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30 ago 2008

A pair of lovers [FanFic]

Título: A pair of lovers (Una pareja de amantes)
Categoría: Naruto Personajes: Sasuke X Naruto
Serie: Adaptaciones de amor
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon
Capítulo: One-shot Finalizado:
Resumen: Sasuke a recogido a un "gatito" de la calle, más bien de su bar habitual, donde lo conoció, llamado Naruto, el cual se ha convertido en su amante ocasional sin ningún sentimiento de por medio... O eso cree en un principio.
Basado en el manga 'A pair of lovers'
de Minami Haruka.
Nota: Pertenece a la serie 'Adaptaciones de amor' donde los fanfics son adaptacione de mangas de famosos creadores.

~ Por el momento estoy criando un “gato” gigante. Aunque no sé de donde viene. He tenido a mi hermoso “gato” por bastante tiempo ahora.

—Ey, Naruto, almorcemos juntos—dijo Sasuke fumando un cigarrillo, observando a su “gato” desde el marco de la puerta.

—Ah…—el rubio se desperezó y se quitó la colcha de encima, quedando desnudo ante los ojos del pelinegro— Buenos días Sasuke—le sonrió con mirada provocadora.

~ Hace una semana conocí a este chico, Naruto Uzumaki. Lo conocí en mi bar usual. Él me invitó…

—Ah, puedo oler el aroma de un buen café. Sasuke-san ¿tú lo hiciste?—el rubio se incorporó en la cama sin pudor alguno y olisqueó el ambiente.

—Sí, últimamente soy adicto a la marca Bonka—el pelinegro se sentó sobre la cama a su lado y observó a su compañero.

— ¿En serio?—Naruto le miró fijamente con deseo.

~ Poco después traje este gato a mi segunda casa. La compré exclusivamente para mi segunda vida. Después de disfrutar del sexo con él, la mañana siguiente me enteré de que no tenía un lugar donde vivir. Ahora vive conmigo. Y desde ese día he tenido una vida sexual grandiosa.

Naruto rodeó los hombros del pelinegro con los brazos y lamió su labio inferior. Se besaron entrelazando las lenguas con suaves gemidos del rubio.

—…Ey… Naruto…—el rubio se puso de rodillas juntándose más al pelinegro, sin dejar de besarlo y lamerlo.

~ Pero pienso, de vez en cuando es bueno jugar estos juegos. Y además…

— ¡…Amargo! Sé que te gusta el café negro—Naruto dejó de besarle para sacar la lengua, no muy agradado por el sabor.

—Eso te despierta ¿o no?—le sonreía el otro.

—Sí, ¿pero sabes Sasuke-san?—el rubio le sonrió pícaramente—Hay un mejor método para despertarte…—se acarició la erección que ya había surgido en su entrepierna.

— ¡Estás tan activo en la mañanas…!—rió suavemente el pelinegro mirándole de lado—después de una noche entera de hacer el amor aun quieres…

— ¡Es porque eres muy bueno!—se puso de rodillas sin dejar de acariciarse, dejando que el otro le viera bien—Solo recordar me pone duro… podemos hacerlo… ¿por favor?—llevó una mano hasta la entrepierna del otro y la frotó— ¡Ah!... ¡Sasuke-san también la tiene dura!—rió complacido.

— ¿Qué esperabas? Después de darme un beso francés tan apasionado—Naruto le bajó la cremallera de los pantalones liberando su duro miembro.

El rubio acarició con la punta de los dedos la erección de su amante y la lamió de abajo a arriba, emitiendo suaves gemidos, mientras el otro lo observaba excitándose cada vez más.

—Pienso que hoy también llegaré tarde—dijo Sasuke sonriente.

—Yay ¡Es bueno escuchar eso!—dio un dulce beso a la punta de la erección.

— ¿Quién te enseñó estas cosas?—Sasuke acarició los labios calientes del rubio. Naruto seguía acariciándose su propia erección, que ya estaba empapada, con las piernas bien abiertas—Tienes un cuerpo muy erótico—le dio un mojado beso francés de nuevo, acariciando su rostro.

Sasuke se colocó encima de él, rozando ambas erecciones.

—Ah… bien…—suspiraba Naruto con la respiración algo acelerada—Más… pon el tuyo en el mío… Ahn… ¡bien!—Sasuke masturbó ambas erecciones juntas, goteando ya.

—Te vendrás antes de que pueda entrar en ti… si continuas moviendo tus caderas así…—sonrió Sasuke, poniendo su mano libre en una de las nalgas del rubio.

—Puedes hacerme venir… a mi parte delantera le gusta tu estilo—jadeaba Naruto temblando.

—En verdad. El tuyo parece feliz. Tu pene ya está listo totalmente…—Sasuke empujó con un dedo la punta de la erección.

—Ah… ¡¡Ahnn!!—Naruto se vino con un último y fuerte gemido en la mano de su amante.

—Parece que recogí a un gato con malos hábitos.

—Haa…

—Creo que… ¿Es este tu punto débil Naruto?—le preguntó el pelinegro sonriente mientras el otro temblaba, intentando controlar su respiración.

— ¡Aah! N… no solo si juegas con él… si te mueves dentro de mí… puedo sentirme tan bien que perderé la conciencia—Naruto acariciaba la punta goteante de su todavía erecto miembro mientras Sasuke masajeaba sus genitales.

— ¿En verdad? Tendré que intentar eso esta noche, ya que lo sé…—lamió el semen que había quedado en sus dedos.

—…Uh…—Naruto estaba muy sonrojado y se frotaba el miembro mojado.

—De nuevo estás duro. Es muy fácil hacer que te excites Naruto—rió el pelinegro dándole un pequeño beso, inclinándose de nuevo sobre Naruto, que se abrazó a su cuello.

