5 jul. 2008

Perversiones c5 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Kiba X Mizuki
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 5 de 15 Finalizado: No
Resumen: Un chico en la calle es encontrado por uno de sus profesores que lo ayuda y el joven tendrá que pagarselo.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Ya no me quiere, ya no quiere que siga aquí, debe haber encontrado a otro mejor” pensaba el chico perro recogiendo sus cosas de la casa de su, hasta entonces, amo. Con el corazón roto salió de aquel lugar que había sentido como su hogar. Tenía lágrimas en los ojos, no quería alejarse de allí, no quería alejarse de aquel hombre al que, por raro que resultaba, amaba como no lo había hecho con nadie. Con Akamaru sobre su cabeza y una mochila no demasiado grande se puso en marcha a buscar otro lugar donde vivir. Se encontraba de nuevo como al principio, sin dinero y sin hogar.

Pasaban los días y seguía igual, apenas comía lo que podía robar. Ambos, perro y humano, estaban hambrientos, tenían frío y estaban cansados.

— ¿Kiba? ¿Qué haces aquí?

—Pro-profesor Mizuki! Etto… yo…

Frente al chico perro había un hombre joven, de cabellos grises azulados con melena corta y unos ojos negros que causaban desconfianza.

— ¿Por qué estás en un banco del parque y no en tu casa?—le preguntó el profesor observándolo con una perversa sonrisa.

—Yo…bueno, es que no tengo casa—contestó cabizbajo.

—Entiendo, ven conmigo—le dijo poniéndose en marcha.

Kiba lo siguió, no pensó nada malo, podría comer y calentarse, al fin y al cabo era un profesor, ¿Qué le iba a hacer?

Llegaron a la casa del peliazul, no era tan grande como en la que había vivido. Tenía dos habitaciones, un cuarto de baño, un estudio, el salón comedor y la cocina, pero estaba bien, suficiente para un soltero. Le preparó un plato de comida y se sentó junto a él en la mesa. Kiba probó la comida, no estaba mal. “Pero no es como la de él” pensaba cabizbajo.

—Bueno, estás cansado ¿verdad? Ve a dormir un rato.

El moreno estaba agotado y necesitaba recuperar fuerzas, sería agradable hacerlo en la comodidad y el calorcito de una cama. Durmió junto a su perro en la otra habitación durante varias horas. Cuando despertó era por la tarde y estaba anocheciendo.

—Ya has despertado. Es muy tarde, no es bueno que un chico de tu edad esté solo en la calle, quédate aquí a dormir—le dijo nada más salió de la habitación.

—Emm… profesor Mizuki, no quiero molestarle más.

—No me molestas Kiba, además querrás pagarme lo que he hecho por ti—su sonrisa era perversa y se acercaba cada vez más al moreno.

El chico perro temblaba, conocía aquella sonrisa, se la había visto cientos de veces a su anterior dueño. Pero no quería, no estaba preparado para hacerlo otra vez, añoraba demasiado a su señor. El peliazul agarró su rostro para que lo mirara a los ojos y con la otra mano le sujetó por la cintura para que no escapara acercándolo mucho a él.

—Pro-profesor Mizuki… yo no…

—No me vengas con que tú no haces esto porque sé lo que haces con el director.

El pequeño se quedó paralizado, no podía creer que alguien conociera su secreto.

—Yo…yo…

Mizuki lo besó y aprovechando su boca abierta introdujo su lengua en ella y exploró cada rincón. El joven temblaba, intentaba separarse pero era demasiado fuerte. El mayor le quitó la ropa prácticamente arrancándola. Lo dejó con los calzoncillos apenas y lo tiró al suelo. Comenzó a besar su cuello lascivamente mordiéndolo, haciéndole daño. El moreno intentaba escapar pero el peliazul agarró sus muñecas con una mano sobre la cabeza mientras con la otra acariciaba su miembro algo erecto sobre la tela.

—Ah! Profesor no, por favor—por mucho que se quejara o rogara el mayor no cedía.

Le bajó los calzoncillos y masajeó su creciente erección con más intensidad mientras bajaba besando su torso, recreándose con los duros pezones rosados, que lamió y mordió con gula. El joven gemía y gritaba por un placer que no quería sentir. Akamaru observaba, en un principio había ladrado y se había enfurecido, pero ahora estaba quieto, mirando a ambos humanos con la respiración agitada. Mizuki se levantó y, agarrando al chico, se sentó en el sofá y lo puso de rodillas frente a él e hizo que abriera la boca introduciendo su miembro en ella.

—Chúpala bien y no se te ocurra morder.

El chico comenzó a subir y bajar despacio sin hacer ningún movimiento con la lengua. Mizuki agarró con fuerza sus cabellos para que aumentara el ritmo, teniendo que llevar el sus movimientos. Acabó disfrutándolo, la sensación de aquel miembro en su boca, su sabor, su dureza. Él mismo estaba consiguiendo una gran erección solo con aquello. El profesor disfrutaba enormemente de aquella lengua experta, pocos alumnos sabían hacer una felación como aquella. Acabó en la boca del joven, quien bebió saboreando aquel jugo.

—Jeje, buen chico—acarició su cabeza como si fuera un perro.

Kiba se apartó reaccionando de una vez. Aquello solo se lo podía hacer el que consideraba aun como su dueño. Se puso en pie e intento huir pero Mizuki enseguida lo agarró y lo tiró de nuevo al suelo boca abajo.

—No vas a escapar tan fácilmente—susurró a su oído—además aun no me has pagado lo que he hecho por ti.

Lamió el lóbulo de su oreja mientras metía un dedo en el interior del moreno.

—Pare, por favor, eso no—se quejaba el pequeño inútilmente.

Cuando apenas había metido el segundo dedo los sacó y lo penetró de un empujón provocando dolor y sangre. Lamió su espalda dejando marcas de dientes mientras acariciaba su miembro al mismo ritmo de sus envestidas. El joven gemía y gritaba con los ojos inundados en lágrimas. No solo lloraba de dolor físico, si no de impotencia y el dolor de su corazón porque no era el hombre que amaba el que invadía su intimidad.

—Ah!!! Kiba, que estrecho eres, y yo que creí que ya parecerías una puta.

El mayor gemía y suspiraba extasiado de placer, le gustaba robar aquella dulce inocencia. Con una última y profunda envestida el peliazul se vino en el interior del joven dejándole su semilla dentro. El moreno arqueó la espalda involuntariamente por un placer no deseado y se corrió sobre la alfombra. Al mayor salió de él y se sentó en el sofá limpiándose con unos pañuelos que sacó de un cajón. El joven estaba jadeante, incrédulo ante lo que le ocurría; sentía su sangre y el semen de su violador deslizándose entre sus muslos; lloraba silenciosamente añorando a su dueño quien lo habría protegido de aquel hombre.

—Oye Kiba, esto ha estado bastante bien ¿Qué te parece si te quedas aquí un tiempo? Podrás dormir caliente y con la tripa llena y solo tendrás que pagármelo como lo has hecho ahora.

El moreno emitió un gruñido de disgusto mientras lloraba. No tenía ninguna intención de quedarse con aquel hombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada