NO DOY PERMISO para publicar ninguno de mis fanfics en ninguna plataforma.
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11 oct 2008

¡¡10.000 Visitas!!





Casi no puedo creerlo, al fin 10.000 visitas. No pensé que este momento llegara tan rápido *Llorando de felicidad*

Muchísimas gracias a todos los que me visitan y espero que lo sigáis haciendo.


Me gustaría mucho recibir comentarios vuestros con sugerencias para mejorar el blog o con vuestra opinión.


Arigatou por todo ^^

6 sept 2008

A la sombra de mi hermano [FanFic]

Título: A la sombra de mi hermano
Categoría: Inu Yasha Personajes: Sesshomaru, Inu Yasha
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Incesto
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen:
Inuyasha siempre ha sido ignorado por su hermano, por mucho que lo intentara no conseguía que le prestara atención. Tras cuatro años sin verse Inuyasha va a encontrarse con su hermano pero sigue ignorándolo. Decide que no se marchará hasta que le explique la razón de ello.

Siempre a la sombra de aquel hombre. Siempre mirándole desde abajo, contemplando aquellos cabellos plateados que ondulaban frente a mí cegándome con su brillo. Aquel hombre frío y calculador que miraba a todos por encima del hombro. Tan soberbio, sin que nadie se atreviera a encararle. Todos se callaban y desviaban la mirada cuando se cruzaban con aquellos ojos dorados tan crueles. Nunca he visto una sonrisa en su rostro, tan solo muestras de desagrado. Nunca he escuchado palabras dulces de su boca, tan solo palabras descaradas e insultantes. Siempre he intentado que me notara. No sabía porqué pero necesitaba hacerme ver ante él. Pero era inútil, siempre que me acercaba él me daba la espalda. Siempre que le hablaba él me ignoraba.
Se marchó en cuanto pudo de casa, sin importarle para nada su familia, sin que yo le importara nada. Se fue a la universidad en otra ciudad y nos dejó olvidados. En mis 14 años de vida hasta entonces no había sido capaz de hacerme notar, probablemente para él no era más que un mosquito que rondaba a su alrededor. Tras cuatro años, sin verlo ni una sola vez, sin poder sacarlo de mi cabeza, estaba frente a su apartamento, sin conocer cual era exactamente su piso, esperando a que él saliera, sudando por el asfixiante calor del verano. Acababa de terminar el instituto y lo primero que había hecho era ir a verle ¿me notaría? Ya no era un mocoso, había crecido aunque seguía sin ser tan alto como él, me había esforzado por ser un adulto lo más rápido posible para que al fin me mirase. Sentado en aquel banco enfrente de su puerta lo vi pasar soberbio, no había cambiado nada, seguía teniendo aquel aura que nunca supe definir.
—Her-hermano…—dije en un susurro, la voz no quería salir de mi garganta— ¡Sesshomaru! ¡Hermano!—grité al fin corriendo hacia él.
— ¿I-inu Yasha? ¿Qué demonios haces tú aquí?—me preguntó mirándome mal.
—Yo… quería verte. Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste. ¿Por qué no has regresado ni una sola vez?—me agarré a la chaqueta de su traje y agaché la cabeza para que no viera como mis ojos se comenzaban a humedecer en contra de mi voluntad—Yo… te echaba d-
—Aparta, tengo que ir al trabajo—me dijo empujándome a un lado con un brazo.
—Ah… ¿n-no vas a decirme nada?—fui de nuevo tras él y me sentí igual que de pequeño, observando aquellos cabellos que habían crecido aun más.
Sin una palabra más aquel hombre entró en un coche y se marchó. Me quedé de pie mirando la calle por la que había desaparecido. Mi hermano, al que no había visto en cuatro años, ni tan siquiera me había mirado. Me había ignorado de la peor forma y mi corazón dolía como si me hubieran clavado cientos de dagas al rojo vivo. Me quedé sentado en el banco, esperando que a su regreso al menos me mirase, me conformaba con un solo “hola”. Era de noche, casi las doce, y aun no había regresado. Mis tripas gruñían, no había comido nada en todo el día desde el desayuno, no me atrevía a moverme de allí por si regresaba. Me dolía la cabeza, me había dado demasiado el sol, me sentía realmente mal. Sin darme cuenta comencé a cerrar los ojos hasta quedar inconsciente.
