatara de su presencia. Cuando abrió los ojos lo vio frente a él y sonrió.

—Vaya, ¿Qué haces ahí mirando?—se acercó a él medio desnudo— ¿tú también quieres más, también te has quedado con ganas?

Comenzó a acariciarle el miembro por encima de la ropa y a besar su cuello lascivamente. Se deshizo de su ropa enseguida y siguió besando su pecho dejando pequeños mordiscos hasta llegar a la nueva erección del pelirrojo.

—Parece que esto te gusta mucho hermanito—dijo Kankuro sonriente, pensando que aquella erección era obra suya. Pero se equivocaba, Gaara era capaz de controlar casi a la perfección sus erecciones y casi todas las reacciones de su cuerpo. El mayor comenzó a lamer la longitud del pequeño desde el glande hasta la base acariciando con una mano los testículos. Se lo metió en la boca por completo y comenzó a subir y bajar sin dejar de mover su lengua. Cuando Gaara, sin apenas haber cambiado su estado, se vino en la boca del moreno, este se apartó un poco y se relamió los labios saboreando el jugo.

—Sabes muy bien hermanito—su sonrisa era perversa sabiendo que aquello no estaba bien.

Se acercó al pelirrojo e intentó besarlo en los labios pero este lo esquivó.

—No me interesan los besos—tumbó al moreno en el suelo boca abajo elevando sus caderas.

— ¿Solo te interesa eso?—dijo algo decepcionado.

El pelirrojo lo penetró de un empujón provocando de nuevo sangre en la ya dolorida entrada del mayor. Lo agarró fuerte por la cintura para que las envestidas cada vez mas rápidas fueran también más profundas. La estrechez de su hermano era aun mayor que la de Orochimaru, le hacía sentir como si le aplastara y amenazaba con volverlo loco y hacerle perder el control. Pero no fue así, consiguió venirse en el interior de su hermano apenas soltando un leve gemido y con la respiración no demasiado acelerada. El moreno también se corrió en el suelo, como en la anterior ocasión, ayudado por su propia mano. Escucharon la llave en la puerta y Gaara prácticamente arrastró a su hermano a la habitación de él. Temari entró en casa y se fijó en el líquido blanquecino y la sangre que había sobre la alfombra. Algo preocupada buscó a sus hermanos y los vio en una habitación.

—Je, y yo que creía que había pasado algo malo—dijo sonriente observando como su hermano pequeño penetraba al mayor sobre la cama.

Después de observarlos un rato y excitarse bastante se fue a su cuarto a desahogarse mientras ellos seguían gozando.

5 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c2 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 2 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.


Llegó frente a un local de mala muerte tras haber cruzado toda la ciudad sobre su Yamaha.

— ¿Y esta es la mierda de lugar que me ha recomendado?

La fachada del local ya daba pena, estaba descascarillada y llena de pintadas, con un letrero que parecía hecho a mano por un niño y el interior no era mucho mejor. Una barra sucia sin banquetas, dos mesas que parecía haber sobrevivido a un huracán al igual que las dos sillas que las acompañaban y un escenario con una sola bombilla y sin nada más.

“¿Quién coño va a venir aquí?” pensó asqueado.

— ¡Vaya! Tú debes de ser Argón, el guitarrista ese que me recomendó…

—Sí, sí, soy yo ¿aquí es donde voy a tocar?

Un tipo bajito y rechoncho, con barba de tres días y ojos amarillentos casi tanto como sus dientes se puso ante él.

— ¿Qué te esperabas muchacho? Un guitarrista de poca monta solo puede tocar en bares de poca monta.

Los tiznes rojizos de los ojos del joven se volvieron más intensos mientras intentaba controlarse para no apalear a aquel maloliente ser. Apretaba el puño derecho sobre el mango de la carátula de la guitarra y el otro sobre el casco de la moto. Aquel tipo de aspecto nauseabundo se dio cuenta de que esos ojos de asesino se enfurecían por momentos e inconscientemente dio un paso atrás.

—Emm bueno… tranquilo, todos los buenos roqueros empiezan así.

El pelinegro le dio la espalda arto de ver a aquel horrible ser y observó el escenario que no era mucho mejor. Subió a él y contempló al público imaginario que poco más tarde estaría escuchando su música.

