20 may. 2008

Eternidad demasiado corta 2 [FanFic]

Título: Eternidad demasiado corta.
Categoría: Original
Género: Tragedia, Romántico, Yuri
Clasificación: no -13 años
Advertencia: Lemon, Sufrimiento

Capítulo: 2 de 2 Finalizado:
Resumen: ¿Despues de haber pasado por el quirofano es posible ver un ángel aun estando viva?
Nota: es el primer fic yuri que puplico en esta página aunque en realidad fueron los primeros que escribí.


Fui a la calle y me senté en un banco. El frío aire intentaba despejarme pero yo seguía extasiada por aquel dulce beso con el que llevaba largo tiempo soñando. De pronto, tras llevar allí un rato, una mano se apoyó en mi hombro y me sobresaltó. Me giré y vi el frágil y hermoso cuerpo de Sarah, apenas cubierto con una bata, junto a mí. Me levanté enseguida y la cubrí con mi chaqueta.

— ¿Qué haces aquí? Hace mucho frío, vas a resfriarte—le dije muy preocupada.

—Vuelve a la habitación por favor—me dijo sonrojada con un hilo de voz.

La rodeé con un brazo y la llevé a la habitación. Nos sentamos junto al radiador para entrar en calor. Estuvimos un rato sin hablar y sin tan siquiera atrevernos a mirarnos.

—Lo siento—le dije.

—Me gustó—dijo ella.

Una súbita alegría entró en mí pero no quise precipitarme.

— ¿Y qué quiere decir eso?— le pregunté.

—Yo…emmm…esto…—vi que se ponía demasiado nerviosa y no quise hacerla sentir peor.

Me levanté de la silla, me agaché frente a ella y tras mirarla unos segundos a los ojos le di un suave beso en los labios. Sentí como su corazón se paraba con el mío. Fue un beso eterno pero demasiado corto. Me aparté y nos miramos. Se sonrojó y sonrió tímidamente.

—Si tú quieres esto puede seguir. Podríamos…

— ¿Ser novias?—dijo con ilusión y agachó la cabeza algo avergonzada.

—Sí, podemos ser novias si tú quieres— acaricié suavemente su rostro y le di otro beso.

La felicidad que me embargaba era indescriptible. Soñaba con aquello desde el instante en que la vi por primera vez y me alegraba que ella sintiera lo mismo. Nos tumbamos sobre la cama, nos abrazamos y seguimos besándonos hasta la hora de la comida.

— ¿Es que no vas a comer?—me dijo cuando me vio quedarme sentada frente a ella mientras comía.

—No quiero dejarte sola.

— ¡Qué tontería es esa! Vete a comer o acabarás ingresada aquí.

—Está bien, voy a por un sándwich y vuelvo.

— ¿Un sándwich? Qué dices, los bocadillos de esa máquina deben de ser del paleolítico.

—Bueno, entonces me intoxicaré y me quedaré aquí contigo.

—Nice…

Después de comer mi sándwich del paleolítico seguí besándome con Sarah. Pasamos la noche besándonos, fue realmente maravilloso. Poco a poco los besos iban a más, pasamos de besos que apenas rozaban nuestros labios a meternos la lengua hasta la campanilla. Las sensaciones que tuve son indescriptibles y no las cambiaría por nada, casi nada…

En la tarde siguiente llegamos a más. Sarah permitió, tras unos cuantos besos y piropos por mi parte que ella no soportaba porque se ponía colorada, que la besase por otros lugares y la acariciara más. Bajé muy despacio por el cuello, no quería ir demasiado rápido, y mis manos fueron a su cintura y caderas. Su piel era dulce, suave y un imán para mis labios. La ansiaba con toda mi alma, tanto que me pasé. No intenté violarla pero para nosotras fue lo mismo. La besé con demasiada pasión, pasé de pequeños besitos a besos con lametazos y a acariciar su cuerpo en lugares aun prohibidos debajo de su camisón (no hablo de la ropa interior). Sarah me apartó de sí y me dio la espalda muy sobresaltada. Yo me quedé paralizada, como en estado de shock. Al verla tan mal estuve a punto de ponerme a llorar, me aparté de ella y salí del cuarto a toda velocidad. Di un largo paseo por las calles de alrededor de la Residencia. Intenté despejar mi mente pero el dolor por haberle hecho aquello a mi Sarah era enorme. No podía creer que hubiera intentado propasarme con un alma tan dulce como la suya. Yo era un demonio y ella un ángel, no podíamos estar juntas. No regresé hasta que anocheció ya muy tarde, solamente para cuidar de Sarah, por si le ocurría algo en medio de la noche. La vi dormida encogida sobre su cama, una lágrima se deslizaba por su mejilla. Aquello me destrozó el alma. Después de aquello no podría mirarla a la cara nunca más, así que decidí que, antes de que despertara, me iría para no volver nunca, por mucho que me doliera. Me tumbé en la cama de al lado sin intención de dormirme pero estaba agotada y el sueño me atrapó.

