NO DOY PERMISO para publicar ninguno de mis fanfics en ninguna plataforma.

27 sept 2008

Artista de palacio c6 (Fin) [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 6 de 6 Finalizado: Resumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.


Lee el Fanfic

Aquí acaba este fic que ya había hecho hace tiempo y por ahí estaba perdido. Es de mucho antes de mi época yaoi (cuando empezaba con el yuri), inspirado en una novela erótica (la primera que leí) de Anne Rice, mi autora favorita.
Espero que te haya gustado y que me dejes algún comentario con tu opinión
Arigatou

23 sept 2008

Sexo, Muerte, Rock 2 c6 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock 2Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: YaoiClasificación: no -16 añosAdvertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 6 de 8 Finalizado: NoResumen:
Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupided y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.


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19 sept 2008

Artista de palacio c5 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 5 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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15 sept 2008

Sexo, Muerte, Rock 2 c5 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock 2Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: YaoiClasificación: no -16 añosAdvertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 5 de 8 Finalizado: NoResumen:
Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupidez y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.


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14 sept 2008

Sexo, Muerte, Rock 2 c4 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock 2Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: YaoiClasificación: no -16 añosAdvertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 4 de 8 Finalizado: NoResumen:
Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupidez y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.


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13 sept 2008

Artista de palacio c4 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 4 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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12 sept 2008

Sexo, Muerte, Rock 2 c3 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock 2Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: YaoiClasificación: no -16 añosAdvertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 3 de 8 Finalizado: NoResumen:
Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupidez y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.


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11 sept 2008

Artista de palacio c3 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 3 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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10 sept 2008

Diccionario gay-lésbico

Editorial Gredos publica el Diccionario Gay Lésbico, realizado por el lingüista Félix Rodríguez, profesor de la Universidad de Alicante.

1.500 términos y expresiones relacionadas con la terminología y el argot de la homosexualidad lo convierten en el más extenso sobre la materia. Además de la definición, las entradas incluyen comentarios sobre el registro, la frecuencia y etimología de los términos, así como citas que ejemplifican su uso. Con este análisis el autor pone en manos del lector una obra sólidamente documentada que ha bebido de fuentes orales y escritas, referidas a muy distintos géneros (periodístico, literario, etc.), de acuerdo con las exigencias de la lexicografía moderna. El resultado es un diccionario útil e interesante, que llena un vacío lexicográfico y que toca una de las parcelas idiomáticas más dinámicas de nuestra lengua actual.
Jeje, yo quiero este libro, me vendrá muy bien para mis fics y estoy seguro que a la mayoria de las yaoi-escritoras también.

Sexo, Muerte, Rock 2 c2 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock 2Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: YaoiClasificación: no -16 añosAdvertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 2 de 8 Finalizado: NoResumen:
Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupidez y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.


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9 sept 2008

Artista de palacio c2 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 2 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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8 sept 2008

Sexo, Muerte, Rock 2 c1 [FanFic]

Título: Sexo, Muerte, Rock 2Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: YaoiClasificación: no -16 añosAdvertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 1 de 8 Finalizado: NoResumen:
Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupidez y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.


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7 sept 2008

Artista de palacio c1 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 1 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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6 sept 2008

A la sombra de mi hermano [FanFic]

Título: A la sombra de mi hermano
Categoría: Inu Yasha Personajes: Sesshomaru, Inu Yasha
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Incesto
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen:
Inuyasha siempre ha sido ignorado por su hermano, por mucho que lo intentara no conseguía que le prestara atención. Tras cuatro años sin verse Inuyasha va a encontrarse con su hermano pero sigue ignorándolo. Decide que no se marchará hasta que le explique la razón de ello.