“¿Pero quién coño va a venir a escucharme aquí? Si da asco solo entrar”

—Bueno, el concierto será a las diez y media, se puntual, aun no tienes fama como para hacerte esperar.

El pelinegro le lanzó una mirada de advertencia y el tipejo retrocedió de nuevo. El pelinegro bajó del escenario y salió del local, montándose de nuevo en su moto, buscando un lugar en el que descansar un rato y pasar la noche.
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— ¡Señores Bineko! ¡Llegan tarde de nuevo!—el director del instituto les pilló antes de que pudieran entrar sigilosamente en sus clases.

—Emm… sí… etto… perdone, es que…

—No quiero excusas, ya me las sé todas. Se quedarán castigados durante el recreo de toda la semana.

Los hermanos bajaron la cabeza y sin decir nada más fueron a sus clases.

— ¡Hey! Ryou! Ya es hora del recreo—un pelirrojo de ojos castaños y multitud de pecas en su pálido rostro le habló desde la puerta de la clase.

—Estoy castigado, no puedo salir—contestó el rubio cabizbajo.

—Vaya, por llegar tarde ¿verdad? Entonces tu hermano también lo estará—suspiró entristecido—bueno que se le va a hacer. Me quedaré contigo hasta que llegue un profesor y me eche.

—Gracias Nao.

—Pa’questan los amigos—sonriente se sentó junto a él—por cierto, esta noche me han invitado a un concierto en un local ¿Quieres venir? Nos lo pasaremos bien.

— ¡¡¡Nao!!! ¿Tengo que recordarte cuantos años tengo a mi pesar?

— ¡No pasa nada! El dueño del bar es un conocido y te dejará pasar. Además… seguro que hay montón de chicas lindas y quien sabe, a lo mejor encuentras novia.

—No me interesa—dijo volviendo el rostro.

—Bueno, entonces iremos Sora y yo solos, tal vez él encuentre novia, a su edad ya debía haber tenido más de un lío y sin embargo nada. Y con lo atractivo que es no lo entiendo. Todas las chicas de aquí están coladas por él, pero él ni las mira.

— ¿Cierto, por qué será?—se preguntaba el ojiaqua.

—Bueno, da igual, vas a venir al concierto y punto, ya le diré la dirección y la hora a Sora.

—Pe-pero…

—De peros nada. Como no vayas te hago el vacío durante un mes.

—¡¡¡Nao!!!

—Bueno, me voy que llega el profe—el pelirrojo se levantó rápido y salió de la clase dejando al rubio con la palabra en la boca.
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Era la hora de comer, los oficinistas salían a los restaurantes más cercanos para tomar su diaria comida basura en el poco tiempo que tenían. Un pelinegro de piel blanca caminaba con un bocadillo en la mano intentando alejarse del mogollón en el que se había metido sin quererlo. Cuando al fin pudo salir de aquello se sentó en un banco de un pequeño parque junto a una escuela. Los chicos salieron al patio después de haber comido y comenzó el jaleo.

—Agh, ¿es que no hay ningún sitio en esta asquerosa ciudad donde estar tranquilo?—gruñó levantándose y alejándose de allí.

Regresó a la habitación que había alquilado en un hostal y se acercó allí. Sacó unas cuantas hojas de partituras y se puso a escribir notas que después tiraba a la basura porque le parecían horribles.

—Que lento se pasa el tiempo—murmuraba acariciando su guitarra mimándola y limpiándola como todos los días—bueno, al menos esta noche vamos a tocar. ¿Estás nerviosa Sarah?
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—Pero Sora, te he dicho que no puedo, tengo 15 años—el rubio se quejaba mientras su hermano le quitaba la ropa a la fuerza.

—No te preocupes por eso, está bien, no pasa nada—el ojimamba tiró al pequeño al suelo para quitarle los pantalones—el dueño no nos dirá nada y yo estaré contigo.

— ¡Eso da igual! ¡No está bien!—le gritaba intentando zafarse.

—Agh, siempre igual, no puedo creer que siempre seas tan moral, a este paso te perderás todo lo bueno de la vida—se puso sobre él, le cogió la muñecas por encima de la cabeza y le miró a los ojos con el rostro muy cercano—no te preocupes, solo vamos a divertirnos un rato escuchando música como niños buenos, no vamos a hacer nada malo.

