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27 sept 2008

Artista de palacio c6 (Fin) [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 6 de 6 Finalizado: Resumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.


Lee el Fanfic

Aquí acaba este fic que ya había hecho hace tiempo y por ahí estaba perdido. Es de mucho antes de mi época yaoi (cuando empezaba con el yuri), inspirado en una novela erótica (la primera que leí) de Anne Rice, mi autora favorita.
Espero que te haya gustado y que me dejes algún comentario con tu opinión
Arigatou

19 sept 2008

Artista de palacio c5 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 5 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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13 sept 2008

Artista de palacio c4 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 4 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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11 sept 2008

Artista de palacio c3 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 3 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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9 sept 2008

Artista de palacio c2 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 2 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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7 sept 2008

Artista de palacio c1 [FanFic]

Título: Artista de palacioCategoría: OriginalGénero: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 añosAdvertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 1 de 6 Finalizado: NoResumen:
Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

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5 sept 2008

Dulce Nana c2 (Fin) [FanFic]

Título: Dulce Nana
Categoría: Original
Género: Yuri-Hentai (Hetero)
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura, Muerte de un personaje
Capítulo: 2 de 2 Finalizado:
Resumen:
Cuando eran pequeñas secuestraron a una de las dos hermanas. Años después se reencuentran en la guarida del secuestrador.

Tania desató a Melís y la guió a gatas hasta una habitación pequeña con baño propio. Tan sólo había una cama y un espejo, ningún armario o mesa. En el baño había un botiquín bastante grande y una bañera manchada de sangre.

—Tienes que quitarte la ropa—dijo Tania.

—No pienso pasearme desnuda frente a él.

—Melís tienes que hacerlo, si vas a ser su esclava tienes que hacer lo mismo que yo—Tania estaba desesperada por hacer entender a su hermana que tenía que obedecer.

—Está bien, tranquila—contestó Melís al mirarle a los ojos, unos ojos que le transmitían un profundo temor.

Melís se quitó la ropa, vio alivio en el rostro de Tania.

—Delante de ellos tienes que ir a gatas—Melís emitió un bufido de disgusto, iba a humillarse delante de aquellos monstruos, pero lo haría por su hermana—tienes que dejar que te toque donde quiera y no debes cubrirte.

— ¿Dejas que te viole cuando él lo desea?

—Melís, tengo que hacerlo, y tú también, si no lo haces la tortura será peor—Melís intentó hacerse a la idea, pero que aquel ser la manosease y la violase le resultaba repugnante como poco.

Tania se sentó sobre la cama con la cabeza gacha. Melís se sentó junto a ella, le rodeó los hombros con el brazo y la atrajo hacia si abrazándola fuertemente.

—Ahora yo estoy contigo. No tienes que tener miedo, saldremos pronto de aquí—Tania se puso a llorar, pero esta vez de esperanza. Tras un rato Melís volvió a hablar— ¿Has salido alguna vez de aquí, has visto el sol?

—Tan solo he salido cuando me han trasladado aquí desde otro lugar pero fue en una furgoneta y estaba dormida. No he visto el sol desde que me secuestraron—contestó entre lágrimas.

—Entonces lo verás dentro de poco. Cuando salgamos de aquí te llevaré a la playa y nos bañaremos en el mar con la luz del sol—Tania le dio un último y fuerte abrazo a Melís y se levantó.

—Tenemos que salir, es la hora de hacer la cena.

—Está bien, vamos.

Melís siguió a Tania fuera de la habitación por un largo pasillo hasta la cocina. No tuvieron que ir a gatas porque Imparat no estaba cerca. Melís se sorprendió de que le permitiesen tener tantos instrumentos cortantes a mano con los que podía matarles.

— ¿Nunca has intentado matarle con los cuchillos o envenenándole?

—Aquí no tengo venenos, y sí, lo he intentado con los cuchillos, pero solo sirvió para que me torturase más duro.

Melís había pensado intentarlo pero se dio cuenta de que no serviría de nada. Llevaron la cena hasta el comedor. Cuando Tania dejó la comida en la mesa se puso de rodillas junto al asiento de Imparat y Melís la imitó poniéndose al otro lado. Imparat entró en el comedor y sonrió al ver desnuda a Melís. Esto era una gran humillación para ella pero intentó soportarlo. Imparat se sentó en su silla y acarició el cabello de Tania. Después acarició el de Melís y deslizó los dedos por su columna. Ella se estremeció, no sabía muy bien si por placer o por asco, por primera vez estaba dudando. Los dedos de Imparat llegaron hasta sus nalgas y las acariciaron suavemente.

