6 sept. 2008

A la sombra de mi hermano [FanFic]

Título: A la sombra de mi hermano
Categoría: Inu Yasha Personajes: Sesshomaru, Inu Yasha
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Incesto
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen:
Inuyasha siempre ha sido ignorado por su hermano, por mucho que lo intentara no conseguía que le prestara atención. Tras cuatro años sin verse Inuyasha va a encontrarse con su hermano pero sigue ignorándolo. Decide que no se marchará hasta que le explique la razón de ello.

Siempre a la sombra de aquel hombre. Siempre mirándole desde abajo, contemplando aquellos cabellos plateados que ondulaban frente a mí cegándome con su brillo. Aquel hombre frío y calculador que miraba a todos por encima del hombro. Tan soberbio, sin que nadie se atreviera a encararle. Todos se callaban y desviaban la mirada cuando se cruzaban con aquellos ojos dorados tan crueles. Nunca he visto una sonrisa en su rostro, tan solo muestras de desagrado. Nunca he escuchado palabras dulces de su boca, tan solo palabras descaradas e insultantes. Siempre he intentado que me notara. No sabía porqué pero necesitaba hacerme ver ante él. Pero era inútil, siempre que me acercaba él me daba la espalda. Siempre que le hablaba él me ignoraba.
Se marchó en cuanto pudo de casa, sin importarle para nada su familia, sin que yo le importara nada. Se fue a la universidad en otra ciudad y nos dejó olvidados. En mis 14 años de vida hasta entonces no había sido capaz de hacerme notar, probablemente para él no era más que un mosquito que rondaba a su alrededor. Tras cuatro años, sin verlo ni una sola vez, sin poder sacarlo de mi cabeza, estaba frente a su apartamento, sin conocer cual era exactamente su piso, esperando a que él saliera, sudando por el asfixiante calor del verano. Acababa de terminar el instituto y lo primero que había hecho era ir a verle ¿me notaría? Ya no era un mocoso, había crecido aunque seguía sin ser tan alto como él, me había esforzado por ser un adulto lo más rápido posible para que al fin me mirase. Sentado en aquel banco enfrente de su puerta lo vi pasar soberbio, no había cambiado nada, seguía teniendo aquel aura que nunca supe definir.
—Her-hermano…—dije en un susurro, la voz no quería salir de mi garganta— ¡Sesshomaru! ¡Hermano!—grité al fin corriendo hacia él.
— ¿I-inu Yasha? ¿Qué demonios haces tú aquí?—me preguntó mirándome mal.
—Yo… quería verte. Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste. ¿Por qué no has regresado ni una sola vez?—me agarré a la chaqueta de su traje y agaché la cabeza para que no viera como mis ojos se comenzaban a humedecer en contra de mi voluntad—Yo… te echaba d-
—Aparta, tengo que ir al trabajo—me dijo empujándome a un lado con un brazo.
—Ah… ¿n-no vas a decirme nada?—fui de nuevo tras él y me sentí igual que de pequeño, observando aquellos cabellos que habían crecido aun más.
Sin una palabra más aquel hombre entró en un coche y se marchó. Me quedé de pie mirando la calle por la que había desaparecido. Mi hermano, al que no había visto en cuatro años, ni tan siquiera me había mirado. Me había ignorado de la peor forma y mi corazón dolía como si me hubieran clavado cientos de dagas al rojo vivo. Me quedé sentado en el banco, esperando que a su regreso al menos me mirase, me conformaba con un solo “hola”. Era de noche, casi las doce, y aun no había regresado. Mis tripas gruñían, no había comido nada en todo el día desde el desayuno, no me atrevía a moverme de allí por si regresaba. Me dolía la cabeza, me había dado demasiado el sol, me sentía realmente mal. Sin darme cuenta comencé a cerrar los ojos hasta quedar inconsciente.
Cuando recuperé la cabeza, aun sin abrir los ojos, me sentí en un lugar cómodo y mullido. Había un olor que me recordaba el pasado. Abrí los ojos y vi el techo blanco de una casa y unos mechones plateados caían a mi lado.
—Ah! ¿Hermano? ¿Qué ha pasado?—pregunté incorporándome rápidamente, sintiéndome mareado.
Sesshomaru me empujó sobre el sofá en el que estaba tumbándome de nuevo. Me entregó una botella de refresco energizante y se marchó del salón. Regresó enseguida con una bandeja llena de comida. No sabía como reaccionar, ¿me estaba cuidando? ¿Mi hermano el que nunca se había preocupado por nadie que no fuera él?