Siempre a la sombra de aquel hombre. Siempre mirándole desde abajo, contemplando aquellos cabellos plateados que ondulaban frente a mí cegándome con su brillo. Aquel hombre frío y calculador que miraba a todos por encima del hombro. Tan soberbio, sin que nadie se atreviera a encararle. Todos se callaban y desviaban la mirada cuando se cruzaban con aquellos ojos dorados tan crueles. Nunca he visto una sonrisa en su rostro, tan solo muestras de desagrado. Nunca he escuchado palabras dulces de su boca, tan solo palabras descaradas e insultantes. Siempre he intentado que me notara. No sabía porqué pero necesitaba hacerme ver ante él. Pero era inútil, siempre que me acercaba él me daba la espalda. Siempre que le hablaba él me ignoraba.
Se marchó en cuanto pudo de casa, sin importarle para nada su familia, sin que yo le importara nada. Se fue a la universidad en otra ciudad y nos dejó olvidados. En mis 14 años de vida hasta entonces no había sido capaz de hacerme notar, probablemente para él no era más que un mosquito que rondaba a su alrededor. Tras cuatro años, sin verlo ni una sola vez, sin poder sacarlo de mi cabeza, estaba frente a su apartamento, sin conocer cual era exactamente su piso, esperando a que él saliera, sudando por el asfixiante calor del verano. Acababa de terminar el instituto y lo primero que había hecho era ir a verle ¿me notaría? Ya no era un mocoso, había crecido aunque seguía sin ser tan alto como él, me había esforzado por ser un adulto lo más rápido posible para que al fin me mirase. Sentado en aquel banco enfrente de su puerta lo vi pasar soberbio, no había cambiado nada, seguía teniendo aquel aura que nunca supe definir.
—Her-hermano…—dije en un susurro, la voz no quería salir de mi garganta— ¡Sesshomaru! ¡Hermano!—grité al fin corriendo hacia él.
— ¿I-inu Yasha? ¿Qué demonios haces tú aquí?—me preguntó mirándome mal.
—Yo… quería verte. Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste. ¿Por qué no has regresado ni una sola vez?—me agarré a la chaqueta de su traje y agaché la cabeza para que no viera como mis ojos se comenzaban a humedecer en contra de mi voluntad—Yo… te echaba d-
—Aparta, tengo que ir al trabajo—me dijo empujándome a un lado con un brazo.
—Ah… ¿n-no vas a decirme nada?—fui de nuevo tras él y me sentí igual que de pequeño, observando aquellos cabellos que habían crecido aun más.
Sin una palabra más aquel hombre entró en un coche y se marchó. Me quedé de pie mirando la calle por la que había desaparecido. Mi hermano, al que no había visto en cuatro años, ni tan siquiera me había mirado. Me había ignorado de la peor forma y mi corazón dolía como si me hubieran clavado cientos de dagas al rojo vivo. Me quedé sentado en el banco, esperando que a su regreso al menos me mirase, me conformaba con un solo “hola”. Era de noche, casi las doce, y aun no había regresado. Mis tripas gruñían, no había comido nada en todo el día desde el desayuno, no me atrevía a moverme de allí por si regresaba. Me dolía la cabeza, me había dado demasiado el sol, me sentía realmente mal. Sin darme cuenta comencé a cerrar los ojos hasta quedar inconsciente.
Cuando recuperé la cabeza, aun sin abrir los ojos, me sentí en un lugar cómodo y mullido. Había un olor que me recordaba el pasado. Abrí los ojos y vi el techo blanco de una casa y unos mechones plateados caían a mi lado.
—Ah! ¿Hermano? ¿Qué ha pasado?—pregunté incorporándome rápidamente, sintiéndome mareado.
Sesshomaru me empujó sobre el sofá en el que estaba tumbándome de nuevo. Me entregó una botella de refresco energizante y se marchó del salón. Regresó enseguida con una bandeja llena de comida. No sabía como reaccionar, ¿me estaba cuidando? ¿Mi hermano el que nunca se había preocupado por nadie que no fuera él?
—Hermano…
—Come—ordenó tajantemente.
No me atreví a desobedecerlo. Comencé a comer mirándole de reojo. Él estaba sentado a mi lado pero parecía que estuviera solo, no me miraba, como si no existiera, igual que cuando era pequeño. No dejé ni una migaja, estaba hambriento y realmente era delicioso. Cuando acabé me giré y me quedé mirándole fijamente.
—Gracias—no sabía que decir, de que hablar con aquel hombre.
— ¿Por qué has venido?—me preguntó.
—Yo… quería verte. No has ido a casa en cuatro años y te echaba de menos, quería volver a verte—le agarré por la manga de la camisa, sintiendo que en cualquier momento se alejaría de mí.
— ¿Cuántos años tienes ya? Sigues siendo un mocoso—me dijo con cara de desagrado.
— ¡No lo soy!—grité enfadado— ¿me llamas mocoso solo porque quiero ver a mi hermano mayor?
—No me molestes más, regresa a casa—ignoraba mis palabras como siempre.
— ¡No voy a irme! ¡Tendrás que echarme a patadas! ¡No me voy a mover de aquí!—le dije cruzándome de brazos con el ceño fruncido.
—Así es precisamente como se comporta un mocoso—me dijo levantándose, dándome la espalda.
—Pues, pues… si yo soy un mocoso tu eres… eres… ¡un idiota!—grité alterándome cada vez más.
—Esas son unas palabras muy adultas—dijo sarcásticamente.
— ¡Yo soy adulto! Tengo 18 años y… y ya puedo conducir, beber y vivir solo y voy a ir a la universidad, a la misma que tú y… y…—cuanto más lo pensaba más me daba cuenta de que me estaba comportando como un mocoso. No lo entendía, yo era muy adulto, más que cualquiera de mi edad. Sin embargo ahora que estaba junto a él me comportaba como el niño que era antes.
— ¿Has acabado?
—Yo… yo… yo me he esforzado mucho. Cuando te marchaste pensé que en parte era por mi culpa, porque era un mal hermano, porque no sabía comportarme. Me esforcé por hacerme adulto, por parecerme más a ti. Estudié muy duro para poder alcanzar tus calificaciones y poder ir a la misma universidad—las lágrimas querían salir, sentía un nudo en la garganta y temblaba, estaba perdiendo completamente el control—incluso… incluso me dejé crecer el pelo para que se pareciera más al tuyo pero ni largo se parece. El tuyo es mucho más brillante y hermoso—ya era inevitable, las lágrimas corrían libres por mis mejillas y yo las intentaba ocultar inútilmente—Siento haberte molestado, ya me marcho.
Me levanté y me dirigí rápidamente a la puerta. Nada más coger el pomo y abrirla un poco Sesshomaru la golpeó desde mi espalda cerrándola. Intenté darme la vuelta pero él me inmovilizó contra la puerta. Puso una de sus piernas entre las mías, me agarró por las muñecas poniéndolas en alto y empujó su cuerpo un poco contra el mío.
—Tú no sabes todo lo que estás diciendo ¿verdad?—me susurró al oído haciendo que un escalofrío me recorriera toda la columna.
— ¿Hermano? ¿Qué pasa?—aquella era la primera vez que Sesshomaru me tocaba tanto, nunca había sentido su cuerpo tan cerca, no sabía que fuera tan cálido.
—Siempre has estado rondando a mi alrededor como un cachorro hambriento, ansioso por que te prestara atención. Siempre me seguías, intentabas hacerte ver, destacar entre el resto para que te mirara. Y yo siempre Intentaba mantener la calma, controlarme intentaba alejarme de ti, ignorarte. Pero tú me lo ponías realmente difícil—me decía con una agitación que nunca había notado en su voz siempre tranquila, sintiendo su aliento en mi cuello—Al fin conseguí alejarme de ti hace cuatro años, conseguí estar en calma… y ahora tú vienes aquí como un cachorro igual que antes. Me dices que me echabas de menos, que intentabas parecerte a mí, que querías verme. Sigues siendo un mocoso aunque con un cuerpo más adulto y cada vez tengo menos razones para controlarme. Si no quieres sufrir y que te traumatice no vuelvas a acercarte a mí nunca más.
Se apartó un momento de mí y rápidamente abrió la puerta para echarme fuera y cerrarla de golpe a mi espalda. Me quedé paralizado de rodillas en el suelo, confuso, sin entender bien lo que había dicho, a qué se refería exactamente. Por mucho que pensaba me era imposible entender todas sus palabras, pero tenía que hacerlo, tenía que entender todo aquello y solo él podía explicármelo. Me quedé sentado contra la puerta de su apartamento esperando verle a la mañana siguiente. Tocaba mis muñecas recordando el tacto de sus manos, nunca lo había sentido tan cerca de mí, no sabía que su cuerpo fuera tan cálido. Me quedé dormido allí sentado, sin haber dejado de pensar en sus palabras ni un minuto.
A la mañana siguiente la puerta se abrió y yo me golpeé la cabeza contra el suelo despertándome.
— ¿Qué haces todavía aquí?—me preguntó Sesshomaru mirándome con el ceño fruncido.
Me escabullí por un rincón y entre al apartamento. Fui al salón y me senté en el sofá.
—No me voy a mover de aquí hasta que me lo expliques, no entiendo la mayoría de las cosas que me has dicho. Sé que siempre te estuve siguiendo pero ¿por qué tú tenías que controlarte? No lo entiendo ¿controlarte de qué? ¿Es que querías pegarme o algo así?—le pregunté y me quedé esperando una respuesta. El silencio de Sesshomaru me parecía eterno.
—Sigues siendo un mocoso—contestó tras un suspiro.
—Pues si lo soy explícame las cosas como lo harías con un niño—le dije comenzando a enfadarme.
—No puedo—se acercó despacio a mí.
— ¿Por qué no?
—Porque esto no se lo puedo hacer a un niño—me cogió por el cuello y se inclino sobre mí.
Juntó sus labios a los míos ¡me besó! Pude sentir el calor de sus labios, su lengua lamiendo los míos, sus cabellos cayendo sobre mí. El tiempo se paró, me sentí en otro mundo. Mi corazón golpeaba en mi pecho con gran fuerza. Sesshomaru se separo de mí y se alejó unos cuantos pasos dándome la espalda. Me quedé paralizado, sin poder reaccionar, mi mente estaba completamente en blanco.
— ¿Lo entiendes ahora? Márchate por favor, si sigues aquí no voy a poder contenerme—me dijo sin mirarme. En un impulso corrí hacia él y le abracé desde atrás, me aferré muy fuerte a él. No sabía qué decir, simplemente no quería soltarle—Inuyasha ¿sabes lo que haré si sigues así?—como respuesta yo tan solo lo abracé más fuerte.
Sesshomaru entrelazó una de sus manos con la mía, la separó y se la llevó a los labios, besó mis dedos y se los metió en la boca lamiéndolos. No pude contener algún gemido que me sonaron realmente extraños. La sensación de mis dedos en aquella cavidad tan cálida y húmeda hacía que me recorrieran escalofríos por todo el cuerpo. Cuando los sacó lamió mi muñeca y se quedó un instante en silencio sin soltarme.
—Si no te marchas ahora mismo llegaré hasta el final—me advirtió.
Me solté un momento de él tan solo para encararle y abrazarle de nuevo.
—Es mi primera vez así que se gentil ¿vale?—le dije sonriendo.
—Mocoso…—susurró volviendo a besarme.
Me invadió con su lengua aprovechando mi boca abierta. Un beso mucho más intenso, mucho más apasionado. Me llevó hasta el sofá y me tumbó en él sin dejar de besarme. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, deslizándose bajo mi ropa. Nunca pensé que los dedos de mi hermano pudieran acariciarme con tanta delicadeza. Corrientes eléctricas recorrían mi cuerpo a cada contacto y cada vez ansiaba más. Sesshomaru se deshizo rápidamente de mi camiseta y su camisa y comenzó a besar y lamer mi cuello y mi pecho. Yo gemía cada vez más, enredaba mis dedos en su cabello plateado que nunca creí poder tocar de ese modo. Sesshomaru siguió dejándome marcas en mi cuerpo y caminitos de saliva que descendían hacia mi vientre y siguieron bajando. Me quitó el resto de mi ropa, dejándome completamente desnudo. Me observó unos momentos mientras mi rostro se sonrojaba cada vez más.
—Has crecido mucho, tienes un cuerpo realmente lindo—Deslizó su lengua por mi pierna llegando hasta los muslos.
—No digas esas cosas, me da vergüenza—le dije cubriéndome el rostro.
—No te ocultes, quiero ver todas tus reacciones—me dijo apartando mis manos.
Volvió a mis piernas, a lamer la cara interna de mis muslos para llegar a mi miembro y lamerlo de abajo arriba y luego metérselo en la boca por completo.
—Ah! Hermano… no chupes ahí, estoy sucio—gemí sin poder creer lo que estaba haciendo.
—No me importa, he esperado mucho tiempo por esto y pienso hacer todo lo que imaginado en mis fantasías—volvió de nuevo a besar mis labios—ya es muy tarde para detenerme.
Comenzó a lamer mi miembro que no podía estar más duro. Todo mi cuerpo temblaba y sufría espasmos incontrolables. Sus manos seguían recorriendo mi cuerpo y sus cabellos caían encima de mí como cientos de dedos acariciándome. Aquello seguía pareciéndome un sueño, no podía creer que mi hermano quisiera hacer algo así conmigo, con alguien que no le llegaba ni a la suela de los zapatos. Llevó dos de sus dedos a mi boca e hizo que los lamiera, me supieron extremadamente deliciosos aquellos dedos tan delgados y largos.
—Se-Sesshomaru… para… voy a venirme—dije intentando apartar su rostro de mi entrepierna sintiéndome estallar.
—Hazlo—aquella palabra fue mi detonante, como si hubiera sido una orden me vine en su boca.
—Wa! Lo siento yo…—vi como mi hermano se relamía los labios y tragaba todo mi líquido, dejándome sorprendido.
—No te preocupes por esas cosas—me dio un pequeño beso y regresó a mi entrepierna.
Levantó mis piernas e introdujo su lengua en mi entrada. Yo quería decirle que aquello era sucio, que no lo hiciera, pero sabía que no se detendría, que ni tan siquiera me escucharía. Introdujo los dedos que yo mismo había lubricado, uno a uno aunque sin demasiada delicadeza. Me dolía mucho, gritaba y me retorcía pero el otro brazo de Sesshomaru rodeó mi espalda en un abrazo y me besó ahogando mi voz.
—Relájate o te dolerá mas—me susurró besándome dulcemente.
Rodeé sus hombros con mis brazos enterrándolos en sus cabellos. Sesshomaru se desabrochó el pantalón, sacó sus dedos y los sustituyó por su miembro erecto. Metió primero la punta muy despacio y cuando estuvo a la mitad acabó de meter el resto de una embestida. Mi espalda se arqueó y pegué un fuerte grito, agarrándome fuertemente a los hombros de mi hermano. Él se quedó quieto, pude escuchar su respiración algo acelerada. Cuando el dolor se calmó un poco le di un beso, haciéndole entender que podía moverse. Se apartó un poco y comenzó a moverse despacio. Me observaba con un brillo en los ojos que nunca había visto, realmente parecían arder.
—Eres muy estrecho—susurró con lo que me pareció una mueca de placer en su rostro.
—No es eso, la tuya es muy grande—le contesté sintiendo aquella invasión realmente agradable aunque algo dolorosa.
Las embestidas comenzaron a aumentar de velocidad, llegó un momento en el que sentí que me iba a romper, pero las suaves caricias de Sesshomaru y sus cabellos cayendo sobre mí me calmaban. Nunca pensé que mi hermano, el que jamás me miró, podría ser así de dulce conmigo. Comenzó a masturbarme y a lamer mi cuello mientras yo temblaba y gemía sintiendo que mi cabeza se iba. Podía sentir sus latidos tan agitados como los míos ¿Cómo mi hermano podía alterarse tanto? Jamás le había visto así. Sesshomaru se vino en mi interior, sentí todo su semen caliente inundando mi interior. Un segundo después yo me volví a correr entre nuestros vientres, con mi rostro cubierto de lágrimas, mezcla de dolor y felicidad. Me abrazó sin salir de mi interior con su rostro en el hueco de mi cuello.
— ¿Me odias?—me preguntó con una voz que parecía que iba a echarse a llorar.
Acaricié sus cabellos y su blanca espalda, consolándolo. Me di cuenta del fresco olor de su pelo, nunca lo había tenido lo suficientemente cerca como para percibirlo.
—Te amo. Siempre, siempre, siempre te he amado y siempre lo haré—levanté su rostro para que me miraba, vi un brillo en sus ojos que nunca antes había estado ahí—eres mi hermano mayor, al que siempre me he querido parecer. Creía que yo te disgustaba pero ahora que sé que no es así, yo soy muy feliz—le dije con una sonrisa.
—… Sigues siendo un mocoso…—me dio un tierno beso que duró mucho tiempo.

5 sept 2008

Dulce Nana c2 (Fin) [FanFic]

Título: Dulce Nana
Categoría: Original
Género: Yuri-Hentai (Hetero)
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura, Muerte de un personaje
Capítulo: 2 de 2 Finalizado:
Resumen:
Cuando eran pequeñas secuestraron a una de las dos hermanas. Años después se reencuentran en la guarida del secuestrador.

Tania desató a Melís y la guió a gatas hasta una habitación pequeña con baño propio. Tan sólo había una cama y un espejo, ningún armario o mesa. En el baño había un botiquín bastante grande y una bañera manchada de sangre.

—Tienes que quitarte la ropa—dijo Tania.

—No pienso pasearme desnuda frente a él.