—Eso es por ti. Tus palabras son muy eróticas… y ahora podrías… ¡poner tu cosa hasta dentro de mí…!—le pidió acariciándose la entrada.

—No es necesario darse prisa—comenzó a penetrarlo despacio observando su rostro, haciendo crujir la cama.

— ¡Ah…!

— ¿Ves? Pondré todo de mí dentro de ti…—empujó fuertemente sujetándole los muslos con las manos mientras Naruto gemía alto y se abrazaba a su cuello.

— ¡Uah…! ¡Ah…! ¡Ah…!—Sasuke le dio un dulce beso en la mejilla sin dejar de penetrarlo una y otra vez—ha… ah… ¡Sasuke-sa…! Ahora… me vengo…
Ambos se corrieron a la vez, el pelinegro en el interior del rubio y este entre sus vientres.

— ¡Ey! ¡Sasuke! En serio. ¡Eres un descarado al venir tarde tres días seguidos!—le dijo su hermano cuando llegó a la oficina.

—Tengo razones importantes…—contestó algo temeroso, con un cigarrillo entre los labios intentando sonreír.

— ¿Es eso tan importante que molestarás a tu hermano mayor? ¿Quién crees que es la persona más importante en la compañía? ¿Hm?—gruñó Itachi enfadado, quitándole el cigarrillo de la boca.

—En verdad… ¡¡lo siento!! Jajaja—intentó reír como si nada pero no le salía.

—Sr. Uchiha, no se enfade tanto, tómelo con calma…—dijo el joven Deidara sonriente—ya sabe que Sasuke-san no es el tipo de persona que llega tarde, debe tener razones personales para llegar tarde tan seguido—le explicó agarrándose al brazo del mayor.

—…Sí, tienes razón…—contestó este mirándolo sobresaltado.

— ¡Uff! Muchas gracias Deidara-kun…—pensó Sasuke sintiéndose salvado por los pelos.

—Has conocido… ¿a una buena persona?—preguntó el rubio con una risita.

— ¿Eh?—Sasuke se quedó con cara de sorpresa y con el cigarrillo a punto de caérsele.

—He escuchado que no has estado en casa por una semana. ¿Tal vez es porque estás viviendo con alguien en tu segunda casa?—preguntó Deidara.

—Sí, algo así…—contestó sintiéndose pillado.

— ¿En verdad? Entonces tú… estos tres días que has llegado tarde… ¿Es porque has tenido sexo hasta el amanecer?—preguntó Itachi con cara tenebrosa, levantando la barbilla del menor.

—Lo siento, hermano.

— ¡Qué extraño! Tú teniendo una relación duradera… ¿Cómo está él? Tengo mucho interés—le susurró algo contento, dejando al otro sin palabras por su cambio tan radical de humor.

—No puedo decirte nada acerca de él… solo se su nombre—contestó pensativo, dando una calada a su cigarrillo.

~ Me doy cuenta ahora… que no hemos hablado de nuestras vidas para nada…

— ¿¡Qué es eso?! ¿Dejas a un extraño vivir contigo?—preguntó Itachi confundido.

~ Todos los días. Solo estoy con Naruto y me gusta abrazarlo cuando se me acerca. …Pero su calidez, todos los días me hace sentir muy bien.

— ¿…Naruto?—Sasuke salió de su auto y vio al rubio sentado al pie de las escaleras de su apartamento.

— ¿…Ah?—Naruto le vio y se levantó veloz.

— ¿Por qué estás esperando aquí afuera?

— ¡Bienvenido a casa! Perdón, salí de casa un momento…—se acercó al confuso Sasuke—La puerta tiene un seguro automático. Así que cuando regresé no pude volver a entrar…

—Ah. Lo siento. Olvidé darte una llave.

— ¿Eh? ¿Una llave?—preguntó sorprendido el rubio.

—Cuando salgas lleva esto contigo—le dijo entregándole una llave.

—… ¿En serio? ¿Estás seguro de que quieres que tenga esto, aunque acabamos de conocernos?—preguntó dudoso.

— ¡Claro! No me importa. Además no tengo nada de valor en esa casa. ¡Vamos entremos!—le cogió por el hombro caminando hacia dentro.

—No quería decir eso… pero… —se apartó un poco, algo alterado.

~ Tiene marcas en el cuello además de donde yo lo besé.

Observó las marcas rojas en el cuello del rubio, que llevaba al descubierto por su camisa abierta.

— ¿Algo mal?—preguntó Sasuke mirándole de lado.

—Yo aun… ¿puedo quedarme aquí contigo?

—Es solo para mi vida privada. Así que no me importa esta casa—le dijo entrando en la casa.

Naruto le miró y le cogió por la corbata acercándose a él para besarle intensamente.

— ¡…Naruto!—el rubio le deshizo la corbata, lamiendo su labio inferior.

—Haa… hnn—gemía suavemente Naruto, desabrochando su camisa y lamiendo su pecho—aah.

— ¿Qué te ha pasado? Estás muy excitado—le acarició el rostro, apartándolo delicadamente.

—Mientras esperaba por ti ahí fuera… deseaba tanto verte…—Naruto le abrazó fuerte, enterrando el rostro en su cuello.

~ Huele a la colonia de alguien más…algo me molesta…

Besó su cuello y lo lamió, observándolo con desconfianza.

—Ah… haa… ¡Sasuke-sa…!—Sasuke le inclinó sobre la mesa y le quitó los pantalones y la ropa interior, lo lubricó rápidamente y lo penetró—ah…—el pelinegro sacó su miembro del estrecho interior. Naruto temblaba y se masturbaba con el rostro sonrojado—No… no lo saques… más. Por favor…—le pidió abriéndose las nalgas—más rápido… por favor…

~ Le mostraste… ¿esta expresión?