— ¿Me lo prometes?—preguntó con ojos tristes el rubio.

—Te lo prometo—el corazón del ojimamba estaba acelerado. Se ponía nervioso al tener aquel precioso y frágil cuerpo semidesnudo bajo el suyo.

Acercó su rostro al del rubio y lo besó dulcemente en la mejilla muy cerca de los labios. Disfrutó del beso unos momentos y después se apartó para mirarlo y observar su reacción. El rubio lo miró sonriente, con aquella inocencia que le caracterizaba y que tanto le gustaba a su hermano. Se levantó rápido notando que algo se despertaba en su cuerpo. Se dirigió a la puerta sin volverse.

—Bueno… vístete, yo también tengo que hacerlo.

—Está bien.

El ojimamba regresó rápidamente a su cuarto con algo ya despierto bajo sus pantalones.

Perversiones c5 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Kiba X Mizuki
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 5 de 15 Finalizado: No
Resumen: Un chico en la calle es encontrado por uno de sus profesores que lo ayuda y el joven tendrá que pagarselo.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Ya no me quiere, ya no quiere que siga aquí, debe haber encontrado a otro mejor” pensaba el chico perro recogiendo sus cosas de la casa de su, hasta entonces, amo. Con el corazón roto salió de aquel lugar que había sentido como su hogar. Tenía lágrimas en los ojos, no quería alejarse de allí, no quería alejarse de aquel hombre al que, por raro que resultaba, amaba como no lo había hecho con nadie. Con Akamaru sobre su cabeza y una mochila no demasiado grande se puso en marcha a buscar otro lugar donde vivir. Se encontraba de nuevo como al principio, sin dinero y sin hogar.

Pasaban los días y seguía igual, apenas comía lo que podía robar. Ambos, perro y humano, estaban hambrientos, tenían frío y estaban cansados.

— ¿Kiba? ¿Qué haces aquí?

—Pro-profesor Mizuki! Etto… yo…

Frente al chico perro había un hombre joven, de cabellos grises azulados con melena corta y unos ojos negros que causaban desconfianza.

— ¿Por qué estás en un banco del parque y no en tu casa?—le preguntó el profesor observándolo con una perversa sonrisa.

—Yo…bueno, es que no tengo casa—contestó cabizbajo.

—Entiendo, ven conmigo—le dijo poniéndose en marcha.

Kiba lo siguió, no pensó nada malo, podría comer y calentarse, al fin y al cabo era un profesor, ¿Qué le iba a hacer?

Llegaron a la casa del peliazul, no era tan grande como en la que había vivido. Tenía dos habitaciones, un cuarto de baño, un estudio, el salón comedor y la cocina, pero estaba bien, suficiente para un soltero. Le preparó un plato de comida y se sentó junto a él en la mesa. Kiba probó la comida, no estaba mal. “Pero no es como la de él” pensaba cabizbajo.

—Bueno, estás cansado ¿verdad? Ve a dormir un rato.

El moreno estaba agotado y necesitaba recuperar fuerzas, sería agradable hacerlo en la comodidad y el calorcito de una cama. Durmió junto a su perro en la otra habitación durante varias horas. Cuando despertó era por la tarde y estaba anocheciendo.

—Ya has despertado. Es muy tarde, no es bueno que un chico de tu edad esté solo en la calle, quédate aquí a dormir—le dijo nada más salió de la habitación.

—Emm… profesor Mizuki, no quiero molestarle más.

—No me molestas Kiba, además querrás pagarme lo que he hecho por ti—su sonrisa era perversa y se acercaba cada vez más al moreno.

El chico perro temblaba, conocía aquella sonrisa, se la había visto cientos de veces a su anterior dueño. Pero no quería, no estaba preparado para hacerlo otra vez, añoraba demasiado a su señor. El peliazul agarró su rostro para que lo mirara a los ojos y con la otra mano le sujetó por la cintura para que no escapara acercándolo mucho a él.

—Pro-profesor Mizuki… yo no…

—No me vengas con que tú no haces esto porque sé lo que haces con el director.

El pequeño se quedó paralizado, no podía creer que alguien conociera su secreto.