Cuando recuperé la cabeza, aun sin abrir los ojos, me sentí en un lugar cómodo y mullido. Había un olor que me recordaba el pasado. Abrí los ojos y vi el techo blanco de una casa y unos mechones plateados caían a mi lado.
—Ah! ¿Hermano? ¿Qué ha pasado?—pregunté incorporándome rápidamente, sintiéndome mareado.
Sesshomaru me empujó sobre el sofá en el que estaba tumbándome de nuevo. Me entregó una botella de refresco energizante y se marchó del salón. Regresó enseguida con una bandeja llena de comida. No sabía como reaccionar, ¿me estaba cuidando? ¿Mi hermano el que nunca se había preocupado por nadie que no fuera él?
—Hermano…
—Come—ordenó tajantemente.
No me atreví a desobedecerlo. Comencé a comer mirándole de reojo. Él estaba sentado a mi lado pero parecía que estuviera solo, no me miraba, como si no existiera, igual que cuando era pequeño. No dejé ni una migaja, estaba hambriento y realmente era delicioso. Cuando acabé me giré y me quedé mirándole fijamente.
—Gracias—no sabía que decir, de que hablar con aquel hombre.
— ¿Por qué has venido?—me preguntó.
—Yo… quería verte. No has ido a casa en cuatro años y te echaba de menos, quería volver a verte—le agarré por la manga de la camisa, sintiendo que en cualquier momento se alejaría de mí.
— ¿Cuántos años tienes ya? Sigues siendo un mocoso—me dijo con cara de desagrado.
— ¡No lo soy!—grité enfadado— ¿me llamas mocoso solo porque quiero ver a mi hermano mayor?
—No me molestes más, regresa a casa—ignoraba mis palabras como siempre.
— ¡No voy a irme! ¡Tendrás que echarme a patadas! ¡No me voy a mover de aquí!—le dije cruzándome de brazos con el ceño fruncido.
—Así es precisamente como se comporta un mocoso—me dijo levantándose, dándome la espalda.
—Pues, pues… si yo soy un mocoso tu eres… eres… ¡un idiota!—grité alterándome cada vez más.
—Esas son unas palabras muy adultas—dijo sarcásticamente.
— ¡Yo soy adulto! Tengo 18 años y… y ya puedo conducir, beber y vivir solo y voy a ir a la universidad, a la misma que tú y… y…—cuanto más lo pensaba más me daba cuenta de que me estaba comportando como un mocoso. No lo entendía, yo era muy adulto, más que cualquiera de mi edad. Sin embargo ahora que estaba junto a él me comportaba como el niño que era antes.
— ¿Has acabado?
—Yo… yo… yo me he esforzado mucho. Cuando te marchaste pensé que en parte era por mi culpa, porque era un mal hermano, porque no sabía comportarme. Me esforcé por hacerme adulto, por parecerme más a ti. Estudié muy duro para poder alcanzar tus calificaciones y poder ir a la misma universidad—las lágrimas querían salir, sentía un nudo en la garganta y temblaba, estaba perdiendo completamente el control—incluso… incluso me dejé crecer el pelo para que se pareciera más al tuyo pero ni largo se parece. El tuyo es mucho más brillante y hermoso—ya era inevitable, las lágrimas corrían libres por mis mejillas y yo las intentaba ocultar inútilmente—Siento haberte molestado, ya me marcho.
Me levanté y me dirigí rápidamente a la puerta. Nada más coger el pomo y abrirla un poco Sesshomaru la golpeó desde mi espalda cerrándola. Intenté darme la vuelta pero él me inmovilizó contra la puerta. Puso una de sus piernas entre las mías, me agarró por las muñecas poniéndolas en alto y empujó su cuerpo un poco contra el mío.
—Tú no sabes todo lo que estás diciendo ¿verdad?—me susurró al oído haciendo que un escalofrío me recorriera toda la columna.
— ¿Hermano? ¿Qué pasa?—aquella era la primera vez que Sesshomaru me tocaba tanto, nunca había sentido su cuerpo tan cerca, no sabía que fuera tan cálido.
—Siempre has estado rondando a mi alrededor como un cachorro hambriento, ansioso por que te prestara atención. Siempre me seguías, intentabas hacerte ver, destacar entre el resto para que te mirara. Y yo siempre Intentaba mantener la calma, controlarme intentaba alejarme de ti, ignorarte. Pero tú me lo ponías realmente difícil—me decía con una agitación que nunca había notado en su voz siempre tranquila, sintiendo su aliento en mi cuello—Al fin conseguí alejarme de ti hace cuatro años, conseguí estar en calma… y ahora tú vienes aquí como un cachorro igual que antes. Me dices que me echabas de menos, que intentabas parecerte a mí, que querías verme. Sigues siendo un mocoso aunque con un cuerpo más adulto y cada vez tengo menos razones para controlarme. Si no quieres sufrir y que te traumatice no vuelvas a acercarte a mí nunca más.