—Melís tienes que hacerlo, si vas a ser su esclava tienes que hacer lo mismo que yo—Tania estaba desesperada por hacer entender a su hermana que tenía que obedecer.

—Está bien, tranquila—contestó Melís al mirarle a los ojos, unos ojos que le transmitían un profundo temor.

Melís se quitó la ropa, vio alivio en el rostro de Tania.

—Delante de ellos tienes que ir a gatas—Melís emitió un bufido de disgusto, iba a humillarse delante de aquellos monstruos, pero lo haría por su hermana—tienes que dejar que te toque donde quiera y no debes cubrirte.

— ¿Dejas que te viole cuando él lo desea?

—Melís, tengo que hacerlo, y tú también, si no lo haces la tortura será peor—Melís intentó hacerse a la idea, pero que aquel ser la manosease y la violase le resultaba repugnante como poco.

Tania se sentó sobre la cama con la cabeza gacha. Melís se sentó junto a ella, le rodeó los hombros con el brazo y la atrajo hacia si abrazándola fuertemente.

—Ahora yo estoy contigo. No tienes que tener miedo, saldremos pronto de aquí—Tania se puso a llorar, pero esta vez de esperanza. Tras un rato Melís volvió a hablar— ¿Has salido alguna vez de aquí, has visto el sol?

—Tan solo he salido cuando me han trasladado aquí desde otro lugar pero fue en una furgoneta y estaba dormida. No he visto el sol desde que me secuestraron—contestó entre lágrimas.

—Entonces lo verás dentro de poco. Cuando salgamos de aquí te llevaré a la playa y nos bañaremos en el mar con la luz del sol—Tania le dio un último y fuerte abrazo a Melís y se levantó.

—Tenemos que salir, es la hora de hacer la cena.

—Está bien, vamos.

Melís siguió a Tania fuera de la habitación por un largo pasillo hasta la cocina. No tuvieron que ir a gatas porque Imparat no estaba cerca. Melís se sorprendió de que le permitiesen tener tantos instrumentos cortantes a mano con los que podía matarles.

— ¿Nunca has intentado matarle con los cuchillos o envenenándole?

—Aquí no tengo venenos, y sí, lo he intentado con los cuchillos, pero solo sirvió para que me torturase más duro.

Melís había pensado intentarlo pero se dio cuenta de que no serviría de nada. Llevaron la cena hasta el comedor. Cuando Tania dejó la comida en la mesa se puso de rodillas junto al asiento de Imparat y Melís la imitó poniéndose al otro lado. Imparat entró en el comedor y sonrió al ver desnuda a Melís. Esto era una gran humillación para ella pero intentó soportarlo. Imparat se sentó en su silla y acarició el cabello de Tania. Después acarició el de Melís y deslizó los dedos por su columna. Ella se estremeció, no sabía muy bien si por placer o por asco, por primera vez estaba dudando. Los dedos de Imparat llegaron hasta sus nalgas y las acariciaron suavemente.

—Esta noche voy a disfrutar mucho—dijo Imparat.

Melís estaba confusa, aquellas caricias le hacían sentir algo extraño, no eran comunes. Imparat comenzó a comer. Le dio algo de comida a Tania con la mano y esta la lamió ávida. Después le dio a Melís pero ella se negó.

—Melís, siempre debes aceptar lo que yo te doy y mostrarme tu deseo como lo hace tu hermana.

Ella echó una rápida mirada a Tania, que parecía suplicarle que lo aceptase y ella comió a regañadientes la comida que Imparat le ofrecía. Después de que Imparat cenase retiraron los platos y regresaron a su cuarto.

—Melís, lo has hecho muy bien—le dijo Tania—ahora tenemos que ducharnos. Después iremos a su cuarto—Melís le dio la espalda—se que no te gusta pero tenemos que hacerlo.

Se dieron una ducha juntas, era un consuelo para ambas tenerse la una a la otra. Melís se dio cuenta de que Tania tenía varias heridas en la cara interna de los muslos y el la vagina.

— ¿Él es muy duro?—le preguntó a Tania. Ella se dio cuenta de a que se refería e intentó ocultar las heridas.

—Tan solo a veces, otras es muy dulce—le dijo con un tono incluso de cariño.

— ¿Te gusta?—le preguntó Melís sorprendida.

—A veces sí, es extraño, no puedo evitarlo—Tania se estaba poniendo nerviosa pero Melís la abrazó y la tranquilizó.

—No te preocupes, no pasa nada.

Fueron al cuarto de Imparat, Tania llamó a la puerta y esperó a que le diera permiso. Entraron ambas a gatas. Imparat estaba sentado sobre la cama aun vestido y sonrió al verlas entrar. Tania se quedó quieta al pie de la cama arrodillada y Melís junto a ella.

—Melís, ponte de pie—Imparat observó el hermoso cuerpo de Melís, sus formas casi perfectas y bien proporcionadas y una piel suave aunque algo pálida, pero nada comparado con la extremada blancura de la piel de su hermana, debido a no salir a la luz del sol—acércate, siéntate aquí, estoy seguro de que mis caricias te gustarán mucho.

Melís se subió a la cama. No quería hacer aquello pero sabía que debía hacerlo para liberar a su hermana. Se sentó de lado sobre su regazo. Una de sus manos le acarició el cabello y descendió hasta sus nalgas. La otra mano le acarició las piernas hasta su muslo. Era extraño pero aquellas caricias no le desagradaban del todo. Le acarició el rostro suavemente y le dio un intenso beso en los labios. Ella correspondió y bebió ávida de sus labios. Aquello había comenzado como una violación pero Melís acabó por entregarse a él voluntariamente. Mientras ellos hacían el amor Tania observaba en silencio hasta que Imparat la llamó y se unió a aquel acto. Las caricias y lo besos de Imparat eran hipnotizadores y Melís disfrutó todo lo que pudo de ellos. Ya entendía porqué a Tania le gustaba. Cuando Imparat acabó regresaron las dos hermanas a su cuarto. Durmieron toda la noche abrazadas la una a la otra. Estaban muy cansadas y habían sido demasiadas emociones por un día, ya hablarían por la mañana, tenían mucho tiempo.

Al despertarse Melís, Tania la observaba con algo de tristeza.

— ¿Cómo te encuentras?—le preguntó.

—Tranquila, me encuentro bien, no te preocupes por mí—le contestó abrazándola y dándole un tranquilizador beso en la frente.

— ¿Qué has sentido?—preguntó Tania tras un rato— ¿te… te ha gustado?

Melís pensó en lo que había sentido aquella noche. Había experimentado extrañas sensaciones nuevas para ella, incluso con su propia hermana. Le habían gustado mucho las caricias de Imparat, eran muy distintas a las de cualquier otro y no tenía miedo ni se cortaba al acariciarla en lugares muy íntimos. Le había gustado también su sutil dominio, la forma que tenía de conseguir que ella hiciera cosas sin necesidad de hablar. Había estado hipnotizada por él y le había gustado. Había hecho cosas aquella noche que no se imaginaba ni en sus mayores fantasías. Nunca había hecho el amor con una mujer y aquella noche lo había hecho con su hermana y aunque le parecía horrible Imparat había conseguido que pareciese algo natural.

—Sí, me ha gustado—contestó al fin acariciándole el rostro.

Se dieron un largo beso en los labios, ya no era algo sexual para ellas, si no una forma de reconfortarse ambas. Salieron de la habitación y fueron a la cocina. Prepararon el desayuno y como la noche anterior se quedaron de rodillas a ambos lados de la silla de Imparat mientras éste comía. Cuando iban a retirar la comida él las detuvo.

—Esta noche no estaré yo, tengo cosas que hacer—Melís pensó que aquella era su oportunidad de escapar pero enseguida se desvaneció la ilusión—mi hermano estará con vosotras, y Melís, haz todo lo que él te diga si no quieres enfadarle.

Recogieron el desayuno y regresaron a su habitación. Melís no quería tener que obedecer las órdenes del hombre que había secuestrado a su hermana y le había destrozado la vida.

—Él no es como Imparat—dijo Tania que estaba sentada sobre la cama asustada, no por si misma, si no por su hermana—Báqet no es como Imparat.

— ¿Báqet, ese es su nombre? ¿Por qué dices que no es como él?—preguntó Melís sentándose junto a ella y abrazándola.

—Sus caricias no son iguales, son repugnantes, como si te tocase un monstruo. Huele muy mal y… y…—comenzó a sollozar y no pudo continuar la frase.

Melís la abrazó más fuerte y la acunó en sus brazos hasta que se calmó. Al poco rato un hombre entró por la puerta bruscamente. Un gran hedor a cloaca lo acompañaba y Melís recordó que había un olor similar la noche en que secuestraron a Tania.

—Tú eres su hermana, la otra niña—dijo el hombre con una voz que parecía salir de las entrañas de la tierra—Vamos, quiero jugar.

Salió de la habitación y Tania se apresuró a seguirle a gatas y tras ella Melís, aunque no le daba muy buena espina. Fueron hasta la sala de torturas. Nada más entrar comenzó a sonar de fondo aquella dulce nana que ya de por si era una tortura para ambas hermanas y que las aterrorizaba como si fuesen las mismísimas trompetas del juicio final. A Melís le entró mucho miedo aunque veía a su hermana no demasiado nerviosa. Al ver Tania que Melís se asustaba mucho con todos los aparatos de tortura rozó sus caderas contra las de ella suavemente y eso le dio más confianza a Melís. Pero enseguida esa tranquilidad se acabó porque aquel hombre la cogió por el pelo y la puso de puntillas. Melís emitió débiles gemidos a modo de quejas, ya que no se atrevía a decirle que no.

—Tienes un cuerpo muy hermoso—dijo Báqet con una voz gutural acariciándole con la punta de los dedos su torso de arriba a bajo.