—Yo…yo…

Mizuki lo besó y aprovechando su boca abierta introdujo su lengua en ella y exploró cada rincón. El joven temblaba, intentaba separarse pero era demasiado fuerte. El mayor le quitó la ropa prácticamente arrancándola. Lo dejó con los calzoncillos apenas y lo tiró al suelo. Comenzó a besar su cuello lascivamente mordiéndolo, haciéndole daño. El moreno intentaba escapar pero el peliazul agarró sus muñecas con una mano sobre la cabeza mientras con la otra acariciaba su miembro algo erecto sobre la tela.

—Ah! Profesor no, por favor—por mucho que se quejara o rogara el mayor no cedía.

Le bajó los calzoncillos y masajeó su creciente erección con más intensidad mientras bajaba besando su torso, recreándose con los duros pezones rosados, que lamió y mordió con gula. El joven gemía y gritaba por un placer que no quería sentir. Akamaru observaba, en un principio había ladrado y se había enfurecido, pero ahora estaba quieto, mirando a ambos humanos con la respiración agitada. Mizuki se levantó y, agarrando al chico, se sentó en el sofá y lo puso de rodillas frente a él e hizo que abriera la boca introduciendo su miembro en ella.

—Chúpala bien y no se te ocurra morder.

El chico comenzó a subir y bajar despacio sin hacer ningún movimiento con la lengua. Mizuki agarró con fuerza sus cabellos para que aumentara el ritmo, teniendo que llevar el sus movimientos. Acabó disfrutándolo, la sensación de aquel miembro en su boca, su sabor, su dureza. Él mismo estaba consiguiendo una gran erección solo con aquello. El profesor disfrutaba enormemente de aquella lengua experta, pocos alumnos sabían hacer una felación como aquella. Acabó en la boca del joven, quien bebió saboreando aquel jugo.

—Jeje, buen chico—acarició su cabeza como si fuera un perro.

Kiba se apartó reaccionando de una vez. Aquello solo se lo podía hacer el que consideraba aun como su dueño. Se puso en pie e intento huir pero Mizuki enseguida lo agarró y lo tiró de nuevo al suelo boca abajo.

—No vas a escapar tan fácilmente—susurró a su oído—además aun no me has pagado lo que he hecho por ti.

Lamió el lóbulo de su oreja mientras metía un dedo en el interior del moreno.

—Pare, por favor, eso no—se quejaba el pequeño inútilmente.

Cuando apenas había metido el segundo dedo los sacó y lo penetró de un empujón provocando dolor y sangre. Lamió su espalda dejando marcas de dientes mientras acariciaba su miembro al mismo ritmo de sus envestidas. El joven gemía y gritaba con los ojos inundados en lágrimas. No solo lloraba de dolor físico, si no de impotencia y el dolor de su corazón porque no era el hombre que amaba el que invadía su intimidad.

—Ah!!! Kiba, que estrecho eres, y yo que creí que ya parecerías una puta.

El mayor gemía y suspiraba extasiado de placer, le gustaba robar aquella dulce inocencia. Con una última y profunda envestida el peliazul se vino en el interior del joven dejándole su semilla dentro. El moreno arqueó la espalda involuntariamente por un placer no deseado y se corrió sobre la alfombra. Al mayor salió de él y se sentó en el sofá limpiándose con unos pañuelos que sacó de un cajón. El joven estaba jadeante, incrédulo ante lo que le ocurría; sentía su sangre y el semen de su violador deslizándose entre sus muslos; lloraba silenciosamente añorando a su dueño quien lo habría protegido de aquel hombre.

—Oye Kiba, esto ha estado bastante bien ¿Qué te parece si te quedas aquí un tiempo? Podrás dormir caliente y con la tripa llena y solo tendrás que pagármelo como lo has hecho ahora.

El moreno emitió un gruñido de disgusto mientras lloraba. No tenía ninguna intención de quedarse con aquel hombre.

4 jul 2008

Sexo, Muerte, Rock c1 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 1 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.



Olores, colores, sabores, sonidos. Todos ellos desagradables para sus perfectos sentidos. Había llegado a otra de tantas ciudades. Cientos de rascacielos se alzaban soberbios, nublando la vista del cielo, que apenas estaba cubierto por algunas nubes pero su azul era grisáceo por la enorme cantidad de contaminación que había en él. A su alrededor una manada de coches que llevaba media hora sin moverse, haciendo sonar las bocinas que destrozaban sus tímpanos sin remordimientos. La gente caminaba como zombis en el cementerio, todos iguales y con la mente putrefacta. Lo único bueno en aquel momento era aquel frío viento que soplaba por el entrante invierno y que maleaba sus cabellos negros como quería. Un chico joven, alto y bastante delgado, de tez pálida como si estuviera enfermo o no comiera, estaba sobre una gran moto negra y plateada. Tenía el cabello corto con el flequillo medio tapándole el rostro, liso y de un negro más intenso que el de la noche. Sus labios eran finos y casi tan blancos como su piel, tenía una nariz algo respingona y sus ojos eran castaños pero casi rojos, y al contrario que el calor que se podría imaginar de unos ojos así, eran más fríos que el hielo, con un brillo extraño y confuso que a la gente no le gustaba ver, por ello todos desviaban la mirada al cruzarse con él. Vestía todo de negro, con un jersey ajustado y una chaqueta de cuero, unos pantalones también algo ajustados marcando su cuerpo bien formado y una botas de militar. Llevaba una mochila no demasiado grande a su espalda y una caja con una guitarra eléctrica.