Se apartó un momento de mí y rápidamente abrió la puerta para echarme fuera y cerrarla de golpe a mi espalda. Me quedé paralizado de rodillas en el suelo, confuso, sin entender bien lo que había dicho, a qué se refería exactamente. Por mucho que pensaba me era imposible entender todas sus palabras, pero tenía que hacerlo, tenía que entender todo aquello y solo él podía explicármelo. Me quedé sentado contra la puerta de su apartamento esperando verle a la mañana siguiente. Tocaba mis muñecas recordando el tacto de sus manos, nunca lo había sentido tan cerca de mí, no sabía que su cuerpo fuera tan cálido. Me quedé dormido allí sentado, sin haber dejado de pensar en sus palabras ni un minuto.
A la mañana siguiente la puerta se abrió y yo me golpeé la cabeza contra el suelo despertándome.
— ¿Qué haces todavía aquí?—me preguntó Sesshomaru mirándome con el ceño fruncido.
Me escabullí por un rincón y entre al apartamento. Fui al salón y me senté en el sofá.
—No me voy a mover de aquí hasta que me lo expliques, no entiendo la mayoría de las cosas que me has dicho. Sé que siempre te estuve siguiendo pero ¿por qué tú tenías que controlarte? No lo entiendo ¿controlarte de qué? ¿Es que querías pegarme o algo así?—le pregunté y me quedé esperando una respuesta. El silencio de Sesshomaru me parecía eterno.
—Sigues siendo un mocoso—contestó tras un suspiro.
—Pues si lo soy explícame las cosas como lo harías con un niño—le dije comenzando a enfadarme.
—No puedo—se acercó despacio a mí.
— ¿Por qué no?
—Porque esto no se lo puedo hacer a un niño—me cogió por el cuello y se inclino sobre mí.
Juntó sus labios a los míos ¡me besó! Pude sentir el calor de sus labios, su lengua lamiendo los míos, sus cabellos cayendo sobre mí. El tiempo se paró, me sentí en otro mundo. Mi corazón golpeaba en mi pecho con gran fuerza. Sesshomaru se separo de mí y se alejó unos cuantos pasos dándome la espalda. Me quedé paralizado, sin poder reaccionar, mi mente estaba completamente en blanco.
— ¿Lo entiendes ahora? Márchate por favor, si sigues aquí no voy a poder contenerme—me dijo sin mirarme. En un impulso corrí hacia él y le abracé desde atrás, me aferré muy fuerte a él. No sabía qué decir, simplemente no quería soltarle—Inuyasha ¿sabes lo que haré si sigues así?—como respuesta yo tan solo lo abracé más fuerte.
Sesshomaru entrelazó una de sus manos con la mía, la separó y se la llevó a los labios, besó mis dedos y se los metió en la boca lamiéndolos. No pude contener algún gemido que me sonaron realmente extraños. La sensación de mis dedos en aquella cavidad tan cálida y húmeda hacía que me recorrieran escalofríos por todo el cuerpo. Cuando los sacó lamió mi muñeca y se quedó un instante en silencio sin soltarme.
—Si no te marchas ahora mismo llegaré hasta el final—me advirtió.
Me solté un momento de él tan solo para encararle y abrazarle de nuevo.
—Es mi primera vez así que se gentil ¿vale?—le dije sonriendo.
—Mocoso…—susurró volviendo a besarme.
Me invadió con su lengua aprovechando mi boca abierta. Un beso mucho más intenso, mucho más apasionado. Me llevó hasta el sofá y me tumbó en él sin dejar de besarme. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, deslizándose bajo mi ropa. Nunca pensé que los dedos de mi hermano pudieran acariciarme con tanta delicadeza. Corrientes eléctricas recorrían mi cuerpo a cada contacto y cada vez ansiaba más. Sesshomaru se deshizo rápidamente de mi camiseta y su camisa y comenzó a besar y lamer mi cuello y mi pecho. Yo gemía cada vez más, enredaba mis dedos en su cabello plateado que nunca creí poder tocar de ese modo. Sesshomaru siguió dejándome marcas en mi cuerpo y caminitos de saliva que descendían hacia mi vientre y siguieron bajando. Me quitó el resto de mi ropa, dejándome completamente desnudo. Me observó unos momentos mientras mi rostro se sonrojaba cada vez más.
—Has crecido mucho, tienes un cuerpo realmente lindo—Deslizó su lengua por mi pierna llegando hasta los muslos.