—Hermano…
—Come—ordenó tajantemente.
No me atreví a desobedecerlo. Comencé a comer mirándole de reojo. Él estaba sentado a mi lado pero parecía que estuviera solo, no me miraba, como si no existiera, igual que cuando era pequeño. No dejé ni una migaja, estaba hambriento y realmente era delicioso. Cuando acabé me giré y me quedé mirándole fijamente.
—Gracias—no sabía que decir, de que hablar con aquel hombre.
— ¿Por qué has venido?—me preguntó.
—Yo… quería verte. No has ido a casa en cuatro años y te echaba de menos, quería volver a verte—le agarré por la manga de la camisa, sintiendo que en cualquier momento se alejaría de mí.
— ¿Cuántos años tienes ya? Sigues siendo un mocoso—me dijo con cara de desagrado.
— ¡No lo soy!—grité enfadado— ¿me llamas mocoso solo porque quiero ver a mi hermano mayor?
—No me molestes más, regresa a casa—ignoraba mis palabras como siempre.
— ¡No voy a irme! ¡Tendrás que echarme a patadas! ¡No me voy a mover de aquí!—le dije cruzándome de brazos con el ceño fruncido.
—Así es precisamente como se comporta un mocoso—me dijo levantándose, dándome la espalda.
—Pues, pues… si yo soy un mocoso tu eres… eres… ¡un idiota!—grité alterándome cada vez más.
—Esas son unas palabras muy adultas—dijo sarcásticamente.
— ¡Yo soy adulto! Tengo 18 años y… y ya puedo conducir, beber y vivir solo y voy a ir a la universidad, a la misma que tú y… y…—cuanto más lo pensaba más me daba cuenta de que me estaba comportando como un mocoso. No lo entendía, yo era muy adulto, más que cualquiera de mi edad. Sin embargo ahora que estaba junto a él me comportaba como el niño que era antes.
— ¿Has acabado?
—Yo… yo… yo me he esforzado mucho. Cuando te marchaste pensé que en parte era por mi culpa, porque era un mal hermano, porque no sabía comportarme. Me esforcé por hacerme adulto, por parecerme más a ti. Estudié muy duro para poder alcanzar tus calificaciones y poder ir a la misma universidad—las lágrimas querían salir, sentía un nudo en la garganta y temblaba, estaba perdiendo completamente el control—incluso… incluso me dejé crecer el pelo para que se pareciera más al tuyo pero ni largo se parece. El tuyo es mucho más brillante y hermoso—ya era inevitable, las lágrimas corrían libres por mis mejillas y yo las intentaba ocultar inútilmente—Siento haberte molestado, ya me marcho.
Me levanté y me dirigí rápidamente a la puerta. Nada más coger el pomo y abrirla un poco Sesshomaru la golpeó desde mi espalda cerrándola. Intenté darme la vuelta pero él me inmovilizó contra la puerta. Puso una de sus piernas entre las mías, me agarró por las muñecas poniéndolas en alto y empujó su cuerpo un poco contra el mío.
—Tú no sabes todo lo que estás diciendo ¿verdad?—me susurró al oído haciendo que un escalofrío me recorriera toda la columna.
— ¿Hermano? ¿Qué pasa?—aquella era la primera vez que Sesshomaru me tocaba tanto, nunca había sentido su cuerpo tan cerca, no sabía que fuera tan cálido.
—Siempre has estado rondando a mi alrededor como un cachorro hambriento, ansioso por que te prestara atención. Siempre me seguías, intentabas hacerte ver, destacar entre el resto para que te mirara. Y yo siempre Intentaba mantener la calma, controlarme intentaba alejarme de ti, ignorarte. Pero tú me lo ponías realmente difícil—me decía con una agitación que nunca había notado en su voz siempre tranquila, sintiendo su aliento en mi cuello—Al fin conseguí alejarme de ti hace cuatro años, conseguí estar en calma… y ahora tú vienes aquí como un cachorro igual que antes. Me dices que me echabas de menos, que intentabas parecerte a mí, que querías verme. Sigues siendo un mocoso aunque con un cuerpo más adulto y cada vez tengo menos razones para controlarme. Si no quieres sufrir y que te traumatice no vuelvas a acercarte a mí nunca más.