Ya arto de aquel estúpido atasco se puso el casco y con su gran moto, una Yamaha, salió al borde de la acera y se puso en marcha haciendo que los transeúntes tuvieran que apartarse a su paso.

~~~~~~~~~~~SEXO~~~MUERTE~~~ROCK~~~~~~~~~~~~

En uno de aquellos rascacielos, en el piso 27.

— ¡RYOU! ¡VAMOS! ¡LLEGAREMOS TARDE OTRA VEZ!

—Ya, ya, un segundo.

— ¿Pero qué estás haciendo? Agh, para qué pregunto.

En la habitación, un chico de 15 años, de cabellos rubios y revueltos, con rizos perfectos, de ojos aqua como el agua de las playas tropicales y unas facciones infantiles con nariz respingona, estaba sentado sobre la cama abierta, observando a través de las enormes ventanas, con un blog de dibujo sobre las piernas y un lápiz en la mano.

—Ya voy, falta poco—dijo con tono infantil y apresurado moviendo a gran velocidad el lapicero.

—Siempre igual, ¿no puedes hacerlo en otro momento? Siempre será el mismo paisaje.

—No, cambia a cada segundo—contestó sin apartar la vista.

El chico tras él rió. Era dos años mayor, con los cabellos igual de rizados pero castaños y los ojos con un verde mas intenso que recordaba al de la serpiente mamba verde. Con sus 1’74 de estatura sacaba casi una cabeza al rubio que no acababa de dar el estirón y su cuerpo perfecto, delgado pero no en extremo y con buenas formas protagonizaba las fantasías de muchas compañeras de instituto y de alguna que otra madre. Se sentó tras el rubio y rodeó su vientre con las manos reposando la barbilla en su hombro.

—Nunca cambiarás—dijo observando el dibujo del pequeño—nos pondrán otro parte de expulsión si llegamos tarde de nuevo.

—Ya lo sé, solo un momento Sora, necesito acabarlo.

El mayor se resignó y esperó a que el pequeño acabara, al menos ver el dibujo merecía la pena.

— ¡LISTO! Lo acabé, ¿Qué tal me quedó hermanito?

—Perfecto como siempre. Ahora vámonos—le dijo sin quitar la mirada del precioso dibujo.

—No puedo confiar en tu opinión, siempre dices lo mismo—el rubio se levantó algo enfurruñado y se puso los playeros.

—Digo lo mismo porque es la verdad—contestó el ojimamba dirigiéndose ya a la puerta.

—Mentira, lo dices porque eres mi hermano.

—Jeje, si fuera por eso te diría que es horrible para chincharte.

—Ya, ya, venga que llegamos tarde.

— ¿Y de quién es la culpa?

Como respuesta el rubio le sacó la lengua y salió por la puerta. Llegaron a la calle y comenzaron a correr en dirección al instituto. De pronto junto a ellos, por la acera, pasó una moto Yamaha tan cerca de ellos que tuvieron que tirarse a un lado para no ser atropellados.

— ¡Pero será idiota! ¡¿Cómo coño se le ocurre conducir por la acera?!

—Tranquilo Sora, no te enfades a primera hora.

Perversiones c4 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Orochimaru X Gaara
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 4 de 15 Finalizado: No
Resumen: Un chico problemático llega a un instituto donde el director le amenaza con enviarlo al centro donde se encontraba antes si no hace ciertas cosas
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Tock tock tock. Llaman a la puerta del despacho del director.

—Adelante. Siéntate por favor—Un chico joven, alto y muy bien proporcionado, de cabellos rojos como el fuego y ojos aqua fríos como el hielo entró en el despacho con el rostro muy serio—Gaara, es tu primer día en el instituto y no parece que hayas empezado bien, ya te han mandado a mi despacho—le dijo Orochimaru con su perversa sonrisa.

El chico sentado frente a él parecía no inmutarse ante la estremecedora sonrisa del serpiente y sus ojos que lo miraban fijos con gran deseo.

—Si estoy en este instituto es porque me obligan, no pienso colaborar—dijo sin cambiar ni un ápice su expresión seria y fría.

—Si no… “colaboras” tendré que echarte del instituto y sabes lo que eso significa—le dijo aun más sonriente, su imaginación comenzaba a funcionar.

—No voy a volver a ese centro—su voz adquirió un tono de furia pero que apenas se podía notar.

—Entonces, si no quieres volver—el serpiente se levantó y se puso junto al pelirrojo, muy cerca de él—tendrás que hacer algo para que no te eche.

Cualquier otro se habría puesto nervioso, estaría sonrojado y temblando, pero Gaara seguía impasible. Le miró desde el sitio sin mover un solo músculo.

—Olvídelo, no pienso humillarme de esa forma—dijo con tono amenazador.

Orochimaru comenzó a excitarse cada vez más, era la primera vez que alguien se le resistía, nunca había conocido a un chico como aquel.

—Como quieras, puedes volver al centro—un gutural y aterrador gruñido apenas audible emitió el ojiaqua—ve a clase y piénsalo—susurró con una gran sonrisa.

El pelirrojo salió del despacho sin que su cuerpo hubiera mostrado algún sentimiento salvo por aquel gruñido y la mirada asesina.

“Maldito bastardo, ¿cómo se atreve a amenazarme de esta forma, quién se cree que es? Es humillante, pero no pienso volver a aquel infierno. Muy bien, si lo que quiere es follarme lo hará, pero no escuchará un solo gemido de mi boca, ni un suspiro, ni un mínimo gesto de placer. Se sentirá tan impotente que no querrá volver a follarme, no se le levantará en toda su vida” estos eran los pensamientos de Gaara mientras regresaba a su clase “No me conoce, no sabe de lo que soy capaz de hacer”

Orochimaru estaba satisfecho, sabía que aquel chico se rendiría a él. Siempre lo hacían, todos. Podía resultar repugnante, podían sentir asco, hasta odio hacia él, pero siempre acababan deseándolo. Daba igual la edad, daba igual el sexo, siempre sucumbían a él.

Cuando acabaron las clases llamaron a su puerta.

—Adelante—la gran sonrisa ya se dibujaba en su rostro.

Gaara entró con la misma expresión que la primera vez, ninguna.

—Acepto ¿en su casa?—preguntó con aquella mirada asesina.

Orochimaru lo llevó a un pequeño ático que tenía en el centro de la ciudad, no quería llevarlo a su casa porque allí estaba Kiba, y aunque no le importaba que él lo supiera, no quería que los interrumpiera. Observaba a su nuevo juguete lascivamente imaginando lo que podía hacerle. Cuando entraron en el piso el pelirrojo se quedó de frente a él sin mover un solo músculo. El serpiente se acercó y acarició suavemente su rostro. Era pálido y suave como de porcelana. El corazón del mayor comenzó a acelerarse ¿Qué le ocurría? ¿Cómo aquel chico podía descontrolarle tanto? Acercó su rostro al de él hasta sentir su leve respiración. Los ojos aqua parecían arrancarle el alma con tan solo mirarle y el serpiente se excitaba cada vez más. Juntó sus labios a los del pelirrojo, que eran suaves y dulces, los lamió con su lengua y lo agarró por el cuelo para que el contacto fuera mayor. Se dio cuenta de que Gaara ni siquiera había cerrado los ojos, ni respiraba más fuerte, nada, parecía una estatua.

— ¿Es que no piensas colaborar? ¿Vas a seguir así todo el tiempo?—le preguntó Orochimaru enfadándose.

—Puede hacer lo que quiera conmigo, pero yo no voy a hacer nada—contestó sin cambiar su tono de voz.

El serpiente se enfureció, agarró al chico por los cortos cabellos y lo tiró al suelo elevando sus caderas.

—Voy a hacerte gritar te guste o no.

Le bajó los pantalones y le penetró de un empujón. El ojiaqua cerró un instante los ojos por el dolor frunciendo el ceño, pero en unos segundos recuperó su expresión habitual. El serpiente lo agarró por un muslo y un hombro para que sus penetraciones fueran más profundas. A cada envestida el dolor que sentía el joven era mayor pero no lo demostraba de ningún modo. Orochimaru lamía y mordía su espalda después de haberle arrancado la ropa. Tenía un sabor delicioso y su estrechez lo volvía loco. Pero faltaba algo, los gemidos, los gritos de dolor, las lágrimas. Esa respiración pausada y tranquila lo ponía histérico. Cuando se corrió en su interior salió rápido provocando más sangre y lo tumbó sobre la cama. Se colocó sobre él y lo observó furioso. Le haría gemir quisiera o no. Comenzó a lamer y morder su cuello dejando marcas y hasta sangre a su paso. Al pelirrojo le resultaba desagradable y doloroso, nunca había tenido otro cuerpo tan cerca del suyo y no le gustaba nada, o eso creía pensar. Los labios del serpiente siguieron bajando por su pecho saboreando cada rincón, recreándose con los pezones duros, signo de que aquella frialdad no era más que apariencia. Siguió con su camino hasta que llegó a su miembro. ¡Apenas estaba erecto! No podía creerlo, con todas sus caricias, sus besos, con todo, seguía sin excitarse. Se metió el miembro por completo en la boca y comenzó a saborearlo con gran placer. A Gaara le empezaba a costar controlarse, aquel hombre era un experto y sabía como hacerlo para excitarle. Pero no le daría ese placer. Inevitablemente el miembro del pelirrojo comenzó a ponerse duro. Orochimaru se entregaba por completo a la felación. Solía ser él el que recibía el sexo oral pero en esta ocasión disfrutaba dándolo. Al cabo de un rato el ojiaqua se corrió en la boca del serpiente sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Su respiración se había agitado casi imperceptiblemente, pero lo suficiente como para que Orochimaru se diera cuenta. Estaba excitado, el pelirrojo comenzaba a desear aquel pálido cuerpo tan bien formado. Orochimaru estaba sobre él observándolo, analizando su nuevo estado. Sin darse cuenta, el ojiaqua comenzó a acariciar con la yema de los dedos el torso desnudo que estaba frente a él, observando con la mirada perdida. Su respiración era más fuerte que antes y su mirada ya no era asesina, parecía estar en trance. Jamás había estado de esa forma con otra persona, jamás había recibido caricias de esa clase ni de ninguna. Orochimaru lo observaba deleitándose con su estado, le encantaba ver aquellas pálidas mejillas con ese toque rojo apenas perceptible. Le daban escalofríos al sentir esos fríos dedos rozar su piel y le gustaba. Cogió