—Esta noche voy a disfrutar mucho—dijo Imparat.

Melís estaba confusa, aquellas caricias le hacían sentir algo extraño, no eran comunes. Imparat comenzó a comer. Le dio algo de comida a Tania con la mano y esta la lamió ávida. Después le dio a Melís pero ella se negó.

—Melís, siempre debes aceptar lo que yo te doy y mostrarme tu deseo como lo hace tu hermana.

Ella echó una rápida mirada a Tania, que parecía suplicarle que lo aceptase y ella comió a regañadientes la comida que Imparat le ofrecía. Después de que Imparat cenase retiraron los platos y regresaron a su cuarto.

—Melís, lo has hecho muy bien—le dijo Tania—ahora tenemos que ducharnos. Después iremos a su cuarto—Melís le dio la espalda—se que no te gusta pero tenemos que hacerlo.

Se dieron una ducha juntas, era un consuelo para ambas tenerse la una a la otra. Melís se dio cuenta de que Tania tenía varias heridas en la cara interna de los muslos y el la vagina.

— ¿Él es muy duro?—le preguntó a Tania. Ella se dio cuenta de a que se refería e intentó ocultar las heridas.

—Tan solo a veces, otras es muy dulce—le dijo con un tono incluso de cariño.

— ¿Te gusta?—le preguntó Melís sorprendida.

—A veces sí, es extraño, no puedo evitarlo—Tania se estaba poniendo nerviosa pero Melís la abrazó y la tranquilizó.

—No te preocupes, no pasa nada.

Fueron al cuarto de Imparat, Tania llamó a la puerta y esperó a que le diera permiso. Entraron ambas a gatas. Imparat estaba sentado sobre la cama aun vestido y sonrió al verlas entrar. Tania se quedó quieta al pie de la cama arrodillada y Melís junto a ella.

—Melís, ponte de pie—Imparat observó el hermoso cuerpo de Melís, sus formas casi perfectas y bien proporcionadas y una piel suave aunque algo pálida, pero nada comparado con la extremada blancura de la piel de su hermana, debido a no salir a la luz del sol—acércate, siéntate aquí, estoy seguro de que mis caricias te gustarán mucho.

Melís se subió a la cama. No quería hacer aquello pero sabía que debía hacerlo para liberar a su hermana. Se sentó de lado sobre su regazo. Una de sus manos le acarició el cabello y descendió hasta sus nalgas. La otra mano le acarició las piernas hasta su muslo. Era extraño pero aquellas caricias no le desagradaban del todo. Le acarició el rostro suavemente y le dio un intenso beso en los labios. Ella correspondió y bebió ávida de sus labios. Aquello había comenzado como una violación pero Melís acabó por entregarse a él voluntariamente. Mientras ellos hacían el amor Tania observaba en silencio hasta que Imparat la llamó y se unió a aquel acto. Las caricias y lo besos de Imparat eran hipnotizadores y Melís disfrutó todo lo que pudo de ellos. Ya entendía porqué a Tania le gustaba. Cuando Imparat acabó regresaron las dos hermanas a su cuarto. Durmieron toda la noche abrazadas la una a la otra. Estaban muy cansadas y habían sido demasiadas emociones por un día, ya hablarían por la mañana, tenían mucho tiempo.

Al despertarse Melís, Tania la observaba con algo de tristeza.

— ¿Cómo te encuentras?—le preguntó.

—Tranquila, me encuentro bien, no te preocupes por mí—le contestó abrazándola y dándole un tranquilizador beso en la frente.

— ¿Qué has sentido?—preguntó Tania tras un rato— ¿te… te ha gustado?

Melís pensó en lo que había sentido aquella noche. Había experimentado extrañas sensaciones nuevas para ella, incluso con su propia hermana. Le habían gustado mucho las caricias de Imparat, eran muy distintas a las de cualquier otro y no tenía miedo ni se cortaba al acariciarla en lugares muy íntimos. Le había gustado también su sutil dominio, la forma que tenía de conseguir que ella hiciera cosas sin necesidad de hablar. Había estado hipnotizada por él y le había gustado. Había hecho cosas aquella noche que no se imaginaba ni en sus mayores fantasías. Nunca había hecho el amor con una mujer y aquella noche lo había hecho con su hermana y aunque le parecía horrible Imparat había conseguido que pareciese algo natural.

—Sí, me ha gustado—contestó al fin acariciándole el rostro.

Se dieron un largo beso en los labios, ya no era algo sexual para ellas, si no una forma de reconfortarse ambas. Salieron de la habitación y fueron a la cocina. Prepararon el desayuno y como la noche anterior se quedaron de rodillas a ambos lados de la silla de Imparat mientras éste comía. Cuando iban a retirar la comida él las detuvo.

—Esta noche no estaré yo, tengo cosas que hacer—Melís pensó que aquella era su oportunidad de escapar pero enseguida se desvaneció la ilusión—mi hermano estará con vosotras, y Melís, haz todo lo que él te diga si no quieres enfadarle.

Recogieron el desayuno y regresaron a su habitación. Melís no quería tener que obedecer las órdenes del hombre que había secuestrado a su hermana y le había destrozado la vida.

—Él no es como Imparat—dijo Tania que estaba sentada sobre la cama asustada, no por si misma, si no por su hermana—Báqet no es como Imparat.

— ¿Báqet, ese es su nombre? ¿Por qué dices que no es como él?—preguntó Melís sentándose junto a ella y abrazándola.

—Sus caricias no son iguales, son repugnantes, como si te tocase un monstruo. Huele muy mal y… y…—comenzó a sollozar y no pudo continuar la frase.

Melís la abrazó más fuerte y la acunó en sus brazos hasta que se calmó. Al poco rato un hombre entró por la puerta bruscamente. Un gran hedor a cloaca lo acompañaba y Melís recordó que había un olor similar la noche en que secuestraron a Tania.

—Tú eres su hermana, la otra niña—dijo el hombre con una voz que parecía salir de las entrañas de la tierra—Vamos, quiero jugar.

Salió de la habitación y Tania se apresuró a seguirle a gatas y tras ella Melís, aunque no le daba muy buena espina. Fueron hasta la sala de torturas. Nada más entrar comenzó a sonar de fondo aquella dulce nana que ya de por si era una tortura para ambas hermanas y que las aterrorizaba como si fuesen las mismísimas trompetas del juicio final. A Melís le entró mucho miedo aunque veía a su hermana no demasiado nerviosa. Al ver Tania que Melís se asustaba mucho con todos los aparatos de tortura rozó sus caderas contra las de ella suavemente y eso le dio más confianza a Melís. Pero enseguida esa tranquilidad se acabó porque aquel hombre la cogió por el pelo y la puso de puntillas. Melís emitió débiles gemidos a modo de quejas, ya que no se atrevía a decirle que no.

—Tienes un cuerpo muy hermoso—dijo Báqet con una voz gutural acariciándole con la punta de los dedos su torso de arriba a bajo.

Melís no sintió lo mismo con aquellas caricias que con las de Imparat. Le dio tanto asco el simple roce de su piel que casi vomitó lo poco que había comido. Pero él parecía disfrutar con el solo hecho de tenerla allí. Acercó su rostro al cuello de ella. Melís creyó que iba a besarla pero tan solo olisqueo su piel como su fuese un perro, y aquel hombre, si es que se le podía llamar así, se estremeció de placer. Melís tembló de miedo y de asco. No soportaba la presencia de aquel hombre y tenía miedo de no poder controlarse y cometer una estupidez; y su hermana tenía el mismo temor. A ella le había costado mucho llegar a controlarse ante él y había sufrido mucho por no poder hacerlo al principio. Temía que su hermana corriese peor suerte que ella (o mejor, depende como se mire) tal vez al ser adulta no le perdonase como lo había hecho tantas veces con ella y la matase sin piedad. Báqet ató las manos de Melís con una correa y la colgó de unas cadenas que caían del techo dejándola prácticamente sin tocar el suelo. Fue a un armario empotrado en la pared y regresó con una pala forrada de cuero en las manos. Las dos hermanas sabían lo que iba a pasar y tenían miedo. Comenzaron a sonar en toda la sala los azotes que le estaba propinando con la pala a Melís. Fuertes golpes sin piedad, a aquel hombre le daba igual el sufrimiento de Melís, incluso la angustia de Tania al ver a su hermana. Disfrutaba con cada golpe, cada eco que producía aquel estruendoso sonido. Melís no supo cuantos golpes, ni cuantos minutos u horas estuvo azotándola, quería dejar de sentir su cuerpo dolorido, porque no solo golpeaba sus nalgas, también sus pechos, sus piernas…todo su cuerpo. Tania no podía soportar más aquello, los golpes de la pala contra la piel de su hermana, los gritos de ésta con cada azote y las lágrimas que no cesaban de brotar de sus ojos. Ella había soportado durante años aquellas torturas y sabía que aquella no era la peor, pero sin embargo, a pesar de que los golpes no los recibía ella, estaba sufriendo más que nunca.