Se apartó un momento de mí y rápidamente abrió la puerta para echarme fuera y cerrarla de golpe a mi espalda. Me quedé paralizado de rodillas en el suelo, confuso, sin entender bien lo que había dicho, a qué se refería exactamente. Por mucho que pensaba me era imposible entender todas sus palabras, pero tenía que hacerlo, tenía que entender todo aquello y solo él podía explicármelo. Me quedé sentado contra la puerta de su apartamento esperando verle a la mañana siguiente. Tocaba mis muñecas recordando el tacto de sus manos, nunca lo había sentido tan cerca de mí, no sabía que su cuerpo fuera tan cálido. Me quedé dormido allí sentado, sin haber dejado de pensar en sus palabras ni un minuto.
A la mañana siguiente la puerta se abrió y yo me golpeé la cabeza contra el suelo despertándome.
— ¿Qué haces todavía aquí?—me preguntó Sesshomaru mirándome con el ceño fruncido.
Me escabullí por un rincón y entre al apartamento. Fui al salón y me senté en el sofá.
—No me voy a mover de aquí hasta que me lo expliques, no entiendo la mayoría de las cosas que me has dicho. Sé que siempre te estuve siguiendo pero ¿por qué tú tenías que controlarte? No lo entiendo ¿controlarte de qué? ¿Es que querías pegarme o algo así?—le pregunté y me quedé esperando una respuesta. El silencio de Sesshomaru me parecía eterno.
—Sigues siendo un mocoso—contestó tras un suspiro.
—Pues si lo soy explícame las cosas como lo harías con un niño—le dije comenzando a enfadarme.
—No puedo—se acercó despacio a mí.
— ¿Por qué no?
—Porque esto no se lo puedo hacer a un niño—me cogió por el cuello y se inclino sobre mí.
Juntó sus labios a los míos ¡me besó! Pude sentir el calor de sus labios, su lengua lamiendo los míos, sus cabellos cayendo sobre mí. El tiempo se paró, me sentí en otro mundo. Mi corazón golpeaba en mi pecho con gran fuerza. Sesshomaru se separo de mí y se alejó unos cuantos pasos dándome la espalda. Me quedé paralizado, sin poder reaccionar, mi mente estaba completamente en blanco.
— ¿Lo entiendes ahora? Márchate por favor, si sigues aquí no voy a poder contenerme—me dijo sin mirarme. En un impulso corrí hacia él y le abracé desde atrás, me aferré muy fuerte a él. No sabía qué decir, simplemente no quería soltarle—Inuyasha ¿sabes lo que haré si sigues así?—como respuesta yo tan solo lo abracé más fuerte.
Sesshomaru entrelazó una de sus manos con la mía, la separó y se la llevó a los labios, besó mis dedos y se los metió en la boca lamiéndolos. No pude contener algún gemido que me sonaron realmente extraños. La sensación de mis dedos en aquella cavidad tan cálida y húmeda hacía que me recorrieran escalofríos por todo el cuerpo. Cuando los sacó lamió mi muñeca y se quedó un instante en silencio sin soltarme.
—Si no te marchas ahora mismo llegaré hasta el final—me advirtió.
Me solté un momento de él tan solo para encararle y abrazarle de nuevo.
—Es mi primera vez así que se gentil ¿vale?—le dije sonriendo.
—Mocoso…—susurró volviendo a besarme.
Me invadió con su lengua aprovechando mi boca abierta. Un beso mucho más intenso, mucho más apasionado. Me llevó hasta el sofá y me tumbó en él sin dejar de besarme. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, deslizándose bajo mi ropa. Nunca pensé que los dedos de mi hermano pudieran acariciarme con tanta delicadeza. Corrientes eléctricas recorrían mi cuerpo a cada contacto y cada vez ansiaba más. Sesshomaru se deshizo rápidamente de mi camiseta y su camisa y comenzó a besar y lamer mi cuello y mi pecho. Yo gemía cada vez más, enredaba mis dedos en su cabello plateado que nunca creí poder tocar de ese modo. Sesshomaru siguió dejándome marcas en mi cuerpo y caminitos de saliva que descendían hacia mi vientre y siguieron bajando. Me quitó el resto de mi ropa, dejándome completamente desnudo. Me observó unos momentos mientras mi rostro se sonrojaba cada vez más.
—Has crecido mucho, tienes un cuerpo realmente lindo—Deslizó su lengua por mi pierna llegando hasta los muslos.
—No digas esas cosas, me da vergüenza—le dije cubriéndome el rostro.
—No te ocultes, quiero ver todas tus reacciones—me dijo apartando mis manos.