—En serio. Eres muy erótico… —le penetró de nuevo, sonriendo costosamente.

~ ¡¿Por qué me molesta tanto…?!

Siguió embistiéndole, mientras el rubio vibraba, hasta que ambos se vinieron.

Naruto se quedó dormido, apoyado sobre el hombro de Sasuke, quién se quedó pensando mientras fumaba un cigarrillo, acariciando sus rubios cabellos.

~ Eso significa que siempre ha tenido a alguien más. Y era una mentira que no tenía un lugar donde vivir. Estoy seguro de que pasó la tarde con su amante. Y el sexo que hemos tenido hasta ahora ha sido solo un capricho de él…—suspiró mirando hacia el techo— ¡Maldición! ¿Qué me ha pasado? ¡Es solo un chico que conocí en un bar! —Acarició los cabellos rubios, rozándolos con los labios— ¿estoy celoso de él? Tal vez es porque pasé mucho tiempo con él. Es un gato y cuando se fastidie de jugar conmigo regresará a casa de su dueño… creo que debo abandonarlo antes de que me vuelva muy íntimo…

— ¿Eh? ¿Regresarás por un tiempo a tu casa?—preguntó Naruto sorprendido mientras comían.

—Si, porque mi viejo me ha estado molestando…—contestó el pelinegro exhalando una bocanada de humo de su cigarrillo.

—Sí… entiendo—respondió decaído— ¿puedo esperarte aquí?

—Puedes hacer lo que quieras… pero Naruto… ¿no deberías dejar de pretender que eres un gato perdido? ¿No es mejor que regreses a casa? ¿Tienes un amante cierto?—Naruto se quedó muy sorprendido por aquellas palabras.

—¡¡¡Qué…!!! ¡¿De qué hablas?!—se levantó golpeando la mesa.

— ¿Estoy equivocado? La última vez dejó marcas de besos en tu cuello.

— ¡…Ah!—se tapó rápidamente el cuello.

~ Ya lo sabía… ese día Naruto, dormiste con tu hombre…

— ¿No estás satisfecho con serle infiel? Por ese día… Naruto, dormiste con tu hombre…

— ¡No! ¡Te equivocas! ¡No es que le haya sido infiel!—gritó Naruto entristecido—Sasuke. ¡Eres un idiota!

— ¿…Eh?—estaba sorprendido.

—Tienes razón, estaba con alguien pero rompí con él—le dijo triste.

— ¿Eh? …eh?!—preguntó confuso.

—Hace dos semanas. El día que te conocí en el bar. Descubrí que me era infiel y por eso lo dejé. Esas marcas de beso me las hizo cuando intentó reconciliarse conmigo ¡Pero no tuve sexo con él! Lo empujé y escapé… no me gusta para nada la infidelidad… así que el día que te conocí… me emborraché y decidí terminar con él. Por eso cuando tengo sexo contigo no es infidelidad… verdaderamente ¡me gustas! ¡Estoy completamente enamorado de ti! Si me hechas no tendré a donde ir…—le explicó cabizbajo con el rostro carmesí.

~ Naruto —el pelinegro estaba realmente sorprendido.

—…No debí pretender que no me importaba. Debí preguntar antes de eso…—le sonrió.

—…Eh?—el rubio no entendió.

—De ahora en adelante… seré tu dueño. Pero mi amor es muy especial. Una vez que mi interés ha crecido me vuelvo muy apegado a mi mascota—le dijo guiñándole un ojo sin dejar de sonreír, mientras el otro permanecía con la boca abierta— ¿estás preparado?
Naruto se sentó sobre Sasuke, desnudo de cintura para abajo con apenas con una camisa desabrochada, y le besó dulcemente.

— ¡Eso era lo que esperaba de ti!

~ Y por esa razón… esta casa hasta ahora solo era mi segunda casa pero al parecer de ahora en adelante será el nido de amor con mi amante.

16 ago 2008

Perversiones c7 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Temari X Ten-Ten
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Incesto
Capítulo: 7 de 15 Finalizado: No
Resumen: Tras ver a sus hermanos haciendo el amor, a la rubia le entran ganas de divertirse y tras llebarse un chasco en una cafetería se encuentra con una vieja amiga.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.


Bah, mis hermanitos divirtiéndose juntos y yo sin comerme nada—mascullaba la rubia caminando en busca de una presa—je, quien iba a pensar que mi frío hermanito sería tan ardiente.

Sonreía recordando la fogosa escena que había presenciado entre sus hermanos.

— ¡Ay!—sintió un golpe contra su cuerpo y tuvo que dar un paso atrás para no caer.

—Emm, etto… perdona, iba distraída—le dijo a la joven que se encontraba en el suelo frente a ella— ¿te has hecho daño?—le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

—No, tranquila, yo también iba distraída—dijo una ojiblanca muy sonrojada—discúlpame, tengo mucha prisa.

Con una rápida inclinación salió corriendo.

—Vaya, era muy linda, que pena que tuviera tanta prisa—sonreída pervertidamente mientras su imaginación comenzaba a funcionar.

Entró a una cafetería tranquila para reponer fuerzas en lo que pensaba que hacer. Se sentó en una mesa en la esquina y pidió un redbull, quería estar despierta y con energía toda la noche aunque le iba a ser difícil ya que la noche anterior la había pasado estudiando hasta las tantas. Al poco rato entró una mujer bastante atractiva que llamó su atención. Era alta y delgada con grandes pechos y unas largas piernas que dejaba ver con un vestido corto de color blanco y rojo. Su cabello era largo y ondulado de color negro carbón, a Temari le recordó una melena de león. Sus ojos eran grandes, brillantes y rojos como el fuego. Tenía un aire elegante y de diosa griega que a la rubia le encantó. Cuando la leona llevaba un par de minutos sentada en su mesa Temari se levantó y se acercó a ella. Se sentó en su mesa y la observó.