Melís no sintió lo mismo con aquellas caricias que con las de Imparat. Le dio tanto asco el simple roce de su piel que casi vomitó lo poco que había comido. Pero él parecía disfrutar con el solo hecho de tenerla allí. Acercó su rostro al cuello de ella. Melís creyó que iba a besarla pero tan solo olisqueo su piel como su fuese un perro, y aquel hombre, si es que se le podía llamar así, se estremeció de placer. Melís tembló de miedo y de asco. No soportaba la presencia de aquel hombre y tenía miedo de no poder controlarse y cometer una estupidez; y su hermana tenía el mismo temor. A ella le había costado mucho llegar a controlarse ante él y había sufrido mucho por no poder hacerlo al principio. Temía que su hermana corriese peor suerte que ella (o mejor, depende como se mire) tal vez al ser adulta no le perdonase como lo había hecho tantas veces con ella y la matase sin piedad. Báqet ató las manos de Melís con una correa y la colgó de unas cadenas que caían del techo dejándola prácticamente sin tocar el suelo. Fue a un armario empotrado en la pared y regresó con una pala forrada de cuero en las manos. Las dos hermanas sabían lo que iba a pasar y tenían miedo. Comenzaron a sonar en toda la sala los azotes que le estaba propinando con la pala a Melís. Fuertes golpes sin piedad, a aquel hombre le daba igual el sufrimiento de Melís, incluso la angustia de Tania al ver a su hermana. Disfrutaba con cada golpe, cada eco que producía aquel estruendoso sonido. Melís no supo cuantos golpes, ni cuantos minutos u horas estuvo azotándola, quería dejar de sentir su cuerpo dolorido, porque no solo golpeaba sus nalgas, también sus pechos, sus piernas…todo su cuerpo. Tania no podía soportar más aquello, los golpes de la pala contra la piel de su hermana, los gritos de ésta con cada azote y las lágrimas que no cesaban de brotar de sus ojos. Ella había soportado durante años aquellas torturas y sabía que aquella no era la peor, pero sin embargo, a pesar de que los golpes no los recibía ella, estaba sufriendo más que nunca.

—Tania…

Un leve susurro salió de la boca de su hermana e hizo que despertase como si hubiese estado aletargada los últimos 17 años de su vida. Se levantó y mientras aquel monstruo estaba concentrado en golpear a su hermana se lanzó sobre él y le golpeó con todas sus fuerzas. Se quedó aturdido durante unos momentos y Tania aprovechó a coger la pala y con el mango le golpeó en la cabeza con ansia una y otra vez hasta que se la dejó machacada. La sangre brotaba de su boca y su nariz rota y unos espasmos inundaban su cuerpo moribundo. Tania bajó a su hermana de las cadenas y le dio un fuerte abrazo. A pesar de que tenía todo el cuerpo dolorido Melís correspondió al abrazo porque era más reconfortante que cualquier otra cosa.

—Vamos, tenemos que darnos prisa—dijo Tania desesperada.

Lo que acababa de hacer le parecía irreal y sin embargo se había quitado un gran peso de encima. Corrieron a toda prisa por el pasillo esperando que la puerta estuviese abierta. Era un largo pasillo que a ambas le parecieron eterno. De pronto un sonido siseante a sus espaldas y Tania cayó al suelo. De su boca brotaban espumarajos de sangre y sus ojos muy abiertos rápidamente se apagaron. Una flecha asomaba por su espalda. Melís calló de rodillas aterrorizada. Intentó desesperadamente despertar a su hermana aunque sabía que era inútil. Levantó la cabeza y con los ojos nublados por las lágrimas reconoció la figura de Imparat junto a ella y en sus manos llevaba una ballesta de la que acababa de salir la saeta que había acabado con su hermana.

— ¿Ya estás contenta?, mira lo que me has obligado a hacer. Ella estaba muy bien aquí antes de llegar tú. ¿Qué problema tenías? Anoche disfrutaste mucho conmigo y con Tania en la cama. ¿Por qué lo has estropeado?

Melís estaba ausente, no escuchaba las egoístas palabras de Imparat. Un profundo dolor la inundaba. Años de búsqueda, sin poder dejar de pensar en su hermana un solo día y ahora, cuando al fin la había encontrado, acaba muerta por querer salvarla. De pronto un ardiente odio sacudió cada célula de su cuerpo. Se lanzó contra Imparat sin pensar en nada más que la venganza, pero éste la tiró al suelo de un bofetón.

—Sigues sin entrar en razón. Veo que no vas a cambiar de opinión, no me dejas otra opción.

Apuntó la siguiente flecha al rostro ensombrecido de Melís, a quien ya le daba igual vivir o morir.

—Maldito bastardo—susurró ella antes de que la flecha atravesara su cabeza por el centro de su frente.

—Tú me has obligado.

Y con la nana de fondo el telón se baja
Y todos los espectadores vuelven a su casa.

4 sept 2008

Recuperar el corazón tras la desgracia [FanFic]

Título: Recuperar el corazón tras la desgracia
Categoría: Inu Yasha Personajes: Sesshomaru, Kohaku
Género: Yaoi
Clasificación: Todos los públicos
Advertencia: No
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen:
Este fic está dedicado a las víctimas y los familiares del accidente de avión ocurrido hace poco en España.
Sesshomaru ha perdido a su amante en un horrible accidente de avión y piensa que jamás podrá recuperar el corazón que le había entregado a esa persona.


Subo l avión ns bmos qand yege

“Subo al avión, nos vemos cuando llegue” Ese fue lo último que supe de mi amante. Ese mensaje que me envió antes de montar en aquel avión que lo llevaría a la muerte.

Cuando vi el accidente en la televisión mi corazón se rompió y pensé una y otra vez que era imposible, aquel no podía ser el avión que había cogido, no podía ser una de las docenas de personas que habían muerto quemadas en aquel accidente. Me negaba a creerlo. Pensé que era un mal sueño, la peor de las pesadillas. Hasta que la endemoniada llamada me hizo ver que era real. Aquella persona había desaparecido para siempre, la persona que más amaba, la persona que tanto me había costado conquistar, la persona que había robado mi corazón, un corazón que ahora estaba carbonizado entre los restos del avión.

En esos momentos y durante mucho tiempo, yo no fui nada más que un zombi, sin prestar atención a nada, sin que ninguna persona significara nada para mí, el mundo estaba vacío.

—Señor Sesshomaru, ¿desea algo más?—me preguntó el sirviente de mi “pequeña” casa en París (comparada con las otras) a la que acababa de llegar, tras haberme servido un té.

—No, puedes retirarte y no me molestes hasta la cena—le contesté sin tan siquiera mirarle.

Observaba sentado en mi sillón desde la planta privada en la Tour Montparnasse, el hermoso paisaje de París, aquella ciudad que tanto me recordaba a mi añorada persona y que tanto amaba. Siempre que tenía tiempo, siempre que podía descansar de mi estresante trabajo, iba a esa ciudad que me hacía sentir regresar al pasado. Al pasado sin dolor, al pasado en el que no me había enamorado, en el que mi corazón seguía frío pero dentro de mi pecho, al tiempo en el que no conocía el verdadero dolor. Regresaba una y otra vez a aquella ciudad con la esperanza de que las heridas que permanecían abiertas, ardiendo dentro de mí, cicatrizaran y desaparecieran de una vez. Pero eso no ocurría.

—Señor Sesshomaru, la cena está preparada—me dijo el sirviente desde el umbral de la puerta.

—Está bien, enseguida voy.

—Sí, Señor.

Tras la cena el viejo sirviente se puso frente a mí con cara de preocupación.

—Disculpe Señor, ¿podría hablar con usted un momento?—me dijo.

— ¿Qué sucede?

—Ayer ingresaron a mi hermano en el hospital por una enfermedad y yo debería estar con él ya que su esposa no se encuentra muy bien. Si me lo permite me gustaría ir con él. Mi hijo podría encararse de mis tareas aquí, al menos hasta que mi hermano mejore. Por supuesto solo si usted me da su permiso—parecía realmente angustiado.

—Adelante, mientras su hijo sepa cuidar la casa por mí no hay ningún problema—realmente me importaba bien poco quien estuviera a mi lado.

—Muchísimas gracias Señor. Llamaré a mi hijo para que venga ahora y si no le importa me iré esta noche—le indiqué con la mano que estaba bien y se retiró.

Quedé de nuevo sentado en mi sillón, en la habitación a oscuras, observando la apaciguada ciudad. Lo que sucedía a mí alrededor me era ajeno, no me importaba nada, si el mundo desaparecía no sería más que un consuelo.

— ¡Señor Sesshomaru! Muchas gracias por dejar que mi padre vaya a visitar a mi tío—la luz de la habitación se encendió y un joven de cabellos castaños y grandes ojos del mismo color, con pecas muy marcadas sobre su nariz y sus pómulos se puso frente a mí con una sonrisa—ya va de camino al hospital así que desde ahora yo me encargaré de cuidar la casa y a usted. ¡Ah sí!, me llamo Kohaku, encantado de conocerle.

—Qué niño más impetuoso—le dije con cara de desagrado—bueno, no importa. Escúchame bien niño, no entres de ese modo en esta habitación y no vuelvas a encender la luz. Esta casa es un lugar para relajarme y aun más esta habitación. No me gusta el ruido y menos aun que anden gritándome de esa forma. Compórtate como un adulto ¿has entendido?

—Sí Señor, perdóneme, es que me hace mucha ilusión trabajar para usted—me dijo sin dejar de sonreír—he seguido mucho tiempo su trabajo, soy un gran admirador suyo.

—No me interesa. Tráeme una copa de vino—indicándole con la mano que se apartara de mi vista.

—Enseguida Señor—a pesar de mi desaire el joven no dejaba de sonreír. Enseguida regresó—aquí tiene la copa ¿desea algo más?

—No, déjame solo y no me molestes hasta mañana cuando esté el desayuno.

—Está bien Señor, si necesita algo más llámeme.

Quedé de nuevo solo, sin más interrupciones impertinentes en lo que quedaba de noche. Observé el paisaje de París hasta quedarme dormido sentado en el sillón. Cuando desperté estaba cubierto por una manta y el joven sirviente estaba dormido, apoyado contra mis piernas.

—“Estúpido niño, me tapa a mí con una manta y él se queda dormido así”—pensé apartándolo suavemente para no despertarlo y cubriéndole después con la manta—“¿Por qué le trato con tanta delicadeza? Él es el sirviente, no debería haberse quedado dormido junto a mí. Bueno, da igual, no es más que un niño.”

Me di una ducha sintiendo entumecido mi cuerpo por haber dormido de esa forma. Me puse mi ropa de gimnasia y me preparé el desayuno ya que ese joven sirviente seguía durmiendo. Fui a la sala de gimnasia y comencé a entrenar. Esa era la mejor forma que tenía para dejar la mente en blanco durante un rato.

— ¡Señor Sesshomaru! Lo siento mucho, me quedé dormido. Debió haberme despertado para que le preparara el desayuno. De verdad lo siento—me dijo todo alterado.

—No es como si yo fuera tan inútil como para no poder tan siquiera hacerme un desayuno—le dije siguiendo mis ejercicios con las pesas sin mirarle.

—Oh! No quería decir eso. Soy su sirviente, es mi obligación hacerle el desayuno—me contestó como si necesitara que lo entendiera—Yo estoy muy contento por serle útil, por poder servirle y quiero hacer todo lo que pueda y esforzarme para que sea feliz. No quiero fallarle.

—Eres un niño estúpido—dejé las pesas y me acerqué a él todo sudado—no entiendo porqué quieres esforzarte tanto en esto, yo no tengo nada de especial, no conseguirás nada.