Volvió a mis piernas, a lamer la cara interna de mis muslos para llegar a mi miembro y lamerlo de abajo arriba y luego metérselo en la boca por completo.
—Ah! Hermano… no chupes ahí, estoy sucio—gemí sin poder creer lo que estaba haciendo.
—No me importa, he esperado mucho tiempo por esto y pienso hacer todo lo que imaginado en mis fantasías—volvió de nuevo a besar mis labios—ya es muy tarde para detenerme.
Comenzó a lamer mi miembro que no podía estar más duro. Todo mi cuerpo temblaba y sufría espasmos incontrolables. Sus manos seguían recorriendo mi cuerpo y sus cabellos caían encima de mí como cientos de dedos acariciándome. Aquello seguía pareciéndome un sueño, no podía creer que mi hermano quisiera hacer algo así conmigo, con alguien que no le llegaba ni a la suela de los zapatos. Llevó dos de sus dedos a mi boca e hizo que los lamiera, me supieron extremadamente deliciosos aquellos dedos tan delgados y largos.
—Se-Sesshomaru… para… voy a venirme—dije intentando apartar su rostro de mi entrepierna sintiéndome estallar.
—Hazlo—aquella palabra fue mi detonante, como si hubiera sido una orden me vine en su boca.
—Wa! Lo siento yo…—vi como mi hermano se relamía los labios y tragaba todo mi líquido, dejándome sorprendido.
—No te preocupes por esas cosas—me dio un pequeño beso y regresó a mi entrepierna.
Levantó mis piernas e introdujo su lengua en mi entrada. Yo quería decirle que aquello era sucio, que no lo hiciera, pero sabía que no se detendría, que ni tan siquiera me escucharía. Introdujo los dedos que yo mismo había lubricado, uno a uno aunque sin demasiada delicadeza. Me dolía mucho, gritaba y me retorcía pero el otro brazo de Sesshomaru rodeó mi espalda en un abrazo y me besó ahogando mi voz.
—Relájate o te dolerá mas—me susurró besándome dulcemente.
Rodeé sus hombros con mis brazos enterrándolos en sus cabellos. Sesshomaru se desabrochó el pantalón, sacó sus dedos y los sustituyó por su miembro erecto. Metió primero la punta muy despacio y cuando estuvo a la mitad acabó de meter el resto de una embestida. Mi espalda se arqueó y pegué un fuerte grito, agarrándome fuertemente a los hombros de mi hermano. Él se quedó quieto, pude escuchar su respiración algo acelerada. Cuando el dolor se calmó un poco le di un beso, haciéndole entender que podía moverse. Se apartó un poco y comenzó a moverse despacio. Me observaba con un brillo en los ojos que nunca había visto, realmente parecían arder.
—Eres muy estrecho—susurró con lo que me pareció una mueca de placer en su rostro.
—No es eso, la tuya es muy grande—le contesté sintiendo aquella invasión realmente agradable aunque algo dolorosa.
Las embestidas comenzaron a aumentar de velocidad, llegó un momento en el que sentí que me iba a romper, pero las suaves caricias de Sesshomaru y sus cabellos cayendo sobre mí me calmaban. Nunca pensé que mi hermano, el que jamás me miró, podría ser así de dulce conmigo. Comenzó a masturbarme y a lamer mi cuello mientras yo temblaba y gemía sintiendo que mi cabeza se iba. Podía sentir sus latidos tan agitados como los míos ¿Cómo mi hermano podía alterarse tanto? Jamás le había visto así. Sesshomaru se vino en mi interior, sentí todo su semen caliente inundando mi interior. Un segundo después yo me volví a correr entre nuestros vientres, con mi rostro cubierto de lágrimas, mezcla de dolor y felicidad. Me abrazó sin salir de mi interior con su rostro en el hueco de mi cuello.
— ¿Me odias?—me preguntó con una voz que parecía que iba a echarse a llorar.
Acaricié sus cabellos y su blanca espalda, consolándolo. Me di cuenta del fresco olor de su pelo, nunca lo había tenido lo suficientemente cerca como para percibirlo.
—Te amo. Siempre, siempre, siempre te he amado y siempre lo haré—levanté su rostro para que me miraba, vi un brillo en sus ojos que nunca antes había estado ahí—eres mi hermano mayor, al que siempre me he querido parecer. Creía que yo te disgustaba pero ahora que sé que no es así, yo soy muy feliz—le dije con una sonrisa.
—… Sigues siendo un mocoso…—me dio un tierno beso que duró mucho tiempo.

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