—Hola ¿Qué te parece si charlamos un rato?—le preguntó sonriente.

—No me interesa charlar—contestó con aire soberbio.

Se levantó de la mesa y se dirigió al baño. La rubia la siguió y se puso tras ella en el espejo del baño. Le pasó una mano por la cintura y le dio la vuelta. La leona la encaró y sin que se lo esperara le dio un beso profundo.

—Eres demasiado joven para mí y ahora no me apetece—le dijo después del beso.

Se apartó de ella y salió del baño.

— ¿De qué coño va esta? Me pone la miel en los labios y se larga. Le falta un tornillo—exclamó saliendo de allí.

La rubia siguió caminando por las calles en busca de otra presa, aquella leona le había abierto aun más el apetito. Decidió ir a la playa. Muchas noches allí se hacían fiestas y había muchas mujeres dispuestas. Pero aquella noche no fue así, no había nada. Se sentó un rato en la arena observando el inmenso mar, que pequeña se sentía allí.

— ¡Temari! ¡Cuánto tiempo!—una voz familiar gritaba a sus espaldas— ¡Vaya! ¡¿Dónde te habías metido?! Hace mucho tiempo que no nos vemos.

—Hola Tenten, sí, es cierto, hace mucho que no nos veíamos.

Una sonriente morena de pelo corto y grandes ojos castaños se había sentado junto a la rubia y la miraba sonriente.

— ¿Qué haces tú por aquí? ¿Cómo es que no estás con Shikamaru?

—No, ya cortamos, no encajábamos bien—la rubia sopesaba la oportunidad que se le estaba presentando con aquella linda muchacha.

—Vaya, que pena—sus palabras no coincidían con su expresión de felicidad.

—Tenten, ¿y tú como vas? ¿Tienes algún lío?—preguntó la rubia acercándose a ella.

—No, en estos momentos estoy libre—la morena no era tan inocente como Temari creía. Sabía perfectamente como era su amiga y conocía sus intenciones.

—Me alegro—la rubia se acercó más a la joven y acarició suavemente sus cabellos— ¿sabes que estás muy linda?

—Temari que nos conocemos—dijo la morena apartándose un poco.

—Bien, entonces no tengo que andarme con rodeos—se puso sobre la chica tumbándola sobre la arena.

— ¡Temari! ¡Por favor, no…!—pero no pudo decir más, los labios de la mayor callaron los suyos.

La beso dulce y suave al principio, hasta que la morena abrió la boca un poco y la mayor aprovechó para entrar en ella. Jugó con su lengua, intercambiando saliva, explorando toda su cavidad. Llevó una mano hasta su cintura y la metió por debajo de la camiseta de la morena acariciándola con la punta de los dedos provocando escalofríos. Llegó hasta sus pechos y los acarició por encima del sujetador masajeándolos. Suaves gemidos de la joven se perdían en los labios de su amiga.

—Para por favor, aquí no, nos van a ver—dijo la joven aprovechando el momento para coger aire.

Temari sonrió, ya la tenía. Se levantó ayudando a levantarse a la morena. La llevó a unas rocas donde no podían verlas.

— ¿Aquí está mejor?—dijo sonriente acercando su rostro.

—Temari, no podemos…—intentó apartarse pero la rubia la tenía acorralada.

La mayor volvió a poseer sus labios y le quitó la camiseta acariciando sus pechos. Comenzó a besar su cuello lamiéndolo y mordiéndolo lascivamente. La morena gemía y se estremecía sin poder controlarse. Su amiga era una experta y le estaba haciendo sentir cosas que ni siquiera había podido imaginar. Temari desnudó con sus hábiles manos a la joven sin que esta se diera apenas cuenta. La rubia se quitó la chaqueta y la puso sobre la roca, sentando a la morena encima.

—Te-Temari…

—Tranquila, vas a disfrutar, confía en mí—le dio un tierno beso y después fue a los pezones ya erectos. Los lamió y los mordió disfrutando de su sabor y de los gemidos que su dulce presa emitía. Bajó hasta su entrada y la lamió por encima abriendo bien sus piernas.

—Ah! ¡Temari no!

La rubia metió dos dedos en el interior de la joven sin previo aviso. Los sacó al poco y se los llevó a la boca lamiendo su jugo.

—Eres una pervertida—le dijo con el rostro sonrojado.

— ¿Pero disfrutas verdad?—la rubia siguió con sus caricias y lametones hasta que ambas quedaron agotadas.

—Temari…—dijo la joven reposando la cabeza en el pecho de la otra.

—Dime.

— ¿Esto…podría repetirse?—estaba sonrojada. No sabía muy bien lo que había sentido pero sí sabía que le había gustado y que quería repetirlo muchas veces.

—Claro, será un placer.

Por esa noche estaba satisfecha y si hubiera sido cualquier otra no volvería a verla, pero otra noche tendría hambre y Tenten era buena presa y sabía que la tendría siempre dispuesta.

FIN

6 jul 2008

Perversiones c6 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Gaara X Kankuro
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Incesto
Capítulo: 6 de 15 Finalizado: No
Resumen: Tras aburrirse de su anterior amante Gaara quiere encontrar más diversión y lo más cercano está en su casa.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Ya no voy a venir más—dijo Gaara levantándose de la cama y vistiéndose.

— ¿Qué? ¿Cómo que no vas a venir más?—preguntó el serpiente poniéndose frente a él.

—Mañana cumplo los 18, seré libre, ya no tengo que seguir en el instituto y no puedes mandarme de nuevo al centro—su tono era tranquilo como siempre.