—No digas esas cosas, me da vergüenza—le dije cubriéndome el rostro.
—No te ocultes, quiero ver todas tus reacciones—me dijo apartando mis manos.
Volvió a mis piernas, a lamer la cara interna de mis muslos para llegar a mi miembro y lamerlo de abajo arriba y luego metérselo en la boca por completo.
—Ah! Hermano… no chupes ahí, estoy sucio—gemí sin poder creer lo que estaba haciendo.
—No me importa, he esperado mucho tiempo por esto y pienso hacer todo lo que imaginado en mis fantasías—volvió de nuevo a besar mis labios—ya es muy tarde para detenerme.
Comenzó a lamer mi miembro que no podía estar más duro. Todo mi cuerpo temblaba y sufría espasmos incontrolables. Sus manos seguían recorriendo mi cuerpo y sus cabellos caían encima de mí como cientos de dedos acariciándome. Aquello seguía pareciéndome un sueño, no podía creer que mi hermano quisiera hacer algo así conmigo, con alguien que no le llegaba ni a la suela de los zapatos. Llevó dos de sus dedos a mi boca e hizo que los lamiera, me supieron extremadamente deliciosos aquellos dedos tan delgados y largos.
—Se-Sesshomaru… para… voy a venirme—dije intentando apartar su rostro de mi entrepierna sintiéndome estallar.
—Hazlo—aquella palabra fue mi detonante, como si hubiera sido una orden me vine en su boca.
—Wa! Lo siento yo…—vi como mi hermano se relamía los labios y tragaba todo mi líquido, dejándome sorprendido.
—No te preocupes por esas cosas—me dio un pequeño beso y regresó a mi entrepierna.
Levantó mis piernas e introdujo su lengua en mi entrada. Yo quería decirle que aquello era sucio, que no lo hiciera, pero sabía que no se detendría, que ni tan siquiera me escucharía. Introdujo los dedos que yo mismo había lubricado, uno a uno aunque sin demasiada delicadeza. Me dolía mucho, gritaba y me retorcía pero el otro brazo de Sesshomaru rodeó mi espalda en un abrazo y me besó ahogando mi voz.
—Relájate o te dolerá mas—me susurró besándome dulcemente.
Rodeé sus hombros con mis brazos enterrándolos en sus cabellos. Sesshomaru se desabrochó el pantalón, sacó sus dedos y los sustituyó por su miembro erecto. Metió primero la punta muy despacio y cuando estuvo a la mitad acabó de meter el resto de una embestida. Mi espalda se arqueó y pegué un fuerte grito, agarrándome fuertemente a los hombros de mi hermano. Él se quedó quieto, pude escuchar su respiración algo acelerada. Cuando el dolor se calmó un poco le di un beso, haciéndole entender que podía moverse. Se apartó un poco y comenzó a moverse despacio. Me observaba con un brillo en los ojos que nunca había visto, realmente parecían arder.
—Eres muy estrecho—susurró con lo que me pareció una mueca de placer en su rostro.
—No es eso, la tuya es muy grande—le contesté sintiendo aquella invasión realmente agradable aunque algo dolorosa.
Las embestidas comenzaron a aumentar de velocidad, llegó un momento en el que sentí que me iba a romper, pero las suaves caricias de Sesshomaru y sus cabellos cayendo sobre mí me calmaban. Nunca pensé que mi hermano, el que jamás me miró, podría ser así de dulce conmigo. Comenzó a masturbarme y a lamer mi cuello mientras yo temblaba y gemía sintiendo que mi cabeza se iba. Podía sentir sus latidos tan agitados como los míos ¿Cómo mi hermano podía alterarse tanto? Jamás le había visto así. Sesshomaru se vino en mi interior, sentí todo su semen caliente inundando mi interior. Un segundo después yo me volví a correr entre nuestros vientres, con mi rostro cubierto de lágrimas, mezcla de dolor y felicidad. Me abrazó sin salir de mi interior con su rostro en el hueco de mi cuello.
— ¿Me odias?—me preguntó con una voz que parecía que iba a echarse a llorar.
Acaricié sus cabellos y su blanca espalda, consolándolo. Me di cuenta del fresco olor de su pelo, nunca lo había tenido lo suficientemente cerca como para percibirlo.
—Te amo. Siempre, siempre, siempre te he amado y siempre lo haré—levanté su rostro para que me miraba, vi un brillo en sus ojos que nunca antes había estado ahí—eres mi hermano mayor, al que siempre me he querido parecer. Creía que yo te disgustaba pero ahora que sé que no es así, yo soy muy feliz—le dije con una sonrisa.
—… Sigues siendo un mocoso…—me dio un tierno beso que duró mucho tiempo.