—Señor Sesshomaru, yo lo admiro, estoy estudiando para ser un día como usted, me gustaría que llegara el momento en que me reconociera—agarraba mi camiseta mirándome desesperado.

—Tú no sabes nada de mí, sinceramente espero que no llegues a ser como yo. Nadie merece esa desgracia.

Me aparte de él y regresé a mi entrenamiento. El joven se quedó mirándome un rato como si le diera lástima y después regresó a sus tareas. Un par de horas antes de la comida dejé el gimnasio y tras una ducha fui a dar un paseo por la ciudad hasta la hora de la comida. Cuando abrí la puerta de la casa el sirviente me estaba esperando con una sonrisa.

—Bienvenido a casa Señor Sesshomaru—me contestó con una inclinación—la comida ya está preparada, ¿quiere que la sirva?

—Sí, ahora voy—contesté muy extrañado por su animada actitud a pesar de lo que le había dicho poco antes.

—Em… disculpe Señor, se que no está bien pero ¿podría comer hoy con usted?—me preguntó con lo que me pareció algo de timidez.

— ¿Por qué?

—Bueno, me gustaría hablar un rato con usted, solo si no le importa—me parecía infantil, un niño pequeño pidiendo un caramelo.

—Está bien, haz lo que quieras—no me pude negar al brillo de aquellos ojos.

Me senté a la mesa y tras servirme el joven se sentó frente a mí. Comenzamos a comer, él no me quitaba el ojo de encima, me di cuenta de que estaba deseando hablar.

— ¿Qué es lo que querías decirme?—le pregunté ya cansado de ver sus ansias.

—Yo me preguntaba, si tanto detesta su trabajo como para estar tan triste ¿Por qué sigue con ello?—preguntó rápidamente.

— ¿Crees que estoy triste?—pregunté comenzando a sentir curiosidad, hasta ese momento simplemente creía que todos me veían como un hombre frío y desagradable.

—Por supuesto, en sus ojos hay mucha tristeza, son unos ojos muy hermosos pero lo serían aun más su hubiera felicidad en ellos—contestó dedicándome una brillante sonrisa.

—No deberías alagar los ojos de un hombre como lo haces con una mujer—aquello fue lo único que le pude decir, me habían sorprendido bastante sus palabras.

—Discúlpeme, no quería ofenderle, tan solo he sido sincero.

—Bueno, da igual—quería salir de ese tema cuanto antes—con respecto a mi trabajo, no lo detesto, supongo que antes me gustaba, de no ser así no habría empezado con ello, pero ahora simplemente no hay nada de lo que pueda decir que me gusta, simplemente ya no hay nada que me importe.

—Oh… ¿eso quiere decir que le ha sucedido algo malo? Ha perdido a alguien a quien amaba ¿verdad?

—No es de tu incumbencia—aquella conversación iba por un lado que no me gustaba nada.

—Um… lo siento, he dicho algo indebido, perdóneme—se disculpó con la cabeza gacha.

—Está bien, no importa—acabamos la comida sin volver a decir una sola palabra.

Tras leer un rato en mi sillón pasé el resto de la tarde en la piscina de mi apartamento, sumergido en el agua de temperatura perfecta. Tras unos cuantos largos me di cuenta de que a través de los cristales me estaba observando mi joven sirviente. Me paré y le indiqué que entrara.

— ¿Por qué te quedas mirándome así?—le pregunté cuando entró.

—Am… no… yo… pensaba que nada muy bien, tiene un cuerpo muy atlético—me contestó con un leve sonrojo en su rostro.

— ¿Quieres nadar?

— ¿Puedo?—era evidente que lo estaba deseando.

—Adelante.

—Ah… pero no tengo traje de baño—me dijo triste.

—En el tercer cajón de la cómoda de mi dormitorio hay bañadores, coge el que quieras—le dije volviendo a mis largos.

—Muchas gracias Señor Sesshomaru.

Al poco rato el sirviente apareció corriendo con el bañador que le quedaba notablemente grande y se tiró a la piscina salpicándolo todo. Me quedé mirándolo con mala cara y él tan solo sonrió como disculpa. Comenzamos a nadar cada uno por su lado. Al rato el sirviente se sentó en el borde de la piscina y yo me quedé un momento a su lado, aun dentro del agua.

—Hace mucho ejercicio ¿verdad Señor?—me dijo sonriente.

—Es la mejor forma para relajarse.

— ¿Y no tener que pensar en nada?—había dado en el blanco— ¿sabe? Si lo necesita yo podría escucharle.

— ¿Crees que le contaría cualquier cosa a un niño como tú?—ni a él ni a nadie.

— ¡No soy un niño! Tengo 19 años.

—Por la forma en la que te comportas parece que tienes 10.

—Pues si yo soy un niño tú eres un viejo amargado—me dijo enrabietado. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho se tapó la boca sorprendido por sus propias palabras—Lo siento, lo siento, lo siento, yo no quería, no sé porque lo he dicho. Siento mi falta de respeto, perdóneme. Usted no es un viejo amargado, es muy joven y atractivo y tan solo está triste, nada más—No sé porqué empecé a reír suavemente, aquella necesidad que mostraba porque le perdonara me pareció adorable y realmente graciosa— ¿E-eso significa que me perdona o solo se ríe de mí?—me preguntó con algo de miedo.

—Hacía mucho tiempo que no reía—le dije casi en un susurro—supongo que a los niños os cuesta mantener el respeto, pero estáis mejor así, ya tendréis mucho tiempo para ser serios.

—Señor Sesshomaru yo… sé que soy muy joven pero… me gustaría poder iluminar sus ojos—lo dijo con tanta seriedad que el corazón se me paró por un segundo.

— ¿Iluminar mis ojos? ¿A qué te refieres con eso?—esperaba que tan solo fuera una broma.

—Yo quiero hacerle feliz, me gustaría estar junto a usted y hacer que ría más veces—se metió en la piscina y se aferró a mi brazo.

— ¿Sabes cuanto te va a costar eso?—le pregunté sintiendo en aquel momento un poco de calor en aquel hueco que se suponía vacío donde antes había estado mi corazón.

—No me importa, aunque me lleve toda la vida, quiero estar a su lado por siempre—sus palabras eran sinceras, podía sentirlo.

—Niño estúpido—suspiré resignado.

Tal vez él pueda hacer que recupere mi corazón, que renazca de las cenizas como un fénix. Si no es así al menos habré reído de nuevo.

3 sept 2008

Dulce Nana c1 [FanFic]

Título: Dulce Nana
Categoría: Original
Género: Yuri-Hentai (Hetero)
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura, Muerte de un personaje
Capítulo: 1 de 2 Finalizado: No
Resumen:
Cuando eran pequeñas secuestraron a una de las dos hermanas. Años después se reencuentran en la guarida del secuestrador.

Era de noche en un barrio de chalets de clase media. En la calle hacía frío, los cristales de los coches tenían una fina capa de escarcha y tan solo se podía oír el ulular del viento azotando los árboles. Una sombra escurridiza merodeaba oculta en algún lugar. En el interior de una de las casas un matrimonio dormía en la habitación contigua a la de sus hijas. Eran dos niñas pequeñas de 7 y 5 años. El ambiente en aquella habitación era cálido y reconfortante. Sonaba una dulce melodía, una de esas canciones de cuna para los bebes. Cada noche, Tania y Melís, las dos princesitas de la casa dormían con aquella dulce nana.

Una piedra chocó contra uno de los cristales de la habitación de las niñas rompiéndolo en miles de fragmentos. Las pequeñas despertaron del ligero sueño que aún les dominaba. La sombra, que largo rato llevaba merodeando oculta en los alrededores de aquella casa, entró por el cristal roto. Se movía sigilosa como un gato, tanto que Tania apenas se dio cuenta de su presencia antes de que la sedara y se la llevase de la casa. Melís, la pequeña, no pudo reaccionar y vio como aquella sombra sacaba a su hermana por la ventana paralizada por el terror y la sorpresa. Después no supo qué hacer. Se abrazó a Miya, su muñeca preferida y se puso a llorar en un rincón de la habitación sin dejar de escuchar un solo instante aquella nana tan tierna.

Todo había sucedido tan rápido y había tenido tanto miedo que no supo qué decir a la policía. No hubo ADN o huellas, ni tan siquiera una descripción para poder identificar al secuestrador, nada. No hubo una llamada pidiendo un rescate o alguna nota con un mensaje político, nada. No hubo sospechoso ni condenado por aquel acto, para que aliviase una ínfima parte el dolor de la familia, nada. No hubo rastro de Tania, ni tan siquiera su cadáver, nada.


Habían pasado 17 años desde que aquella horrible noche y, a pesar de que entonces Melís tan solo tenía 5 años, no había podido olvidar un solo día lo ocurrido. Cada noche seguían torturándole pesadillas y recuerdos, culpas y penas, en sus sueños y en la realidad. Se sentía muy culpable por lo sucedido aquella fatídica noche. “Pude hacer algo, pude gritar, llorar y despertar a mis padres, tal vez así Tania seguiría conmigo”. Se repetía una y otra vez todas las noches mientras apretaba fuertemente contra su pecho a Miya, su muñeca desde que era bebé. Había probado cientos de fármacos y terapias y ninguno conseguía aliviar lo más mínimo su sentimiento de culpa.

Una tarde, cuando Melís regresó a su casa, se encontró un pequeño paquete en el buzón. Cuando entró en su piso y lo abrió se dio cuenta de que era una cajita de música. Pensó que era un regalo de Nick, su “algo más que amigo”. Dio cuerda a la pequeña cajita y cuando la música comenzó a sonar miles de recuerdos infestaron su mente. La piedra rompiendo la ventana. La sombra deslizándose por ella. Su hermana inconsciente. El silencio que lo siguió. Era la nana que sonaba aquella horrible noche y que no había vuelto a oír desde entonces. Antes de que siguiese aquella endemoniada melodía lanzó la cajita contra la pared rompiéndola en pedazos. Para Melís aquella inocente canción simbolizaba la muerte, la impotencia y la culpa. No sabía quién le había enviado aquello, pero sin duda era un mal presagio para ella.

Una mañana de vuelta a casa Melís vio en un cubo de basura algo familiar. Se acercó a él algo temerosa y observó estupefacta a Miya, su muñeca amada, con las ropas rotas, las extremidades desgarradas dejando ver el algodón de su interior y cubierta por algo rojo que parecía sangre. Melís lanzó un grito ahogado. No podía creer que su muñeca estuviera allí en aquellas condiciones. Lo que más le aterrorizaba es que alguien había entrado en su piso para conseguir la muñeca y no sabía si aún seguía allí. Llamó rápidamente a la policía. Un coche patrulla acudió enseguida. Dos policías subieron a su piso y al bajar le dijeron que no había nadie y que no habían forzado la cerradura. Al entrar en su apartamento Melís se dio cuenta de que todo estaba igual que cuando lo había dejado, salvo por Miya. Fue corriendo a buscarla pero no estaba, como había supuesto la muñeca del contenedor era la suya. No dejaba de preguntarse quién podía haberlo hecho, si era solo una broma de mal gusto o algo más. Sus padres eran los únicos que tenían una copia de la llave, al menos que ella supiese, y estaba segura de que ellos no tenían nada que ver.