— ¡Maldito bastardo! Me da igual que ya no pueda amenazarte con eso, esto va a seguir—gritó Orochimaru que estaba descontrolándose como pocas veces.

—Me temo que no, no me interesas, estoy cansado de ti. Quiero encontrar a alguien que me satisfaga mejor.

El serpiente enfurecido se lanzó a golpearlo, pero el pelirrojo lo esquivó y le golpeó en el estomago. Salió del piso dejando al serpiente consternado, de rodillas en el suelo.

Gaara regresó a su casa, pensaba por el camino en quien podía ser su próximo juguete. Observaba a las personas con las que se cruzaba, pero le parecían demasiado insignificantes para él. Cuando entró en su casa encontró que su hermana Temari estaba a punto de salir.

“¿Y si lo hago con ella?” se preguntó a si mismo “No, no me interesa ese cuerpo tan ridículo” se dejó caer sobre el sofá después de que la rubia se despidiera “¿Con quién podría hacerlo?” era su único pensamiento.

— ¿Qué hay hermano?—preguntó Kankuro que salía de su habitación. Se sentó en el sofá junto a él y encendió el televisor—Oye, últimamente has estado muy extraño, bueno, más de lo normal, hermanito—dijo el pelinegro— ¿Está sucediendo algo?

— ¿Por qué nunca me habéis hablado del sexo?—preguntó el ojiaqua manteniendo su frío rostro de siempre.

— ¡Ah!, ¡era eso! Jeje ¿quieres que te enseñe el sexo, quieres que sea yo el que te quite la virginidad?—dijo sonriendo pícaramente, acercando su rostro al del pelirrojo.

—Eso es difícil ya que no lo soy—contestó sin inmutarse por la insinuación de su hermano.

— ¿Eh? ¿Ya no eres virgen? Pues que lástima, yo que quería quitarte la inocencia…—se echó hacia atrás algo entristecido.

—Haberte adelantado a él.

— ¿Y quien ha sido?

—Eso no importa.

— ¿Y ahora te has enganchado al sexo verdad?—dijo Kankuro con una gran sonrisa en el rostro.

Gaara lo observó con aquella mirada asesina. ¿Él engancharse? No era tan débil como para eso.

—Oh, no me mires así que me matas—dijo sin perder la sonrisa acercándose más a él—dime, ¿quieres que yo te quite esas ansias de sexo que tienes?

Deslizó una mano por debajo de la camiseta del pelirrojo, acercando su rostro al de él hasta casi rozar sus labios.

— ¿No está mal que dos hermanos lo hagan?—preguntó Gaara sin moverse.

—No, claro que no, solo son juegos y es bueno desahogarse, además, ¿desde cuando te importa si esta bien o mal?—lo besó suavemente.

El pelirrojo enseguida abrió la boca para recibir su lengua que exploraba toda la cavidad. Kankuro se puso sobre él y comenzó a lamer su cuello suavemente mientras sus manos comenzaban a acariciar su torso bajo la camiseta. Al ojiaqua le resultaba aburrida tanta dulzura. Se cansó de aquello enseguida y tumbó al pelinegro en el suelo poniéndose sobre él. Le arrancó la ropa y comenzó a lamer y mordisquear su pecho, recreándose en los pezones rosados, dejando pequeñas marcas a su paso mientras sus manos acariciaban intensamente todo aquello que pillaban. El mayor gemía bastante alto sorprendido por la pasión de su hermano. Pensaba que él sería el seme, que lo dominaría y jugaría con él como si fuera su marioneta, pero aquel papel no estaba mal. Gaara llegó a sus pantalones y se los quitó junto con los calzoncillos. Apenas se detuvo en el miembro ya erecto, le abrió las piernas y elevó sus caderas para tener buen acceso. Guió con una mano su miembro también erecto hasta la estrecha entrada y lo penetró por completo de un empujón, lo que provocó sangre y gritos de dolor.

—Ah!! ¡¡Gaara!! ¡¡Duele!! ¡No seas tan brusco!—pero las quejas eran inútiles, al pelirrojo solo le interesaba sentir placer, no lo que sintiera el otro. Comenzó a moverse en su interior poco a poco más rápido, disfrutando de aquella estrechez.

—Ga…ara… si… gue… ¡más!—el dolor que estaba sintiendo el pelinegro se tornó en placer, un gran placer a pesar de la brusquedad de su hermano.

El pelirrojo puso las piernas de su hermano sobre sus hombros para poder conseguir una penetración mayor. Alcanzó aquel punto que volvía loco al pelinegro aunque eso poco le importaba. Aunque su respiración apenas se había acelerado, ya que al fin conseguía controlarse, se vino en unas cuantas envestidas más en el interior de su hermano y este entre sus vientres ayudado por su propia mano ya que el pelinegro ni se había molestado. Gaara salió enseguida de su interior y sin decir nada se fue de la sala. Al poco rato llegó de nuevo vestido.

—No pensé que pudieras ser tan intenso y frío a la vez—le dijo el pelinegro sentado en el sofá también vestido.

Como respuesta no recibió más que un leve gruñido. Esperaba hablar con él o seguir con el sexo pero el ojiaqua salió de la casa sin decir nada, tampoco era tan raro, su hermano no era de comunicarse mucho.

“agh, pensé que con él estaría mejor pero es igual que con ese bastardo”

Pensaba el pelirrojo caminando por las calles en busca de algo. Encontró en una calle de mala fama por la que no solía transitar, una discoteca que le llamó la atención. En la puerta había un pequeño cartel con dos hombres semidesnudos en tinieblas y unas letras que ponían “cuarto oscuro” la discoteca aun no estaba abierta pero decidió que volvería más tarde. Regresó a casa y encontró a su hermano con los ojos cerrados y la boca entreabierta respirando fuerte, con un pañuelo en una mano y su pene erecto en la otra, moviéndola rápidamente de arriba abajo. El ojiaqua lo observó hasta que se vino sin que el moreno se percatara de su presencia. Cuando abrió los ojos lo vio frente a él y sonrió.