—Tania…

Un leve susurro salió de la boca de su hermana e hizo que despertase como si hubiese estado aletargada los últimos 17 años de su vida. Se levantó y mientras aquel monstruo estaba concentrado en golpear a su hermana se lanzó sobre él y le golpeó con todas sus fuerzas. Se quedó aturdido durante unos momentos y Tania aprovechó a coger la pala y con el mango le golpeó en la cabeza con ansia una y otra vez hasta que se la dejó machacada. La sangre brotaba de su boca y su nariz rota y unos espasmos inundaban su cuerpo moribundo. Tania bajó a su hermana de las cadenas y le dio un fuerte abrazo. A pesar de que tenía todo el cuerpo dolorido Melís correspondió al abrazo porque era más reconfortante que cualquier otra cosa.

—Vamos, tenemos que darnos prisa—dijo Tania desesperada.

Lo que acababa de hacer le parecía irreal y sin embargo se había quitado un gran peso de encima. Corrieron a toda prisa por el pasillo esperando que la puerta estuviese abierta. Era un largo pasillo que a ambas le parecieron eterno. De pronto un sonido siseante a sus espaldas y Tania cayó al suelo. De su boca brotaban espumarajos de sangre y sus ojos muy abiertos rápidamente se apagaron. Una flecha asomaba por su espalda. Melís calló de rodillas aterrorizada. Intentó desesperadamente despertar a su hermana aunque sabía que era inútil. Levantó la cabeza y con los ojos nublados por las lágrimas reconoció la figura de Imparat junto a ella y en sus manos llevaba una ballesta de la que acababa de salir la saeta que había acabado con su hermana.

— ¿Ya estás contenta?, mira lo que me has obligado a hacer. Ella estaba muy bien aquí antes de llegar tú. ¿Qué problema tenías? Anoche disfrutaste mucho conmigo y con Tania en la cama. ¿Por qué lo has estropeado?

Melís estaba ausente, no escuchaba las egoístas palabras de Imparat. Un profundo dolor la inundaba. Años de búsqueda, sin poder dejar de pensar en su hermana un solo día y ahora, cuando al fin la había encontrado, acaba muerta por querer salvarla. De pronto un ardiente odio sacudió cada célula de su cuerpo. Se lanzó contra Imparat sin pensar en nada más que la venganza, pero éste la tiró al suelo de un bofetón.

—Sigues sin entrar en razón. Veo que no vas a cambiar de opinión, no me dejas otra opción.

Apuntó la siguiente flecha al rostro ensombrecido de Melís, a quien ya le daba igual vivir o morir.

—Maldito bastardo—susurró ella antes de que la flecha atravesara su cabeza por el centro de su frente.

—Tú me has obligado.

Y con la nana de fondo el telón se baja
Y todos los espectadores vuelven a su casa.

3 sept 2008

Dulce Nana c1 [FanFic]

Título: Dulce Nana
Categoría: Original
Género: Yuri-Hentai (Hetero)
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura, Muerte de un personaje
Capítulo: 1 de 2 Finalizado: No
Resumen:
Cuando eran pequeñas secuestraron a una de las dos hermanas. Años después se reencuentran en la guarida del secuestrador.

Era de noche en un barrio de chalets de clase media. En la calle hacía frío, los cristales de los coches tenían una fina capa de escarcha y tan solo se podía oír el ulular del viento azotando los árboles. Una sombra escurridiza merodeaba oculta en algún lugar. En el interior de una de las casas un matrimonio dormía en la habitación contigua a la de sus hijas. Eran dos niñas pequeñas de 7 y 5 años. El ambiente en aquella habitación era cálido y reconfortante. Sonaba una dulce melodía, una de esas canciones de cuna para los bebes. Cada noche, Tania y Melís, las dos princesitas de la casa dormían con aquella dulce nana.