Aquella noche no fue capaz de quedarse en aquel piso. Fue a dormir a casa de una amiga durante varios días. Regresaba a casa de su amiga de pasear al perro de esta. Se había hecho de noche y ya apenas había gente por la calle. De pronto Duqués, el perro, se puso nervioso y comenzó a tirar de la correa en dirección a una calle desierta. Melís no quería ir hacia allí, tenía mucho miedo de estar sola por la calle de noche, pero Duqués era un Bóxer de gran tamaño y fuerza, así que se soltó casi sin problemas. Se adentró en aquella calle y Melís fue tras él, no sin pensárselo un poco antes. Siguió al perro hasta la puerta abierta de un garaje. Duqués había entrado allí, pero Melís no estaba muy segura de querer hacerlo. Al final pensó que era imposible que lo hubiesen llamado hasta allí así que entró. Bajó por la rampa y llamó a Duqués, oía los ladridos de este a lo lejos y los siguió. Pasó a través de una puerta entreabierta. Tan solo tenía la luz del garaje a sus espaldas, buscó un interruptor pero no lo encontró. De pronto se cerró pesadamente la puerta a sus espaldas y una luz verdosa iluminó suavemente el corredor. Comenzó a sonar una música al fondo del pasillo y Melís la reconoció al instante, era aquella dulce nana que le provocaba tanto temor. La misma que había amenizado el secuestro de su hermana. Tenía mucho miedo, quería regresar a su casa, meterse bajo la cama y abrazar fuertemente a Miya, pero Miya ya no estaba, había quedado descuartizada y ensangrentada en la basura y su casa ya no era segura para ella y dudaba de que hubiese algún lugar seguro. Intentó abrir la puerta pero no pudo, parecía atrancada. No tenía otra opción, siguió el sonido que para ella simbolizaba el sufrimiento. El corredor le parecía infinito, pasó frente a muchas puertas que no se molestó en abrir hasta que llegó a una que se daba a una amplia sala. Era oscura y estaba llena de horripilantes aparatos de tortura en los que ni siquiera quiso fijarse. El suelo estaba cubierto de sangre y alguna muy reciente. Vio algo en un rincón, era el cuerpo de una mujer. Se acercó creyéndola muerta pero de pronto abrió los ojos. Dio un salto hacia atrás del susto y aquellos ojos la llenaron de recuerdos. Sabía con toda certeza que eran los de su hermana. A pesar de que era muy pequeña el día que ocurrió el secuestro, cada día observaba una foto de su hermana, siempre la llevaba consigo y reconocería aquellos ojos en cualquier lugar. La abrazó, la abrazó muy fuerte y ella le devolvió débilmente el abrazo, no sabía si le había reconocido o si era simplemente porque lo necesitaba, pero en aquel momento no le importó. Tras un rato, no supo si segundos o minutos, se apartó suavemente de ella. La observo largamente. Estaba cubierta de sangre y desnuda. Su piel mostraba cicatrices seguramente causadas por aquellos aparatos de tortura, algunas eran recientes, aun sangrantes y otras estaba claro que se las habían inflingido hace mucho tiempo.

—“Él, él, él…—susurró apenas con un hilo de voz.

— ¿Quién es él?—le preguntó Melís.

Un profundo terror afloró en Tania, comenzó a temblar y a llorar, aunque parecía que ya apenas le quedaban lágrimas. Tras unos minutos llorando Tania se sobresaltó.

— ¡Vete, vete! Mi Señor se enfadará si te ve.

— ¿Tu señor, quién es tu señor?

Tania tenía los ojos muy abiertos y estaba temblando.

—Él, quien me llevó—Melís supo enseguida a quien se refería.

No sabía muy bien que hacer, no podía salir de allí y por otro lado tampoco quería. Le entró un súbito deseo de venganza. Veía el estado tan demacrado de su hermana y quería hacérselo pagar a su maltratador.

— ¿Ya os habéis saludado tras tantos años?

Aquella oscura voz sonó a sus espaldas. Ambas se sobresaltaron. Melís se giró hacia el hombre y con una mezcla de ira y miedo se atrevió a mirar a sus ojos verdes. Eran muy fríos y mostraban un extraño deseo tan lujurioso aunque contenido hacia ella que le hacía temblar de pies a cabeza. Se quedó paralizada, no era capaz de mover un solo músculo a causa del miedo. Aquel hombre, de unos cuarenta años, se acercó a ella y Melís pudo ver claramente bajo la penumbra de las luces verdes sus facciones. A pesar de lo que había imaginado era un hombre muy atractivo, de una belleza sutil, tenía un rostro bien cuidado y un cabello negro sedoso y brillante. Aquel hombre no encajaba allí y sin embargo Melís estaba segura de que él era el secuestrador y maltratador.

— ¿Por qué no me acompañas?, quiero hablar contigo—Melís pudo controlar de nuevo su cuerpo y su primer impulso fue golpearle pero él la esquivó sin ningún problema. Le puso los brazos a la espalda inmovilizándola—tranquilízate, así no conseguirás nada—le susurró al oído, y todo su cuerpo tembló.

Una suave carcajada salió de la boca de aquel hombre. La llevó sujeta por otro corredor algo más iluminado. Parecía el pasillo de cualquier casa salvo por el olor a muerte del ambiente. Tania les seguía apenas a un metro, andando a cuatro patas. Mantenía la cabeza gacha y no emitía ningún sonido. Aquella no era la primera vez que andaba así, se podía ver las llagas de sus rodillas y sus manos. Llegaron hasta una habitación en apariencia confortable. Había una gran televisión en una pared con la imagen del fuego de una chimenea, incluso tenía el sonido del crepitar del fuego. Frente a ella había una mesita de cristal baja y dos sillones opuestos. Había algunos cuadros en las paredes y espejos. La habitación estaba iluminada por la luz del televisor y de dos lámparas de poca potencia. El hombre sentó a Melís en uno de los sillones. En cuanto la soltó ella se revolvió e intentó alejarse pero él la retuvo.

—Tania, trae las cuerdas—ordenó el hombre. Ella fue rápido, aun a gatas y enseguida regresó ya erguida con unas cuerdas en las manos. Ató a Melís al sillón, ésta la miraba incrédula, no sabía como era posible que su propia hermana le hiciese aquello sin rechistar. Cuando acabó fue junto al hombre, que se había sentado frente a Melís—Muy bien mi pequeña—le dijo acariciándole la melena—ve a lavarte, estás muy sucia.

Ella obedeció y salió de la habitación por otra puerta a gatas. Aquel extraño hombre se quedó a solas con Melís. Se observaron mutuamente. En la habitación tan solo sonaban las chispas de fuego y la dulce melodía de aquella nana ya había desaparecido.

— ¿Qué le has hecho, por qué se comporta así?—le preguntó muy nerviosa. Él esbozó una maliciosa sonrisa.

—La he enseñado a servirme y serme fiel, ahora ella hace todo lo que yo deseo—la furia inundó a Melís.

— ¿Cómo te has atrevido a hacerle eso? Maldito bastardo—él lanzó una gutural carcajada.

—Tranquilízate, enfurecerte no sirve de nada, por cierto, mi nombre es Imparat, no bastardo.

—Me da igual tu nombre, suéltame, no voy a permitir que le sigas haciendo esto a mi hermana.

—Yo no le hago nada, ella puede irse cuando lo desee. Todo lo que hace lo hace porque quiere.

— ¡Eso es mentira!

—Si no me crees pregúntaselo cuando vuelva. Pero hasta entonces ¿Por qué no te relajas y charlamos tranquilamente? Estoy seguro de que tienes muchas preguntas que hacerme.

Melís intentó controlarse, sabía que en aquel estado no conseguiría nada. Quería saber más, las razones de todo aquello y tenía la oportunidad de conocerlas.

— ¿Por qué la secuestraste?—le preguntó a Imparat.

—Primero tendrías que preguntarme quién la secuestró ¿no crees?—aquella respuesta le sorprendió mucho, no había pensado que pudiese haber sido otra persona.

—Entonces ¿quién fue?—hubo un breve silencio.

—Mi hermano—contestó al fin Imparat—tiene la extraña necesidad de secuestrar mujeres para luego torturarlas hasta matarlas. Pero tu hermana fue la excepción, normalmente solo secuestra mujeres adultas y a mí no me importa—lo decía con tanta tranquilidad que parecía algo normal, tan solo un juego—pero cuando se presentó con una niña pequeña no pude consentírselo. Yo quería devolverla a su casa pero estaba tan encaprichado con ella que permití que se la quedara con la condición de no matarla ni tratarla demasiado mal hasta que fuese mayor.

—Eres un monstruo—susurró Melís pasmada.

—Te equivocas, el monstruo es mi hermano, yo tan solo le consiento las cosas, al fin y al cabo lleva mi sangre aunque esté loco.

— ¿Y por qué no me secuestró a mí en lugar de a mi hermana?—se había hecho aquella pregunta cientos de veces.

—Eso no lo sé, solo mi hermano sabe porqué lo hace—y seguía sin tener respuesta.

— ¿Y dónde está tu hermano?

—No lo sé, por la noche sale a buscar víctimas y a otras cosas que no me cuenta, si quieres verlo tendrás que esperar a que vuelva, aunque no tienes prisa porque no voy a permitirte salir de aquí.

Eso ya se lo suponía, no habría sido normal que la dejase marchar con todo lo que sabía. Estuvieron un rato en silencio hasta que entró de nuevo en la habitación Tania. Iba a gatas, seguía desnuda aunque iba más limpia que antes. Se sentó junto a Imparat con la cabeza gacha. Éste la observó unos segundos.

—Levántate, que te vea tu hermana bien—Tania se levantó en seguida e Imparat la puso frente a él. Ella miró a Melís con unos ojos apagados, no había brillo en ellos, solo sufrimiento y sumisión—Se ha convertido en una hermosa mujer ¿verdad?—comenzó a acariciarle el trasero, ella no hizo nada para evitarlo. Después con la otra mano le acarició el sexo. Tania emitió unos suaves gemidos. Imparat sonrió aun más—y es sólo mía. Mi hermano se cansó de ella y ahora la tengo únicamente para mí. Hace todo lo que yo deseo sin una sola queja.

