6 jul. 2008

Sexo, Muerte, Rock c3 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock
Categoría: Original
Género: Yaoi
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Incesto, Violación
Capítulo: 3 de 14 Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia
Un misterioso guitarrista llega a una nueva ciudad. Allí comienza a tocar en un bar de mala muerte donde se encuentra con joven muy inocente por el que empieza a sentir interes. Su jefe le manda hacer un trabajito especial que le dará problemas.



Ryou!!! ¡¡Has venido, qué bien!!—Exclamó el pelirrojo rodeándolo los hombros con un brazo—ya veras cómo nos divertimos.

El rubio miró el exterior del local no muy convencido, la verdad es que daba pena. Eran ya las diez y cuarto, era muy de noche, no había muchas luces y no estaban en un barrio con buena fama precisamente. El ojiaqua tenía algo de miedo, nunca había estado fuera de casa a esas horas y por esos lugares.

—Tranquilo, no va a pasar nada—el ojimamba rodeó la cintura del pequeño acercándolo a él, notando su miedo.

El rubio se relajó y entraron en el local. Estaba casi vacío, había muy poca gente y parecían medio zombis. Era un antro sucio y deprimente. Ambos hermanos se miraron y miraron al pelirrojo.

— ¿Dónde nos has traído?—le preguntaron a la vez.

—Ehhh bu-bueno, no está… tan mal—sonriendo nerviosamente sintiéndose ya muerto—me han dicho que el guitarrista es bueno, se llama Argón.

Sin una palabra más se pusieron en la barra y pidieron bebidas. Los hermanos miraban inseguros los vasos temiendo pillar cualquier enfermedad si los tocaban.

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— ¿Ya estás preparado?—preguntó el dueño del bar al pelinegro en la parte trasera.

—Sí, ya voy—contestó colocándose la guitarra.

Observó un momento al público antes de salir. Era deprimente, apenas llegaba a la decena. Suspiró y salió al escenario. No hubo ni aplausos ni nada. Sin querer mirar aquel ridículo público, que ni siquiera lo miraba a él, comenzó a tocar.

—Vamos Sarah—susurró sin que nadie lo oyera.

El fuerte sonido de aquella guitarra eléctrica comenzó a despertar a la gente que lo miró enseguida. Comenzó a cantar, su voz era oscura pero penetrante y sensual. Su música era intensa y hacía vibrar a todos, que se quedaban sin respiración observando aquella figura alta y oscura que se entregaba por completo a su guitarra y a su música.

Un chico de ojos aqua lo observaba boquiabierto, sintiendo como aquella música lo inundaba haciendo estremecer cada fibra de su ser. No podía dejar de mirar a aquel guitarrista que le hacía sentir como nunca con su voz y su música. Una fugaz mirada de unos ojos endiabladamente rojos hizo que las mejillas le ardieran y las piernas le temblaran.

—Ryou ¿estás bien?—le preguntó Sora observando la extraña acción de su hermano.

—S-sí—la voz apenas le salía de la garganta.

La tercera canción terminó y una gran ovación por parte de todo el local, salvo el rubio que no podía ni moverse, se oyó estruendosa. El número de personas se había duplicado y seguía aumentando. El guitarrista sonreía satisfecho. Su música seguía atrayendo a la gente como siempre, incluso en un antro como ese. Observaba a su público que estaba ansioso por más. Unos ojos aqua que lo miraban fijamente llamaron su atención. Eran brillantes e inocentes, un rostro algo infantil lo observaba ensimismado mientras comenzaba su siguiente canción. Lo miró directamente. El chico temblaba, quería dejar de mirar aquellos ojos rojos como el fuego, quiso alejarse de allí, huir, pero su cuerpo no le respondía, su cuerpo quería quedarse allí, acercarse más a aquel endemoniado ser. Sin darse cuenta comenzó a caminar acercándose al escenario, metiéndose entre la enorme masa de gente que se estaba formando para quedar al fin frente al músico, mirándolo desde abajo como adorando a un dios. El guitarrista observaba aquellos dulces ojos y sin darse cuenta, las canciones fueron para él. Comenzó a tocar para aquel chico de rostro angelical.

Acabó el concierto, la gente pedía más pero el guitarrista pelinegro se retiró a la trastienda. Estaba agotado, no pensaba dar el máximo en un lugar así pero sin quererlo lo hizo, por culpa de aquel chico angelical con rizos dorados.

— ¿Por qué? ¿Qué demonios me ha pasado?—se preguntaba, sentado sobre una de las cajas con la guitarra en las manos.

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El pelirrojo llevó a los dos hermanos hacia un grupo de chicas que no habían dejado de mirarles en toda la noche.

—Hola chicas ¿Qué tal si os acompañamos?—les dijo el pelirrojo poniéndose entre dos de ellas.

Las chicas soltaron una risilla y se sonrojaron un poco. Los hermanos se miraron no muy convencidos. Una de las chicas con los cabellos alisados y, al igual que las otras, con minifalda y top ajustado se acercó mucho al rubio, le rodeó la cintura con un brazo y se pegó a él muy insinuante. El chico estaba ruborizado y su hermano rojo de la furia observando a la chica con mirada asesina ¿Cómo se atrevía aquel zorrón a tocar así a su hermano?

—E-em… etto… disculpa, tengo que ir al baño—dijo el rubio escabulléndose.

El ojimamba sonrió “a él tampoco le gusta” pensó para si.

El joven buscó el baño, no le fue muy difícil moverse ya que la gente se había empezado a ir en cuanto el guitarrista acabó. Entró al baño y se refrescó la cara.

—Agh, ¿Por qué ese idiota tiene que intentar encontrarnos novia?—dijo mirándose en el espejo roto del lamentable baño.

— ¿No quieres tener novia?—el joven se sobresaltó y se giró para ver la estilizada figura del guitarrista en la puerta, observándolo detalladamente.

—E-e-e… yo… em…—el chico se quedó sin palabras, su corazón latía demasiado rápido y las piernas le temblaban por la simple presencia de aquel hombre.

El pelinegro, que le sacaba una cabeza, se acercó a él observando su rostro angelical y las mejillas sonrojadas de nuevo. El pequeño no podía apartar la mirada de aquellos ojos que ya no eran rojos como el fuego pero, aunque ahora castaños, seguían teniendo un extraño tinte rojizo. El pelinegro cogió uno de los perfectamente definidos rizos dorados y lo acarició sin dejar de mirar los brillantes ojos del pequeño.

— ¿Te ha gustado el concierto?—preguntó sensualmente.

—S-sí—le costaba enormemente respirar y no sabía que hacer.

El pelinegro llevó la mano hasta su rostro y lo acarició suavemente provocándole escalofríos al menor. Con el dedo pulgar acarició sus labios suavemente mientras su respiración aumentaba también aunque de forma imperceptible. Acercó su rostro al del rubio, rozó con la punta de su nariz la caliente mejilla para después besarla dulcemente y despacio, haciendo que sintiera bien la suavidad de sus labios. Al ojiaqua temblaba, estaba a punto de caer de rodillas. El pelinegro se apartó bruscamente de él y salió del baño dejando al rubio confuso sin saber lo que había ocurrido.

—Mierda, siempre en el peor momento—masculló el pelinegro con su móvil vibrando en la mano de una forma especial que solo lo hacía cuando llamaba aquella persona. Lo descolgó y se lo llevó al oído sin muchas ganas— ¿Qué ocurre?

—Tengo un trabajito para ti.
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