4 sept 2008

Recuperar el corazón tras la desgracia [FanFic]

Título: Recuperar el corazón tras la desgracia
Categoría: Inu Yasha Personajes: Sesshomaru, Kohaku
Género: Yaoi
Clasificación: Todos los públicos
Advertencia: No
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen:
Este fic está dedicado a las víctimas y los familiares del accidente de avión ocurrido hace poco en España.
Sesshomaru ha perdido a su amante en un horrible accidente de avión y piensa que jamás podrá recuperar el corazón que le había entregado a esa persona.


Subo l avión ns bmos qand yege

“Subo al avión, nos vemos cuando llegue” Ese fue lo último que supe de mi amante. Ese mensaje que me envió antes de montar en aquel avión que lo llevaría a la muerte.

Cuando vi el accidente en la televisión mi corazón se rompió y pensé una y otra vez que era imposible, aquel no podía ser el avión que había cogido, no podía ser una de las docenas de personas que habían muerto quemadas en aquel accidente. Me negaba a creerlo. Pensé que era un mal sueño, la peor de las pesadillas. Hasta que la endemoniada llamada me hizo ver que era real. Aquella persona había desaparecido para siempre, la persona que más amaba, la persona que tanto me había costado conquistar, la persona que había robado mi corazón, un corazón que ahora estaba carbonizado entre los restos del avión.

En esos momentos y durante mucho tiempo, yo no fui nada más que un zombi, sin prestar atención a nada, sin que ninguna persona significara nada para mí, el mundo estaba vacío.