Una piedra chocó contra uno de los cristales de la habitación de las niñas rompiéndolo en miles de fragmentos. Las pequeñas despertaron del ligero sueño que aún les dominaba. La sombra, que largo rato llevaba merodeando oculta en los alrededores de aquella casa, entró por el cristal roto. Se movía sigilosa como un gato, tanto que Tania apenas se dio cuenta de su presencia antes de que la sedara y se la llevase de la casa. Melís, la pequeña, no pudo reaccionar y vio como aquella sombra sacaba a su hermana por la ventana paralizada por el terror y la sorpresa. Después no supo qué hacer. Se abrazó a Miya, su muñeca preferida y se puso a llorar en un rincón de la habitación sin dejar de escuchar un solo instante aquella nana tan tierna.

Todo había sucedido tan rápido y había tenido tanto miedo que no supo qué decir a la policía. No hubo ADN o huellas, ni tan siquiera una descripción para poder identificar al secuestrador, nada. No hubo una llamada pidiendo un rescate o alguna nota con un mensaje político, nada. No hubo sospechoso ni condenado por aquel acto, para que aliviase una ínfima parte el dolor de la familia, nada. No hubo rastro de Tania, ni tan siquiera su cadáver, nada.


Habían pasado 17 años desde que aquella horrible noche y, a pesar de que entonces Melís tan solo tenía 5 años, no había podido olvidar un solo día lo ocurrido. Cada noche seguían torturándole pesadillas y recuerdos, culpas y penas, en sus sueños y en la realidad. Se sentía muy culpable por lo sucedido aquella fatídica noche. “Pude hacer algo, pude gritar, llorar y despertar a mis padres, tal vez así Tania seguiría conmigo”. Se repetía una y otra vez todas las noches mientras apretaba fuertemente contra su pecho a Miya, su muñeca desde que era bebé. Había probado cientos de fármacos y terapias y ninguno conseguía aliviar lo más mínimo su sentimiento de culpa.

Una tarde, cuando Melís regresó a su casa, se encontró un pequeño paquete en el buzón. Cuando entró en su piso y lo abrió se dio cuenta de que era una cajita de música. Pensó que era un regalo de Nick, su “algo más que amigo”. Dio cuerda a la pequeña cajita y cuando la música comenzó a sonar miles de recuerdos infestaron su mente. La piedra rompiendo la ventana. La sombra deslizándose por ella. Su hermana inconsciente. El silencio que lo siguió. Era la nana que sonaba aquella horrible noche y que no había vuelto a oír desde entonces. Antes de que siguiese aquella endemoniada melodía lanzó la cajita contra la pared rompiéndola en pedazos. Para Melís aquella inocente canción simbolizaba la muerte, la impotencia y la culpa. No sabía quién le había enviado aquello, pero sin duda era un mal presagio para ella.

Una mañana de vuelta a casa Melís vio en un cubo de basura algo familiar. Se acercó a él algo temerosa y observó estupefacta a Miya, su muñeca amada, con las ropas rotas, las extremidades desgarradas dejando ver el algodón de su interior y cubierta por algo rojo que parecía sangre. Melís lanzó un grito ahogado. No podía creer que su muñeca estuviera allí en aquellas condiciones. Lo que más le aterrorizaba es que alguien había entrado en su piso para conseguir la muñeca y no sabía si aún seguía allí. Llamó rápidamente a la policía. Un coche patrulla acudió enseguida. Dos policías subieron a su piso y al bajar le dijeron que no había nadie y que no habían forzado la cerradura. Al entrar en su apartamento Melís se dio cuenta de que todo estaba igual que cuando lo había dejado, salvo por Miya. Fue corriendo a buscarla pero no estaba, como había supuesto la muñeca del contenedor era la suya. No dejaba de preguntarse quién podía haberlo hecho, si era solo una broma de mal gusto o algo más. Sus padres eran los únicos que tenían una copia de la llave, al menos que ella supiese, y estaba segura de que ellos no tenían nada que ver.