A la mañana siguiente la luz del sol me despertó, vi a aquel ángel tan perfecto frente a mí y por un momento olvidé lo que había ocurrido el día anterior pero enseguida llegó de nuevo a mi mente.

—Sarah yo… lo siento. No volverá a pasar, llama a tu madre, yo no volveré más—ni siquiera me atrevía a mirarle a la cara.

Fui a levantarme pero de pronto vi como la ropa de Sarah caía al suelo. La miré un segundo sobresaltada, vi su precioso cuerpo desnudo y enseguida desvié la mirada.

—Sarah, ¿qué estás haciendo?

— ¡NO TE VAYAS POR FAVOR!—dijo a punto de echarse a llorar.

—Pero…yo…lo que te he hecho—estaba muy confundida.

—No me importa, sé que lo has hecho porque te gusto y me quieres.

—Pero…

—Quiero hacerlo. Me puse así porque es la primera vez que estoy con alguien pero quiero hacerlo porque yo también te amo.

Las lágrimas inundaron mis ojos. Me levanté, cogí su ropa del suelo y la cubrí, aunque deseaba muchísimo ver su bellísimo cuerpo. La abracé y hundí mi rostro en su cabello ondulado.

—Te amo, te amo muchísimo. Lo siento mucho, me pasé y te juro que no volverá a suceder. No tenemos que hacerlo ahora, tenemos mucho tiempo, podemos ir despacio.

—Si tú quieres podemos hacerlo ahora.

—No mi amor, no tengo ninguna prisa. Lo haremos cuando ambas estemos preparadas.

Nos besamos durante todo el día. Muy suave y dulcemente, sin pasarnos ni un pelo. Fue como al principio, pero no me importaba porque estaba con ella.

Poco a poco, al paso de los días, las caricias fueron a más y los besos también. Hicimos el amor cuatro días después. Fue intenso, dulce, suave y tierno. Nos amábamos con tanta intensidad y tan sinceramente que aquel acto que para muchos solo habría significado una satisfacción física para nosotras fue el éxtasis de nuestro cuerpo y nuestra alma.

Me he olvidado en estos momentos de la gente que nos rodeaba, tan solo haré una breve apuntación. Mi madre odiaba aquella relación, claro que a mí no me importaba para nada. Sin embargo la madre de Sarah era todo lo contrario, se alegraba muchísimo de que Sarah fuera feliz conmigo.

Pasaron varios días muy felices para nosotras.

Una tarde fui a verla después del instituto pero no la encontré en la habitación. Un malísimo presentimiento me sobrevino. Seguí por el pasillo hasta que llegué a la zona de los quirófanos y allí encontré a su madre. Lloraba desconsolada acompañada por un trabajador de la Residencia. No quería creerlo, no era posible. Me acerqué a ella ya con lágrimas en los ojos sabiendo en mi corazón lo que había ocurrido.

— ¿Do-dónde está Sarah?—pregunté.

— ¿Eres Nice?—dijo el trabajador—En la operación hubo unas complicaciones y…

— ¿Operación? ¿La han operado?—dije sin querer creerlo.

—Ella no quería decirte nada para que no te preocuparas—me dijo su madre sin parar de llorar.

— ¿Qué ha pasado, dónde está, está bien?—sabía que no era así pero me lo negaría una y otra vez.

—Ella… ha fallecido.

El corazón se me rompió. Mi alma quedó destrozada para siempre. No podía creer aquello. No era posible que el único amor de mi vida ya no estuviera nunca más conmigo. Caí de rodillas al suelo y no recuerdo nada más. Solo el profundo dolor que me inundaba. Y ahora que recuerdo todo aquello y que intento desahogarme con estas breves páginas veo que mi alma nunca podrá reponerse. Su recuerdo sigue vívido en mí como el primer día, sus besos, sus caricias, sus labios, su piel y sobretodo su amor.

FIN

Como siempre, muchas gracias por leerme, este es el final de este pequéño cuento, espero que te haya gustado ^^

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