—Señor Sesshomaru, ¿desea algo más?—me preguntó el sirviente de mi “pequeña” casa en París (comparada con las otras) a la que acababa de llegar, tras haberme servido un té.

—No, puedes retirarte y no me molestes hasta la cena—le contesté sin tan siquiera mirarle.

Observaba sentado en mi sillón desde la planta privada en la Tour Montparnasse, el hermoso paisaje de París, aquella ciudad que tanto me recordaba a mi añorada persona y que tanto amaba. Siempre que tenía tiempo, siempre que podía descansar de mi estresante trabajo, iba a esa ciudad que me hacía sentir regresar al pasado. Al pasado sin dolor, al pasado en el que no me había enamorado, en el que mi corazón seguía frío pero dentro de mi pecho, al tiempo en el que no conocía el verdadero dolor. Regresaba una y otra vez a aquella ciudad con la esperanza de que las heridas que permanecían abiertas, ardiendo dentro de mí, cicatrizaran y desaparecieran de una vez. Pero eso no ocurría.

—Señor Sesshomaru, la cena está preparada—me dijo el sirviente desde el umbral de la puerta.

—Está bien, enseguida voy.

—Sí, Señor.

Tras la cena el viejo sirviente se puso frente a mí con cara de preocupación.

—Disculpe Señor, ¿podría hablar con usted un momento?—me dijo.

— ¿Qué sucede?

—Ayer ingresaron a mi hermano en el hospital por una enfermedad y yo debería estar con él ya que su esposa no se encuentra muy bien. Si me lo permite me gustaría ir con él. Mi hijo podría encararse de mis tareas aquí, al menos hasta que mi hermano mejore. Por supuesto solo si usted me da su permiso—parecía realmente angustiado.

—Adelante, mientras su hijo sepa cuidar la casa por mí no hay ningún problema—realmente me importaba bien poco quien estuviera a mi lado.

—Muchísimas gracias Señor. Llamaré a mi hijo para que venga ahora y si no le importa me iré esta noche—le indiqué con la mano que estaba bien y se retiró.

Quedé de nuevo sentado en mi sillón, en la habitación a oscuras, observando la apaciguada ciudad. Lo que sucedía a mí alrededor me era ajeno, no me importaba nada, si el mundo desaparecía no sería más que un consuelo.

— ¡Señor Sesshomaru! Muchas gracias por dejar que mi padre vaya a visitar a mi tío—la luz de la habitación se encendió y un joven de cabellos castaños y grandes ojos del mismo color, con pecas muy marcadas sobre su nariz y sus pómulos se puso frente a mí con una sonrisa—ya va de camino al hospital así que desde ahora yo me encargaré de cuidar la casa y a usted. ¡Ah sí!, me llamo Kohaku, encantado de conocerle.

—Qué niño más impetuoso—le dije con cara de desagrado—bueno, no importa. Escúchame bien niño, no entres de ese modo en esta habitación y no vuelvas a encender la luz. Esta casa es un lugar para relajarme y aun más esta habitación. No me gusta el ruido y menos aun que anden gritándome de esa forma. Compórtate como un adulto ¿has entendido?

—Sí Señor, perdóneme, es que me hace mucha ilusión trabajar para usted—me dijo sin dejar de sonreír—he seguido mucho tiempo su trabajo, soy un gran admirador suyo.

—No me interesa. Tráeme una copa de vino—indicándole con la mano que se apartara de mi vista.

—Enseguida Señor—a pesar de mi desaire el joven no dejaba de sonreír. Enseguida regresó—aquí tiene la copa ¿desea algo más?

—No, déjame solo y no me molestes hasta mañana cuando esté el desayuno.

—Está bien Señor, si necesita algo más llámeme.

Quedé de nuevo solo, sin más interrupciones impertinentes en lo que quedaba de noche. Observé el paisaje de París hasta quedarme dormido sentado en el sillón. Cuando desperté estaba cubierto por una manta y el joven sirviente estaba dormido, apoyado contra mis piernas.