Aquella noche no fue capaz de quedarse en aquel piso. Fue a dormir a casa de una amiga durante varios días. Regresaba a casa de su amiga de pasear al perro de esta. Se había hecho de noche y ya apenas había gente por la calle. De pronto Duqués, el perro, se puso nervioso y comenzó a tirar de la correa en dirección a una calle desierta. Melís no quería ir hacia allí, tenía mucho miedo de estar sola por la calle de noche, pero Duqués era un Bóxer de gran tamaño y fuerza, así que se soltó casi sin problemas. Se adentró en aquella calle y Melís fue tras él, no sin pensárselo un poco antes. Siguió al perro hasta la puerta abierta de un garaje. Duqués había entrado allí, pero Melís no estaba muy segura de querer hacerlo. Al final pensó que era imposible que lo hubiesen llamado hasta allí así que entró. Bajó por la rampa y llamó a Duqués, oía los ladridos de este a lo lejos y los siguió. Pasó a través de una puerta entreabierta. Tan solo tenía la luz del garaje a sus espaldas, buscó un interruptor pero no lo encontró. De pronto se cerró pesadamente la puerta a sus espaldas y una luz verdosa iluminó suavemente el corredor. Comenzó a sonar una música al fondo del pasillo y Melís la reconoció al instante, era aquella dulce nana que le provocaba tanto temor. La misma que había amenizado el secuestro de su hermana. Tenía mucho miedo, quería regresar a su casa, meterse bajo la cama y abrazar fuertemente a Miya, pero Miya ya no estaba, había quedado descuartizada y ensangrentada en la basura y su casa ya no era segura para ella y dudaba de que hubiese algún lugar seguro. Intentó abrir la puerta pero no pudo, parecía atrancada. No tenía otra opción, siguió el sonido que para ella simbolizaba el sufrimiento. El corredor le parecía infinito, pasó frente a muchas puertas que no se molestó en abrir hasta que llegó a una que se daba a una amplia sala. Era oscura y estaba llena de horripilantes aparatos de tortura en los que ni siquiera quiso fijarse. El suelo estaba cubierto de sangre y alguna muy reciente. Vio algo en un rincón, era el cuerpo de una mujer. Se acercó creyéndola muerta pero de pronto abrió los ojos. Dio un salto hacia atrás del susto y aquellos ojos la llenaron de recuerdos. Sabía con toda certeza que eran los de su hermana. A pesar de que era muy pequeña el día que ocurrió el secuestro, cada día observaba una foto de su hermana, siempre la llevaba consigo y reconocería aquellos ojos en cualquier lugar. La abrazó, la abrazó muy fuerte y ella le devolvió débilmente el abrazo, no sabía si le había reconocido o si era simplemente porque lo necesitaba, pero en aquel momento no le importó. Tras un rato, no supo si segundos o minutos, se apartó suavemente de ella. La observo largamente. Estaba cubierta de sangre y desnuda. Su piel mostraba cicatrices seguramente causadas por aquellos aparatos de tortura, algunas eran recientes, aun sangrantes y otras estaba claro que se las habían inflingido hace mucho tiempo.

—“Él, él, él…—susurró apenas con un hilo de voz.

— ¿Quién es él?—le preguntó Melís.

Un profundo terror afloró en Tania, comenzó a temblar y a llorar, aunque parecía que ya apenas le quedaban lágrimas. Tras unos minutos llorando Tania se sobresaltó.

— ¡Vete, vete! Mi Señor se enfadará si te ve.

— ¿Tu señor, quién es tu señor?

Tania tenía los ojos muy abiertos y estaba temblando.

—Él, quien me llevó—Melís supo enseguida a quien se refería.

No sabía muy bien que hacer, no podía salir de allí y por otro lado tampoco quería. Le entró un súbito deseo de venganza. Veía el estado tan demacrado de su hermana y quería hacérselo pagar a su maltratador.

— ¿Ya os habéis saludado tras tantos años?

Aquella oscura voz sonó a sus espaldas. Ambas se sobresaltaron. Melís se giró hacia el hombre y con una mezcla de ira y miedo se atrevió a mirar a sus ojos verdes. Eran muy fríos y mostraban un extraño deseo tan lujurioso aunque contenido hacia ella que le hacía temblar de pies a cabeza. Se quedó paralizada, no era capaz de mover un solo músculo a causa del miedo. Aquel hombre, de unos cuarenta años, se acercó a ella y Melís pudo ver claramente bajo la penumbra de las luces verdes sus facciones. A pesar de lo que había imaginado era un hombre muy atractivo, de una belleza sutil, tenía un rostro bien cuidado y un cabello negro sedoso y brillante. Aquel hombre no encajaba allí y sin embargo Melís estaba segura de que él era el secuestrador y maltratador.