La sentó en su regazo y comenzó a acariciarle los pechos. A Tania no le gustaba aquello pero se mantuvo en silencio, inexpresiva como siempre.

— ¿Por qué le haces eso si dices que no eres un monstruo?—le preguntó Melís.

—Porque me divierto, además ella no sufre, al contrario, disfruta mucho.

— ¿Disfrutar? Yo no creo que disfrute, yo solo veo sufrimiento en su rostro.

—En realidad lo que tú veas me da igual, dentro de poco estarás muerta.

Tania emitió un ahogado grito.

—Mi señor ¿no podría dejarla vivir? Es mi hermana, puede ser su esclava como lo soy yo.

— ¿Tanto te importa? Está bien, la dejaré vivir, será otro juguetito, pero si intenta algo morirá—Imparat se levantó y se dirigió a la puerta—Os dejaré un rato a solas para que habléis pero no la desates— salió de la habitación. Tania se acercó a gatas a Melís.

— ¡Rápido, desátame, podemos escapar!—le apremió Melís, pero Tania no se movió

—Lo siento pero mi Señor me ha dicho que no lo haga.

— ¿Y siempre haces lo que él te dice?

—Tengo que hacerlo, lo siento—en su rostro apareció una gran pena por recuerdos pasados y Melís se dio cuenta de que no la haría cambiar de opinión.

—Has sufrido mucho. Lo siento, siento no haber hecho nada aquella noche.

—No, tú no pudiste hacer nada, pero ahora sí, al menos para salvar tu vida.

—No Tania, yo no voy a ser su esclava como lo eres tú, no podría.

—Pero tienes que hacerlo si quieres vivir, al menos hasta que puedas escapar—Tania deseaba que su hermana escapase, que no sufriese todo lo que había sufrido ella, aunque no podía contribuir en su huida o su castigo sería muy grande, tal vez la muerte. Melís no sabía qué decirle a su hermana, sabía que todo lo que le preguntase la haría sufrir. Tania se levantó, se sentó en el regazo de Melís y la abrazó fuertemente—por favor, se su esclava hasta que puedas escapar, no te enfrentes a él—le susurró al oído.

Se quedaron abrazadas hasta que de nuevo entró Imparat en la habitación. Tania bajó rápidamente al suelo y se puso junto a él.

— ¿Estás dispuesta a ser mi esclava?—Melís pensó unos momentos y miró al rostro triste de su hermana.

—Sí, lo seré.

—Bien—una gran sonrisa apareció en el rostro de Imparat—Tania, desátala y llévala a tu cuarto. No intentes huir porque no lo conseguirás Melís. Ah, y enséñale lo que tiene que hacer.

— ¿Lo mismo que yo?

—Por supuesto.

2 sept 2008

Buen despertar para el amo [FanFic]

Título: Buen despertar para el amo
Categoría: Ouran Koukou Host Club Personajes: Kyouya, Hermano Hitachiin
Serie: Adaptaciones de amor
Género: Yaoi
Clasificación: Todos los públicos
Advertencia: No
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen: Kyouya entra en una tienda donde le ofrecen probar una nueva “almohada confortable”. Pero resulta que esa “almohada” es un joven chico.
Basado en uno de los capítulos extras del manga ‘Love Neco’ de Kazuhiko Mishima.

Nota: Pertenece a la serie 'Adaptaciones de amor' donde los fanfics son adaptacione de mangas de famosos creadores.