—Vaya, ¿Qué haces ahí mirando?—se acercó a él medio desnudo— ¿tú también quieres más, también te has quedado con ganas?

Comenzó a acariciarle el miembro por encima de la ropa y a besar su cuello lascivamente. Se deshizo de su ropa enseguida y siguió besando su pecho dejando pequeños mordiscos hasta llegar a la nueva erección del pelirrojo.

—Parece que esto te gusta mucho hermanito—dijo Kankuro sonriente, pensando que aquella erección era obra suya. Pero se equivocaba, Gaara era capaz de controlar casi a la perfección sus erecciones y casi todas las reacciones de su cuerpo. El mayor comenzó a lamer la longitud del pequeño desde el glande hasta la base acariciando con una mano los testículos. Se lo metió en la boca por completo y comenzó a subir y bajar sin dejar de mover su lengua. Cuando Gaara, sin apenas haber cambiado su estado, se vino en la boca del moreno, este se apartó un poco y se relamió los labios saboreando el jugo.

—Sabes muy bien hermanito—su sonrisa era perversa sabiendo que aquello no estaba bien.

Se acercó al pelirrojo e intentó besarlo en los labios pero este lo esquivó.

—No me interesan los besos—tumbó al moreno en el suelo boca abajo elevando sus caderas.

— ¿Solo te interesa eso?—dijo algo decepcionado.

El pelirrojo lo penetró de un empujón provocando de nuevo sangre en la ya dolorida entrada del mayor. Lo agarró fuerte por la cintura para que las envestidas cada vez mas rápidas fueran también más profundas. La estrechez de su hermano era aun mayor que la de Orochimaru, le hacía sentir como si le aplastara y amenazaba con volverlo loco y hacerle perder el control. Pero no fue así, consiguió venirse en el interior de su hermano apenas soltando un leve gemido y con la respiración no demasiado acelerada. El moreno también se corrió en el suelo, como en la anterior ocasión, ayudado por su propia mano. Escucharon la llave en la puerta y Gaara prácticamente arrastró a su hermano a la habitación de él. Temari entró en casa y se fijó en el líquido blanquecino y la sangre que había sobre la alfombra. Algo preocupada buscó a sus hermanos y los vio en una habitación.

—Je, y yo que creía que había pasado algo malo—dijo sonriente observando como su hermano pequeño penetraba al mayor sobre la cama.

Después de observarlos un rato y excitarse bastante se fue a su cuarto a desahogarse mientras ellos seguían gozando.

5 jul 2008

Perversiones c5 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Kiba X Mizuki
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 5 de 15 Finalizado: No
Resumen: Un chico en la calle es encontrado por uno de sus profesores que lo ayuda y el joven tendrá que pagarselo.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Ya no me quiere, ya no quiere que siga aquí, debe haber encontrado a otro mejor” pensaba el chico perro recogiendo sus cosas de la casa de su, hasta entonces, amo. Con el corazón roto salió de aquel lugar que había sentido como su hogar. Tenía lágrimas en los ojos, no quería alejarse de allí, no quería alejarse de aquel hombre al que, por raro que resultaba, amaba como no lo había hecho con nadie. Con Akamaru sobre su cabeza y una mochila no demasiado grande se puso en marcha a buscar otro lugar donde vivir. Se encontraba de nuevo como al principio, sin dinero y sin hogar.

Pasaban los días y seguía igual, apenas comía lo que podía robar. Ambos, perro y humano, estaban hambrientos, tenían frío y estaban cansados.

— ¿Kiba? ¿Qué haces aquí?

—Pro-profesor Mizuki! Etto… yo…

Frente al chico perro había un hombre joven, de cabellos grises azulados con melena corta y unos ojos negros que causaban desconfianza.

— ¿Por qué estás en un banco del parque y no en tu casa?—le preguntó el profesor observándolo con una perversa sonrisa.

—Yo…bueno, es que no tengo casa—contestó cabizbajo.

—Entiendo, ven conmigo—le dijo poniéndose en marcha.

Kiba lo siguió, no pensó nada malo, podría comer y calentarse, al fin y al cabo era un profesor, ¿Qué le iba a hacer?

Llegaron a la casa del peliazul, no era tan grande como en la que había vivido. Tenía dos habitaciones, un cuarto de baño, un estudio, el salón comedor y la cocina, pero estaba bien, suficiente para un soltero. Le preparó un plato de comida y se sentó junto a él en la mesa. Kiba probó la comida, no estaba mal. “Pero no es como la de él” pensaba cabizbajo.

—Bueno, estás cansado ¿verdad? Ve a dormir un rato.

El moreno estaba agotado y necesitaba recuperar fuerzas, sería agradable hacerlo en la comodidad y el calorcito de una cama. Durmió junto a su perro en la otra habitación durante varias horas. Cuando despertó era por la tarde y estaba anocheciendo.

—Ya has despertado. Es muy tarde, no es bueno que un chico de tu edad esté solo en la calle, quédate aquí a dormir—le dijo nada más salió de la habitación.

—Emm… profesor Mizuki, no quiero molestarle más.

—No me molestas Kiba, además querrás pagarme lo que he hecho por ti—su sonrisa era perversa y se acercaba cada vez más al moreno.

El chico perro temblaba, conocía aquella sonrisa, se la había visto cientos de veces a su anterior dueño. Pero no quería, no estaba preparado para hacerlo otra vez, añoraba demasiado a su señor. El peliazul agarró su rostro para que lo mirara a los ojos y con la otra mano le sujetó por la cintura para que no escapara acercándolo mucho a él.