— ¿Por qué no me acompañas?, quiero hablar contigo—Melís pudo controlar de nuevo su cuerpo y su primer impulso fue golpearle pero él la esquivó sin ningún problema. Le puso los brazos a la espalda inmovilizándola—tranquilízate, así no conseguirás nada—le susurró al oído, y todo su cuerpo tembló.

Una suave carcajada salió de la boca de aquel hombre. La llevó sujeta por otro corredor algo más iluminado. Parecía el pasillo de cualquier casa salvo por el olor a muerte del ambiente. Tania les seguía apenas a un metro, andando a cuatro patas. Mantenía la cabeza gacha y no emitía ningún sonido. Aquella no era la primera vez que andaba así, se podía ver las llagas de sus rodillas y sus manos. Llegaron hasta una habitación en apariencia confortable. Había una gran televisión en una pared con la imagen del fuego de una chimenea, incluso tenía el sonido del crepitar del fuego. Frente a ella había una mesita de cristal baja y dos sillones opuestos. Había algunos cuadros en las paredes y espejos. La habitación estaba iluminada por la luz del televisor y de dos lámparas de poca potencia. El hombre sentó a Melís en uno de los sillones. En cuanto la soltó ella se revolvió e intentó alejarse pero él la retuvo.

—Tania, trae las cuerdas—ordenó el hombre. Ella fue rápido, aun a gatas y enseguida regresó ya erguida con unas cuerdas en las manos. Ató a Melís al sillón, ésta la miraba incrédula, no sabía como era posible que su propia hermana le hiciese aquello sin rechistar. Cuando acabó fue junto al hombre, que se había sentado frente a Melís—Muy bien mi pequeña—le dijo acariciándole la melena—ve a lavarte, estás muy sucia.

Ella obedeció y salió de la habitación por otra puerta a gatas. Aquel extraño hombre se quedó a solas con Melís. Se observaron mutuamente. En la habitación tan solo sonaban las chispas de fuego y la dulce melodía de aquella nana ya había desaparecido.

— ¿Qué le has hecho, por qué se comporta así?—le preguntó muy nerviosa. Él esbozó una maliciosa sonrisa.

—La he enseñado a servirme y serme fiel, ahora ella hace todo lo que yo deseo—la furia inundó a Melís.

— ¿Cómo te has atrevido a hacerle eso? Maldito bastardo—él lanzó una gutural carcajada.

—Tranquilízate, enfurecerte no sirve de nada, por cierto, mi nombre es Imparat, no bastardo.

—Me da igual tu nombre, suéltame, no voy a permitir que le sigas haciendo esto a mi hermana.

—Yo no le hago nada, ella puede irse cuando lo desee. Todo lo que hace lo hace porque quiere.

— ¡Eso es mentira!

—Si no me crees pregúntaselo cuando vuelva. Pero hasta entonces ¿Por qué no te relajas y charlamos tranquilamente? Estoy seguro de que tienes muchas preguntas que hacerme.

Melís intentó controlarse, sabía que en aquel estado no conseguiría nada. Quería saber más, las razones de todo aquello y tenía la oportunidad de conocerlas.

— ¿Por qué la secuestraste?—le preguntó a Imparat.

—Primero tendrías que preguntarme quién la secuestró ¿no crees?—aquella respuesta le sorprendió mucho, no había pensado que pudiese haber sido otra persona.

—Entonces ¿quién fue?—hubo un breve silencio.

—Mi hermano—contestó al fin Imparat—tiene la extraña necesidad de secuestrar mujeres para luego torturarlas hasta matarlas. Pero tu hermana fue la excepción, normalmente solo secuestra mujeres adultas y a mí no me importa—lo decía con tanta tranquilidad que parecía algo normal, tan solo un juego—pero cuando se presentó con una niña pequeña no pude consentírselo. Yo quería devolverla a su casa pero estaba tan encaprichado con ella que permití que se la quedara con la condición de no matarla ni tratarla demasiado mal hasta que fuese mayor.

—Eres un monstruo—susurró Melís pasmada.