Ah… ¿un nuevo tipo de almohada para abrazar?—leyó Kyouya en la hoja de publicidad que le acababan de entregar.
—Si usa esto despertará descansado, sin ningún rastro de tensión. Tipos incluso muy ansiosos consiguen dormir perfectamente. Es bastante impresionante—le explicó el dependiente de la tienda— ¿Qué le parece? ¿Le gustaría probarlo realmente? Por favor, siéntase libre de probar nuestra muestra de almohada para abrazar.
— ¿De veras? Bueno, una ojeada no puede hacer daño a nadie…—dijo entrando en la habitación donde se hallaba la almohada.
—Bienvenido, cliente—le dijo un joven pelirrojo sonriente, sentado sobre una cama, completamente desnudo.
Kyouya le miró por un momento sin entender.
—Perdona… debió de ocurrir un error—dijo saliendo de la habitación.
— ¡Por favor espere! Usted no se ha equivocado, está bien—le paró en pelirrojo.
— ¿Qué…?—el pelinegro no entendía lo que pasaba.
—Soy yo. Yo soy el nuevo tipo de almohada para abrazar—le explicó el menor.
—… Vaya… así que es esto… buena suerte en esto—intentó salir de nuevo de la habitación pero el pelirrojo se aferró a su brazo.
—¡¡No por favor, espere!! ¡¡No se vaya!!—gritó abrazándose a él.
—Suelta…—dijo alterado.
— ¡Por favor pruébeme una vez! ¡Entonces estoy seguro de que verá cuan bueno soy yo!—le rogó suplicante.
—He venido de nuevo a ver a mi pequeña y linda almohada-kun—dijo un hombre entrando en la tienda muy contento.
—Lo siento mucho, pero ahora mismo estoy atendiendo a otro cliente…—le dijo el dependiente.
— ¿Eh? ¿Cómo? ¿Tengo que esperar en cola?—dijo enfadado el nuevo cliente— ¿yo vine aquí solo para verle a él y ahora tengo que esperar? ¿Está de broma verdad?
—Hey, ¿Qué ocurre? Tú tienes otro cliente…—le dijo Kyouya al pelirrojo que no se soltaba de su cintura.
—Odio a ese tipo… el viene todos los días y tarda mucho tiempo…—le dijo realmente entristecido—soy una almohada, pero él me usa para cosas realmente extrañas y… yo no quiero que ese tipo me compre…
Kyouya no supo que decir.
—Perdóneme ¿pero ha terminado ya? Hay cola fuera, sabe usted—le dijo el nuevo cliente entrando en la habitación, asustando al pelirrojo.
—Ah…no…yo no estoy realmente intere…—comenzó a decir el pelinegro sin que el pequeño le soltara.
— ¿Es cierto? Entonces dese prisa y salga rápido—aquel tipo con pintas de viejo pervertido pasó a su lado y se acercó al pelirrojo—He venido a verte de nuevo. ¡No podía esperar más! Hoy tengo muchas cosas que probar contigo—le dijo a la almohada, haciendo que este se estremeciera—tú eres realmente lindo ¿eh?
Kyouya se dio la vuelta y agarró por el hombro al viejo que ya tenía sus manos sobre el pequeño.
— ¿Qué demonios…? ¿Tú aun estás aquí?—le gritó enfadado el viejo—tú no tienes más negocios aquí hoy, así que ¡piérdete ya!
—Es mío. Acabo de comprarlo—dijo el pelinegro cogiendo a la almohada. Incluso si no fuera a comprarlo, lo compraría por la lucha—¡¡No toque la propiedad de los demás sin permiso!!
— ¿Qué?—el pequeño se aferró a su camisa muy sorprendido.
— ¿¡Quéé!?—el viejo pervertido se había quedado en shock.
— ¡Eh!—el dependiente estaba realmente feliz.
— ¿¡Qué has di-!?—antes de que el viejo pudiera concluir la frase fue golpeado y echado a un lado por el dependiente.
—¡¡Muchas gracias por su compra!! Acabas de comprar una de las nuevas almohadas. Muchísimas gracias por su adquisición; son 892,500 yenes*.
— ¿Ehh?—Kyouya se quedó blanco pensando en la cantidad de dinero que era eso.
—Muchas gracias por comprarme, por favor cuide de mí desde hoy en adelante—le dijo la almohada con una reverencia cuando estuvieron en casa.
Sobre la cabeza del pelinegro tan solo había penumbra.
—Como pude comprar algo tan caro… y encima te compré por impulso…—dijo con la cara entre las manos.
—Pero yo soy de alto rendimiento, por favor amo, úseme muchas veces—le pidió triste.
—No hay posibilidad de que pueda usarle—le contestó suspirando el pelinegro sobresaltando al pequeño—tú eres como un niño ¿piensas que puedo dormir abrazando algo parecido a un niño pequeño?—le dijo enfadado—y deja de llamarme “amo” todo el rato. Ah, y ponte algo de ropa—le riñó.
—… No quiero—contestó el otro cabizbajo.
— ¿Huh? ¿Cómo? ¿No quieres?
—Porque tú eres mi amo voy a llamarte así. Y soy una almohada, así que yo no llevo ropa—le contestó levantándose.
—Pero tú…
—Estaré en la habitación. Por favor, úseme cuando quiera—cerró la puerta tras de si.
Después de decir eso, él no puso un pie fuera de esa habitación.
—“Él no contesta al teléfono. Es imposible que él esté todavía encerrado arriba en esa habitación mientras estoy fuera. ¿Estará bien sin comer nada? ¿Estará bien?—pensaba el pelinegro en su oficina—será mejor darme prisa y ver como está… estúpida almohada para abrazar. Haciendo que me preocupe por él.”
—Estoy en casa—al entrar en la casa todo estaba a oscuras y en silencio—“Las luces no están encendidas. Él no ha podido estar en esa habitación todo el día…”—rápidamente subió a la habitación y abrió bruscamente la puerta—¡¡Ey!!
Se encontró al pequeño pelirrojo sentado sobre la cama con el rostro enterrado entre los brazos sobre las rodillas.
—Ah, bienvenido a casa.
— ¡No me digas “bienvenido a cas”! ¡¿Qué haces aquí con todas las luces apagadas?!—Le gritó furioso— ¿Has comido algo? Dejé mi billetera en la mesa para ti ¿cierto?
—Yo no como y no dejé la habitación.
— ¡Tú deberías… salir fuera, por supuesto! Esto es totalmente extraño, ¡¿verdad?!
—Estoy aquí solo para su uso. Después de todo, todo lo que puedo hacer es esperar…—le contestó mirándole sin moverse de la cama.
— ¿Entonces tú piensas estar en esta habitación por siempre?—le preguntó arrodillándose sobre la cama— ¿no piensas que es extraño, nosotros en esta casa juntos?
—Soy una almohada, me gusta estar aquí solo—dijo completamente decidido—cuando quiera usarme, solo dígalo, amo. Hasta entonces me quedaré aquí en espera. Incluso pensando que me compró en un impulso—se abrazó al pelinegro con el rostro algo sonrojado—estoy muy alegre de que fuese usted quien me comprase, amo. Si no quiere usarme, usted puede tirarme a la basura, no me importa—las lágrimas comenzaban a aflorar en sus ojos—pero antes de eso, solo por una pequeña vez, yo quiero serle útil.
— ¿Qui…quién va a tirarte? Yo nunca dije eso, ¿yo…?—puso una mano sobre la cabeza del menor intentando calmarle.
—Entonces—se agarró fuertemente al pelinegro—aunque sea solo por una vez, ¡por favor úsame! ¡¡Por favor!!
Kyouya se quedó muy sorprendido y correspondió sonrojado al abrazo.
— ¿Amo…?
—Si te uso solo una vez, tú seguirás diciendo cosas tristes. Así que desde hoy… te usaré—dijo derrotado.
— ¡¿De veras?!—preguntó sorprendido.
—Sí…
—¡¡De acuerdo!!—el pelirrojo se abrazó al mayor muy feliz.
~~~~~~ La mañana siguiente…
Kyouya se despertó con el pequeño a su lado, abrazado a él.
—“Oooh… estoy totalmente descansado y toda la tensión de mi cuerpo ha desaparecido…”—pensó brillante.
—Buenos días, amo—le dijo el pequeño frotándose los ojos— ¿Qué tal fue?
—Oh, muy bien, ahora entiendo que costases tanto dinero—le respondió—parece que en cuanto puse mis brazos alrededor tuyo, me dormí rápidamente… es demasiado bueno… para ser una almohada. Eres realmente impresionante—incluso durmió en traje.
—Le dije que era muy bueno—contestó el menor feliz.
—“Pero por otro lado…—suspiró el pelinegro—eso quiere decir que nunca estaré bastante despierto para hacerle algo más…

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Este one-shot juega con la reciente tendencia y el alto precio de las “almohadas confortables” creadas para personas solas. Se asemejan a los pechos de una mujer, los brazos de un novio, etc.…
*892,500 Yenes = 5,507.66 € = 8,113.22 $

1 sept 2008

Love Material [FanFic]

Título: Love Material
Categoría: Gravitation Personajes: Yuki X Shuichi
Serie: Adaptaciones de amor
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen: Shuichi es un humano artificial creado por Yuki, cuando hace mucho trabajo su energía disminuye y la forma de recargarla es un tanto especial XD.
Basado en el manga ‘Love Material’ de Minami Haruka.

Nota: Pertenece a la serie 'Adaptaciones de amor' donde los fanfics son adaptacione de mangas de famosos creadores

~ De todos los dormitorios de la academia privada para chicos Shouka, éste es el más selecto. Esta es la pequeña historia de dos chicos enamorados en la escuela donde cualquier cosa puede pasar.

— ¡Estoy en casa, Yuki!—un joven pelirrosa sonriente entró en la habitación.

— ¡Bienvenido Shuichi! ¿Has tenido algún problema hoy?—contestó el rubio, mirándole sobre los lentes, mordiendo su lapicera.

— ¡Nop!—sonrió el pelirrosa— ¡Yay! ¡Por fin consigo estar solo con Yuki!—se abrazó feliz al mayor, que estaba sentado leyendo un libro.

~ No soy un humano, soy el modelo prototipo de una forma de vida artificial, creado por el padre de Yuki. Mi apariencia es, por lo general, como la de un humano, pero por dentro soy diferente. No lo entiendo bien, pero…

—Ey, quítate la ropa. Necesito revisar la temperatura de tu cuerpo—le dijo el rubio.

—Vale…

~…Desde que soy una forma de vida artificial, tengo que ser programado para un desarrollo emocional y mental. Entre Yuki y siendo un “estudiante de intercambio extranjero” en esta escuela, estoy aprendiendo acerca de la vida.

El pelirrosa comenzó a quitarse la ropa quedando con apenas unos calcetines altos y una especie de braguita atada con lazos a los laterales. Miró algo sonrojado al mayor mostrándole su cuerpo.

~ Porque siempre estoy con mi amado Yuki… cada día me da mucha felicidad.

—Hmmm…—musitaba el mayor tras quitarse las gafas, deslizando el rostro por el pecho del menor, apoyando la frente en él mientras el otro se sonrojaba aun más algo nervioso— ¿eh? ¿Qué es esto? Shuichi, ¿Por qué tu temperatura es tan baja? ¿En qué has usado toda tu energía?—le preguntó rodeándole con los brazos.

—Oh, sí… en educación física he corrido una maratón hoy—respondió contento.

— ¿¡Qué!? ¿Has corrido una maratón? ¿No te he dicho siempre que debes aprender a partir de la observación?—le dijo sentándolo sobre si.

—Pero quería probarlo solo una vez y solo corrí la mitad—contestó entristecido por la reprimenda—pero después estaba en el servicio de limpieza también, entonces he tenido que limpiar todos los pupitres de la clase. Oh, y el profesor me ha pedido que lleve todo el material a la clase, como tal…

—Eso es mucho trabajo para un día—exclamó cansándose solo de escucharlo.

Se escuchó un fuerte gruñido proveniente del estómago del pelirrosa.

— ¡Bueno ahora…! Tu estomago realmente está gruñendo, Shuichi—dijo el rubio con una pícara sonrisa, mordiendo la patilla de las gafas—Siempre haces esos ruidos antes de que vayamos a la cama.

—Sí—el rostro del pelirrosa estaba aun más sonrojado, sabiendo lo que venía después.

—Está bien Shuichi… te daré mucho de mi “calor”—el rubio lamió los labios del menor para después darle un profundo y húmedo beso y tumbarlo sobre la cama.

—Aaaah… aaah… nnnnng…—gemía y jadeaba el menor, teniendo rápidamente una erección—nnn…nng…haaa…aaaah…—Yuki comenzó a lamer el miembro del pelirrosa que rápidamente se humedeció y metió los dedos en su entrada dilatándolo—haaah…ahnnnn…más…ponlo más… más… por favor tócame más, Yuki—decía con ojos suplicantes.

— ¿Te sientes bien aquí, Shuichi? A pesar de que eres la versión masculina, amas hacerlos por la parte trasera—le decía el mayor observándolo, excitándose cada vez más pero manteniéndose frío—Shuichi, eres todo un chico malo—sacó los dedos de su interior y observó un momento, disfrutando de la linda cara que le mostraba el menor jadeante—muy malo, ¡y muy mono!

—Me gusta… porque puedo sentir tu calor al máximo… aquí.

—A mi también me gusta. De esta manera, puedo conectar contigo—acarició su miembro ansioso y le dio un mojado beso entrelazando sus lenguas.

—Aaaah… Yuki…te quiero… ah!—decía entre gemidos el pelirrosa sintiendo los dedos del mayor acariciar sus pezones erectos y su miembro—haa…aah…ahnn…nnn…—Yuki metió de nuevo un par de dedos en su entrada mientras el otro se masturbaba y temblaba—aaaaah…más…tócame más… las dos manos. Hazlo duro… ¡uhh…!—los gemidos se volvían cada vez más fuertes y el pelirrosa temblaba y se contraía sin poder aguantar más—haa…aaah…yaaaah…se siente tan bien… ¡nnng…! ¡Me voy a venir…! Aaaah…ngh…aaah…Yuki…más… más adentro… ¡aaah…!

Con los dedos de Yuki y los suyos propios en su interior y masturbándose con una mano, el pelirrosa se vino soltando un fuerte gemido. Quedó jadeando, intentando controlar su acelerada respiración. Yuki observó al menor tendido sobre la cama, con el vientre y el pecho manchado de semen, con el rostro carmesí.

—Mm… te has venido bastante—le dijo lamiendo la punta de su miembro.

Chupó el miembro que rápidamente se puso de nuevo duro. Se volvieron a escuchar los gemidos del menor mientras el otro limpiaba con su propia lengua el semen del tembloroso estómago, frotando con una mano la nueva erección. Subió hasta uno de los pezones y lo lamió, con una mano en la curva de su espalda elevando su cuerpo y la otra en la cara interna de su muslo.

— ¡Aaaaah…nng…! Yuki, ese punto… ¡noooooo…! ¡Ah…!—gemía y temblaba retorciéndose—ohhhhh… ¡si me lames ahí, me voy a venir otra vez…! ¡Ah…!—su miembro volvía a escurrir de nuevo.

—Bien, entonces lo haré de una manera que te guste realmente—el rubio se quitó la camisa posicionándose sobre el menor—porque te vienes cuando te excitas, justo como un humano… esto hará que lo sientas más, mucho más.

Presionó con la punta de su miembro la entrada del pelirrosa y lo penetró duro, mientras el otro gemía y repetía su nombre, con lágrimas en los ojos.

—Aah-ah! Más dentro… ¡máaaaaaa…! ¡Nnng…! ¡Aaaah…!—Yuki lo embestía, lamía y acariciaba sus pezones mientras el otro se agarraba con fuerza a las sábanas, temblando sin dejar de gemir, sintiendo cada vez más placer—aaaah…Yuki, tu calor se siente …bieeeeen…!—el rubio se vino en el interior del menor a la vez que este—aaah… tu miembro… dentro de mí… aah! …Muy profundo.

— ¿Estuvo bien Shuichi?—le preguntó intentando mantener la compostura.

—S-sí…—contestó algo aturdido, muy sonrojado—…fue bueeeeno…

—Mmm... El placer fue mío… dulce chico—le dijo dándole un tierno beso—“awww! ¡Es tan mono!”—Pensó sentándolo sobre si— ¿quieres más? ¿Me quieres otra vez, Shuichi?

—Mm… sí… más. Quiero más…

Tras otra sesión de sexo Shuichi quedó brillante, en nivel óptimo de energía.

— ¡Ah! ¿Has recuperado toda tu energía, Shuichi?—preguntó con una sonrisa satisfecha el rubio.

— ¡Sí, totalmente!—contestó muy animado el pelirrosa.

~ Cuando Yuki está a mi lado, estoy muy feliz. Y sin embargo también estoy empezando a estar bastante ansioso.

—…Ey, Yuki… ¿Cuándo el entrenamiento de mi vida en la escuela acabe, que pasará después?—el rubio se sorprendió por la pregunta y la tristeza con lo que lo decía—seré enviado a otro laboratorio ¿verdad?

~ Sin embargo, hasta entonces Yuki y yo… podemos estar juntos.

—No te preocupes. Incluso si eso pasara en realidad…—se sentó a su lado y le dio una palmadita en la cabeza, sin dejar de sonreír—…estaremos todavía juntos. Mira, no importa dónde vayas después, siempre estaré a tu lado, Shuichi.

Las lágrimas brotaron en los ojos del pelirrosa.

~ Puedo ser un humano artificial… pero este sentimiento de tener a alguien se hace muy importante para mí –este sentimiento de amor– ocurre naturalmente dentro de mí.

—Sí… estaremos siempre juntos. ¿Verdad Yuki?—le dijo abrazándose con una gran sonrisa al rubio.

~ Cuando Yuki está conmigo, mi pecho siente calor por dentro. Él es mi más querido tesoro.