—Pro-profesor Mizuki… yo no…

—No me vengas con que tú no haces esto porque sé lo que haces con el director.

El pequeño se quedó paralizado, no podía creer que alguien conociera su secreto.

—Yo…yo…

Mizuki lo besó y aprovechando su boca abierta introdujo su lengua en ella y exploró cada rincón. El joven temblaba, intentaba separarse pero era demasiado fuerte. El mayor le quitó la ropa prácticamente arrancándola. Lo dejó con los calzoncillos apenas y lo tiró al suelo. Comenzó a besar su cuello lascivamente mordiéndolo, haciéndole daño. El moreno intentaba escapar pero el peliazul agarró sus muñecas con una mano sobre la cabeza mientras con la otra acariciaba su miembro algo erecto sobre la tela.

—Ah! Profesor no, por favor—por mucho que se quejara o rogara el mayor no cedía.

Le bajó los calzoncillos y masajeó su creciente erección con más intensidad mientras bajaba besando su torso, recreándose con los duros pezones rosados, que lamió y mordió con gula. El joven gemía y gritaba por un placer que no quería sentir. Akamaru observaba, en un principio había ladrado y se había enfurecido, pero ahora estaba quieto, mirando a ambos humanos con la respiración agitada. Mizuki se levantó y, agarrando al chico, se sentó en el sofá y lo puso de rodillas frente a él e hizo que abriera la boca introduciendo su miembro en ella.

—Chúpala bien y no se te ocurra morder.

El chico comenzó a subir y bajar despacio sin hacer ningún movimiento con la lengua. Mizuki agarró con fuerza sus cabellos para que aumentara el ritmo, teniendo que llevar el sus movimientos. Acabó disfrutándolo, la sensación de aquel miembro en su boca, su sabor, su dureza. Él mismo estaba consiguiendo una gran erección solo con aquello. El profesor disfrutaba enormemente de aquella lengua experta, pocos alumnos sabían hacer una felación como aquella. Acabó en la boca del joven, quien bebió saboreando aquel jugo.

—Jeje, buen chico—acarició su cabeza como si fuera un perro.

Kiba se apartó reaccionando de una vez. Aquello solo se lo podía hacer el que consideraba aun como su dueño. Se puso en pie e intento huir pero Mizuki enseguida lo agarró y lo tiró de nuevo al suelo boca abajo.

—No vas a escapar tan fácilmente—susurró a su oído—además aun no me has pagado lo que he hecho por ti.

Lamió el lóbulo de su oreja mientras metía un dedo en el interior del moreno.

—Pare, por favor, eso no—se quejaba el pequeño inútilmente.

Cuando apenas había metido el segundo dedo los sacó y lo penetró de un empujón provocando dolor y sangre. Lamió su espalda dejando marcas de dientes mientras acariciaba su miembro al mismo ritmo de sus envestidas. El joven gemía y gritaba con los ojos inundados en lágrimas. No solo lloraba de dolor físico, si no de impotencia y el dolor de su corazón porque no era el hombre que amaba el que invadía su intimidad.

—Ah!!! Kiba, que estrecho eres, y yo que creí que ya parecerías una puta.

El mayor gemía y suspiraba extasiado de placer, le gustaba robar aquella dulce inocencia. Con una última y profunda envestida el peliazul se vino en el interior del joven dejándole su semilla dentro. El moreno arqueó la espalda involuntariamente por un placer no deseado y se corrió sobre la alfombra. Al mayor salió de él y se sentó en el sofá limpiándose con unos pañuelos que sacó de un cajón. El joven estaba jadeante, incrédulo ante lo que le ocurría; sentía su sangre y el semen de su violador deslizándose entre sus muslos; lloraba silenciosamente añorando a su dueño quien lo habría protegido de aquel hombre.

—Oye Kiba, esto ha estado bastante bien ¿Qué te parece si te quedas aquí un tiempo? Podrás dormir caliente y con la tripa llena y solo tendrás que pagármelo como lo has hecho ahora.

El moreno emitió un gruñido de disgusto mientras lloraba. No tenía ninguna intención de quedarse con aquel hombre.

4 jul 2008

Perversiones c4 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Orochimaru X Gaara
Género: Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 4 de 15 Finalizado: No
Resumen: Un chico problemático llega a un instituto donde el director le amenaza con enviarlo al centro donde se encontraba antes si no hace ciertas cosas
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Tock tock tock. Llaman a la puerta del despacho del director.

—Adelante. Siéntate por favor—Un chico joven, alto y muy bien proporcionado, de cabellos rojos como el fuego y ojos aqua fríos como el hielo entró en el despacho con el rostro muy serio—Gaara, es tu primer día en el instituto y no parece que hayas empezado bien, ya te han mandado a mi despacho—le dijo Orochimaru con su perversa sonrisa.

El chico sentado frente a él parecía no inmutarse ante la estremecedora sonrisa del serpiente y sus ojos que lo miraban fijos con gran deseo.

—Si estoy en este instituto es porque me obligan, no pienso colaborar—dijo sin cambiar ni un ápice su expresión seria y fría.

—Si no… “colaboras” tendré que echarte del instituto y sabes lo que eso significa—le dijo aun más sonriente, su imaginación comenzaba a funcionar.

—No voy a volver a ese centro—su voz adquirió un tono de furia pero que apenas se podía notar.

—Entonces, si no quieres volver—el serpiente se levantó y se puso junto al pelirrojo, muy cerca de él—tendrás que hacer algo para que no te eche.

Cualquier otro se habría puesto nervioso, estaría sonrojado y temblando, pero Gaara seguía impasible. Le miró desde el sitio sin mover un solo músculo.

—Olvídelo, no pienso humillarme de esa forma—dijo con tono amenazador.