—Te equivocas, el monstruo es mi hermano, yo tan solo le consiento las cosas, al fin y al cabo lleva mi sangre aunque esté loco.

— ¿Y por qué no me secuestró a mí en lugar de a mi hermana?—se había hecho aquella pregunta cientos de veces.

—Eso no lo sé, solo mi hermano sabe porqué lo hace—y seguía sin tener respuesta.

— ¿Y dónde está tu hermano?

—No lo sé, por la noche sale a buscar víctimas y a otras cosas que no me cuenta, si quieres verlo tendrás que esperar a que vuelva, aunque no tienes prisa porque no voy a permitirte salir de aquí.

Eso ya se lo suponía, no habría sido normal que la dejase marchar con todo lo que sabía. Estuvieron un rato en silencio hasta que entró de nuevo en la habitación Tania. Iba a gatas, seguía desnuda aunque iba más limpia que antes. Se sentó junto a Imparat con la cabeza gacha. Éste la observó unos segundos.

—Levántate, que te vea tu hermana bien—Tania se levantó en seguida e Imparat la puso frente a él. Ella miró a Melís con unos ojos apagados, no había brillo en ellos, solo sufrimiento y sumisión—Se ha convertido en una hermosa mujer ¿verdad?—comenzó a acariciarle el trasero, ella no hizo nada para evitarlo. Después con la otra mano le acarició el sexo. Tania emitió unos suaves gemidos. Imparat sonrió aun más—y es sólo mía. Mi hermano se cansó de ella y ahora la tengo únicamente para mí. Hace todo lo que yo deseo sin una sola queja.

La sentó en su regazo y comenzó a acariciarle los pechos. A Tania no le gustaba aquello pero se mantuvo en silencio, inexpresiva como siempre.

— ¿Por qué le haces eso si dices que no eres un monstruo?—le preguntó Melís.

—Porque me divierto, además ella no sufre, al contrario, disfruta mucho.

— ¿Disfrutar? Yo no creo que disfrute, yo solo veo sufrimiento en su rostro.

—En realidad lo que tú veas me da igual, dentro de poco estarás muerta.

Tania emitió un ahogado grito.

—Mi señor ¿no podría dejarla vivir? Es mi hermana, puede ser su esclava como lo soy yo.

— ¿Tanto te importa? Está bien, la dejaré vivir, será otro juguetito, pero si intenta algo morirá—Imparat se levantó y se dirigió a la puerta—Os dejaré un rato a solas para que habléis pero no la desates— salió de la habitación. Tania se acercó a gatas a Melís.

— ¡Rápido, desátame, podemos escapar!—le apremió Melís, pero Tania no se movió

—Lo siento pero mi Señor me ha dicho que no lo haga.

— ¿Y siempre haces lo que él te dice?

—Tengo que hacerlo, lo siento—en su rostro apareció una gran pena por recuerdos pasados y Melís se dio cuenta de que no la haría cambiar de opinión.

—Has sufrido mucho. Lo siento, siento no haber hecho nada aquella noche.

—No, tú no pudiste hacer nada, pero ahora sí, al menos para salvar tu vida.

—No Tania, yo no voy a ser su esclava como lo eres tú, no podría.

—Pero tienes que hacerlo si quieres vivir, al menos hasta que puedas escapar—Tania deseaba que su hermana escapase, que no sufriese todo lo que había sufrido ella, aunque no podía contribuir en su huida o su castigo sería muy grande, tal vez la muerte. Melís no sabía qué decirle a su hermana, sabía que todo lo que le preguntase la haría sufrir. Tania se levantó, se sentó en el regazo de Melís y la abrazó fuertemente—por favor, se su esclava hasta que puedas escapar, no te enfrentes a él—le susurró al oído.

Se quedaron abrazadas hasta que de nuevo entró Imparat en la habitación. Tania bajó rápidamente al suelo y se puso junto a él.

— ¿Estás dispuesta a ser mi esclava?—Melís pensó unos momentos y miró al rostro triste de su hermana.

—Sí, lo seré.

—Bien—una gran sonrisa apareció en el rostro de Imparat—Tania, desátala y llévala a tu cuarto. No intentes huir porque no lo conseguirás Melís. Ah, y enséñale lo que tiene que hacer.

— ¿Lo mismo que yo?

—Por supuesto.