su mano y la aplastó contra su pecho haciendo que lo acariciara por completo. El ojiaqua suspiro levemente. Comenzó a acariciar los pectorales, no demasiado marcados, del serpiente. Le gustaba aquel tacto y ya no podía negarlo. Con el deseo surgió su lado posesivo, que desde el principio había intentado controlar. Tumbó a Orochimaru sobre la cama y se puso encima. El serpiente le miraba sorprendido, no se esperaba aquella reacción. Gaara comenzó a besar su cuello y morderlo igual que Orochimaru había hecho con él. Acariciaba intensamente su pecho, sus caderas, todo lo que se le ponía a mano. Lamía lascivamente cada centímetro de su piel estremeciéndose con aquel dulce contacto. Orochimaru suspiraba y gemía levemente, aquel frío muchacho se estaba volviendo ardiente pero sin perder su calma. Separó las piernas del serpiente antes de que sus labios llegaran a su miembro, se puso entre ellas y elevó sus caderas para tener mejor acceso a su entrada. Mientras con una mano seguía acariciando el pálido cuerpo, con la otra guió su miembro hasta la estrecha entrada y lo penetró despacio sin haberlo preparado antes, como había hecho con él. Orochimaru soltó un suave gemido que fue incapaz de controlar. Mientras le besaba el torso y le acariciaba comenzó a moverse lentamente en el interior del serpiente. Comenzó a acariciar la erección del mayor al mismo ritmo de sus embestidas. Orochimaru lo agarraba por las caderas para que las penetraciones fueran más profundas. Comenzaba a gemir y respirar sin control, no podía creer que disfrutara tanto con aquel miembro en su interior. Pocas veces había sido penetrado y siempre lo había controlado él, pero esta vez no, esta vez él era el uke, y le estaba gustando. Gaara miraba a aquel hombre sin entender lo que le estaba sucediendo. Aumentó la velocidad haciendo también que los gemidos de Orochimaru aumentaran y que su propia respiración se acelerara disfrutando de aquellos sonidos. Con una última y fuerte envestida se vino en el interior del serpiente al mismo tiempo que este lo hacía entre sus vientres. Gaara quedó con el rostro sobre el pecho del mayor, jadeando y escuchando sus fuertes latidos sin salir de su interior. Orochimaru acariciaba sus rojos cabellos y con la otra mano su trasero, mientras observaba su rostro, que estaba sonrojado pero sereno como al principio. Ambos se preguntaban qué es lo que les había sucedido. Gaara se levantó y se vistió sin mirarle, se dirigió a la puerta pero antes de que saliera Orochimaru lo rodeó con un brazo desde atrás metiendo su mano bajo los pantalones.

—Vuelve mañana a la misma hora—le susurró lamiendo lascivamente el lóbulo de su oreja.

Gaara se apartó de él y salió del ático. Orochimaru regresó a su casa, allí lo esperaba Kiba deseoso de sexo y el serpiente lo agradeció ya que necesitaba sentirse dominante de nuevo.

A la tarde siguiente, cuando Orochimaru llegó al ático encontró al pelirrojo esperándolo en la entrada. Sonrió ampliamente y entraron en el piso. En cuanto cerró la puerta Gaara se abalanzó sobre él y comenzó a besarle de forma apasionada enredando sus lenguas. El serpiente se sorprendió, pero le agradó aquel impulso. Aunque no como él esperaba, había conseguido que aquel chico fuera suyo. Gaara no entendía porqué hacía aquello pero desde que había salido del piso el día anterior no había dejado de pensar en ese hombre y en cuanto deseaba sentirlo otra vez junto a él. Se deshicieron enseguida de su ropa y Gaara tumbó al serpiente sobre la cama boca abajo. Orochimaru lo detuvo poniéndose sobre él.

—Relájate, no tenemos que ir tan rápido, primero están los preliminares—dijo sonriente ante la impaciencia del joven.

—No quiero preliminares, no me interesa—su tono era frío y distante.

Orochimaru se dio cuenta de que aquel chico no estaba impaciente por hacer el amor con él, simplemente quería sexo, con él o con otro. Gaara lo volvió a poner boca abajo y lo penetró por completo de un empujón. Orochimaru sangró y contuvo un fuerte grito. El ojiaqua siguió envistiendo haciendo caso omiso de las quejas de su uke. Le gustaba la estrechez, le volvía loco, el contacto de otra persona era tan nuevo para el que no se podía controlar. Orochimaru se sentía extraño, estaba siendo un mero objeto para él, como muchos otros lo habían sido suyo, y le gustaba. Cuando Gaara se desahogó se sentó en la cama y miró el vacío.

—Ga-Gaara…—la voz de Orochimaru sonó quebrada—etto…

— ¿Mañana a la misma hora?—preguntó el pelirrojo.

— ¿Eh? Sí, claro—contesto el serpiente sintiéndole pequeño.

No podía creer aquello, ese chico, un crío, lo estaba tratando como él trataba a los demás, y sin embargo le gustaba, ahora sabía lo que Kiba sentía.

Pasaron los días y no había tarde en la que sus encuentros no se repitieran. Gaara se había convertido en el dueño del serpiente, Orochimaru era su juguete, podía hacer lo que quisiera con él, se lo permitiría todo.