—“Estúpido niño, me tapa a mí con una manta y él se queda dormido así”—pensé apartándolo suavemente para no despertarlo y cubriéndole después con la manta—“¿Por qué le trato con tanta delicadeza? Él es el sirviente, no debería haberse quedado dormido junto a mí. Bueno, da igual, no es más que un niño.”

Me di una ducha sintiendo entumecido mi cuerpo por haber dormido de esa forma. Me puse mi ropa de gimnasia y me preparé el desayuno ya que ese joven sirviente seguía durmiendo. Fui a la sala de gimnasia y comencé a entrenar. Esa era la mejor forma que tenía para dejar la mente en blanco durante un rato.

— ¡Señor Sesshomaru! Lo siento mucho, me quedé dormido. Debió haberme despertado para que le preparara el desayuno. De verdad lo siento—me dijo todo alterado.

—No es como si yo fuera tan inútil como para no poder tan siquiera hacerme un desayuno—le dije siguiendo mis ejercicios con las pesas sin mirarle.

—Oh! No quería decir eso. Soy su sirviente, es mi obligación hacerle el desayuno—me contestó como si necesitara que lo entendiera—Yo estoy muy contento por serle útil, por poder servirle y quiero hacer todo lo que pueda y esforzarme para que sea feliz. No quiero fallarle.

—Eres un niño estúpido—dejé las pesas y me acerqué a él todo sudado—no entiendo porqué quieres esforzarte tanto en esto, yo no tengo nada de especial, no conseguirás nada.

—Señor Sesshomaru, yo lo admiro, estoy estudiando para ser un día como usted, me gustaría que llegara el momento en que me reconociera—agarraba mi camiseta mirándome desesperado.

—Tú no sabes nada de mí, sinceramente espero que no llegues a ser como yo. Nadie merece esa desgracia.

Me aparte de él y regresé a mi entrenamiento. El joven se quedó mirándome un rato como si le diera lástima y después regresó a sus tareas. Un par de horas antes de la comida dejé el gimnasio y tras una ducha fui a dar un paseo por la ciudad hasta la hora de la comida. Cuando abrí la puerta de la casa el sirviente me estaba esperando con una sonrisa.

—Bienvenido a casa Señor Sesshomaru—me contestó con una inclinación—la comida ya está preparada, ¿quiere que la sirva?

—Sí, ahora voy—contesté muy extrañado por su animada actitud a pesar de lo que le había dicho poco antes.

—Em… disculpe Señor, se que no está bien pero ¿podría comer hoy con usted?—me preguntó con lo que me pareció algo de timidez.

— ¿Por qué?

—Bueno, me gustaría hablar un rato con usted, solo si no le importa—me parecía infantil, un niño pequeño pidiendo un caramelo.

—Está bien, haz lo que quieras—no me pude negar al brillo de aquellos ojos.

Me senté a la mesa y tras servirme el joven se sentó frente a mí. Comenzamos a comer, él no me quitaba el ojo de encima, me di cuenta de que estaba deseando hablar.

— ¿Qué es lo que querías decirme?—le pregunté ya cansado de ver sus ansias.

—Yo me preguntaba, si tanto detesta su trabajo como para estar tan triste ¿Por qué sigue con ello?—preguntó rápidamente.

— ¿Crees que estoy triste?—pregunté comenzando a sentir curiosidad, hasta ese momento simplemente creía que todos me veían como un hombre frío y desagradable.

—Por supuesto, en sus ojos hay mucha tristeza, son unos ojos muy hermosos pero lo serían aun más su hubiera felicidad en ellos—contestó dedicándome una brillante sonrisa.

—No deberías alagar los ojos de un hombre como lo haces con una mujer—aquello fue lo único que le pude decir, me habían sorprendido bastante sus palabras.

—Discúlpeme, no quería ofenderle, tan solo he sido sincero.

—Bueno, da igual—quería salir de ese tema cuanto antes—con respecto a mi trabajo, no lo detesto, supongo que antes me gustaba, de no ser así no habría empezado con ello, pero ahora simplemente no hay nada de lo que pueda decir que me gusta, simplemente ya no hay nada que me importe.

—Oh… ¿eso quiere decir que le ha sucedido algo malo? Ha perdido a alguien a quien amaba ¿verdad?

—No es de tu incumbencia—aquella conversación iba por un lado que no me gustaba nada.

—Um… lo siento, he dicho algo indebido, perdóneme—se disculpó con la cabeza gacha.

—Está bien, no importa—acabamos la comida sin volver a decir una sola palabra.

Tras leer un rato en mi sillón pasé el resto de la tarde en la piscina de mi apartamento, sumergido en el agua de temperatura perfecta. Tras unos cuantos largos me di cuenta de que a través de los cristales me estaba observando mi joven sirviente. Me paré y le indiqué que entrara.

— ¿Por qué te quedas mirándome así?—le pregunté cuando entró.

—Am… no… yo… pensaba que nada muy bien, tiene un cuerpo muy atlético—me contestó con un leve sonrojo en su rostro.

— ¿Quieres nadar?

— ¿Puedo?—era evidente que lo estaba deseando.

—Adelante.

—Ah… pero no tengo traje de baño—me dijo triste.

—En el tercer cajón de la cómoda de mi dormitorio hay bañadores, coge el que quieras—le dije volviendo a mis largos.

—Muchas gracias Señor Sesshomaru.

Al poco rato el sirviente apareció corriendo con el bañador que le quedaba notablemente grande y se tiró a la piscina salpicándolo todo. Me quedé mirándolo con mala cara y él tan solo sonrió como disculpa. Comenzamos a nadar cada uno por su lado. Al rato el sirviente se sentó en el borde de la piscina y yo me quedé un momento a su lado, aun dentro del agua.

—Hace mucho ejercicio ¿verdad Señor?—me dijo sonriente.

—Es la mejor forma para relajarse.

— ¿Y no tener que pensar en nada?—había dado en el blanco— ¿sabe? Si lo necesita yo podría escucharle.

— ¿Crees que le contaría cualquier cosa a un niño como tú?—ni a él ni a nadie.

— ¡No soy un niño! Tengo 19 años.

—Por la forma en la que te comportas parece que tienes 10.

—Pues si yo soy un niño tú eres un viejo amargado—me dijo enrabietado. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho se tapó la boca sorprendido por sus propias palabras—Lo siento, lo siento, lo siento, yo no quería, no sé porque lo he dicho. Siento mi falta de respeto, perdóneme. Usted no es un viejo amargado, es muy joven y atractivo y tan solo está triste, nada más—No sé porqué empecé a reír suavemente, aquella necesidad que mostraba porque le perdonara me pareció adorable y realmente graciosa— ¿E-eso significa que me perdona o solo se ríe de mí?—me preguntó con algo de miedo.

—Hacía mucho tiempo que no reía—le dije casi en un susurro—supongo que a los niños os cuesta mantener el respeto, pero estáis mejor así, ya tendréis mucho tiempo para ser serios.

—Señor Sesshomaru yo… sé que soy muy joven pero… me gustaría poder iluminar sus ojos—lo dijo con tanta seriedad que el corazón se me paró por un segundo.

— ¿Iluminar mis ojos? ¿A qué te refieres con eso?—esperaba que tan solo fuera una broma.

—Yo quiero hacerle feliz, me gustaría estar junto a usted y hacer que ría más veces—se metió en la piscina y se aferró a mi brazo.

— ¿Sabes cuanto te va a costar eso?—le pregunté sintiendo en aquel momento un poco de calor en aquel hueco que se suponía vacío donde antes había estado mi corazón.

—No me importa, aunque me lleve toda la vida, quiero estar a su lado por siempre—sus palabras eran sinceras, podía sentirlo.

—Niño estúpido—suspiré resignado.

Tal vez él pueda hacer que recupere mi corazón, que renazca de las cenizas como un fénix. Si no es así al menos habré reído de nuevo.