Orochimaru comenzó a excitarse cada vez más, era la primera vez que alguien se le resistía, nunca había conocido a un chico como aquel.

—Como quieras, puedes volver al centro—un gutural y aterrador gruñido apenas audible emitió el ojiaqua—ve a clase y piénsalo—susurró con una gran sonrisa.

El pelirrojo salió del despacho sin que su cuerpo hubiera mostrado algún sentimiento salvo por aquel gruñido y la mirada asesina.

“Maldito bastardo, ¿cómo se atreve a amenazarme de esta forma, quién se cree que es? Es humillante, pero no pienso volver a aquel infierno. Muy bien, si lo que quiere es follarme lo hará, pero no escuchará un solo gemido de mi boca, ni un suspiro, ni un mínimo gesto de placer. Se sentirá tan impotente que no querrá volver a follarme, no se le levantará en toda su vida” estos eran los pensamientos de Gaara mientras regresaba a su clase “No me conoce, no sabe de lo que soy capaz de hacer”

Orochimaru estaba satisfecho, sabía que aquel chico se rendiría a él. Siempre lo hacían, todos. Podía resultar repugnante, podían sentir asco, hasta odio hacia él, pero siempre acababan deseándolo. Daba igual la edad, daba igual el sexo, siempre sucumbían a él.

Cuando acabaron las clases llamaron a su puerta.

—Adelante—la gran sonrisa ya se dibujaba en su rostro.

Gaara entró con la misma expresión que la primera vez, ninguna.

—Acepto ¿en su casa?—preguntó con aquella mirada asesina.

Orochimaru lo llevó a un pequeño ático que tenía en el centro de la ciudad, no quería llevarlo a su casa porque allí estaba Kiba, y aunque no le importaba que él lo supiera, no quería que los interrumpiera. Observaba a su nuevo juguete lascivamente imaginando lo que podía hacerle. Cuando entraron en el piso el pelirrojo se quedó de frente a él sin mover un solo músculo. El serpiente se acercó y acarició suavemente su rostro. Era pálido y suave como de porcelana. El corazón del mayor comenzó a acelerarse ¿Qué le ocurría? ¿Cómo aquel chico podía descontrolarle tanto? Acercó su rostro al de él hasta sentir su leve respiración. Los ojos aqua parecían arrancarle el alma con tan solo mirarle y el serpiente se excitaba cada vez más. Juntó sus labios a los del pelirrojo, que eran suaves y dulces, los lamió con su lengua y lo agarró por el cuelo para que el contacto fuera mayor. Se dio cuenta de que Gaara ni siquiera había cerrado los ojos, ni respiraba más fuerte, nada, parecía una estatua.

— ¿Es que no piensas colaborar? ¿Vas a seguir así todo el tiempo?—le preguntó Orochimaru enfadándose.

—Puede hacer lo que quiera conmigo, pero yo no voy a hacer nada—contestó sin cambiar su tono de voz.

El serpiente se enfureció, agarró al chico por los cortos cabellos y lo tiró al suelo elevando sus caderas.

—Voy a hacerte gritar te guste o no.

Le bajó los pantalones y le penetró de un empujón. El ojiaqua cerró un instante los ojos por el dolor frunciendo el ceño, pero en unos segundos recuperó su expresión habitual. El serpiente lo agarró por un muslo y un hombro para que sus penetraciones fueran más profundas. A cada envestida el dolor que sentía el joven era mayor pero no lo demostraba de ningún modo. Orochimaru lamía y mordía su espalda después de haberle arrancado la ropa. Tenía un sabor delicioso y su estrechez lo volvía loco. Pero faltaba algo, los gemidos, los gritos de dolor, las lágrimas. Esa respiración pausada y tranquila lo ponía histérico. Cuando se corrió en su interior salió rápido provocando más sangre y lo tumbó sobre la cama. Se colocó sobre él y lo observó furioso. Le haría gemir quisiera o no. Comenzó a lamer y morder su cuello dejando marcas y hasta sangre a su paso. Al pelirrojo le resultaba desagradable y doloroso, nunca había tenido otro cuerpo tan cerca del suyo y no le gustaba nada, o eso creía pensar. Los labios del serpiente siguieron bajando por su pecho saboreando cada rincón, recreándose con los pezones duros, signo de que aquella frialdad no era más que apariencia. Siguió con su camino hasta que llegó a su miembro. ¡Apenas estaba erecto! No podía creerlo, con todas sus caricias, sus besos, con todo, seguía sin excitarse. Se metió el miembro por completo en la boca y comenzó a saborearlo con gran placer. A Gaara le empezaba a costar controlarse, aquel hombre era un experto y sabía como hacerlo para excitarle. Pero no le daría ese placer. Inevitablemente el miembro del pelirrojo comenzó a ponerse duro. Orochimaru se entregaba por completo a la felación. Solía ser él el que recibía el sexo oral pero en esta ocasión disfrutaba dándolo. Al cabo de un rato el ojiaqua se corrió en la boca del serpiente sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Su respiración se había agitado casi imperceptiblemente, pero lo suficiente como para que Orochimaru se diera cuenta. Estaba excitado, el pelirrojo comenzaba a desear aquel pálido cuerpo tan bien formado. Orochimaru estaba sobre él observándolo, analizando su nuevo estado. Sin darse cuenta, el ojiaqua comenzó a acariciar con la yema de los dedos el torso desnudo que estaba frente a él, observando con la mirada perdida. Su respiración era más fuerte que antes y su mirada ya no era asesina, parecía estar en trance. Jamás había estado de esa forma con otra persona, jamás había recibido caricias de esa clase ni de ninguna. Orochimaru lo observaba deleitándose con su estado, le encantaba ver aquellas pálidas mejillas con ese toque rojo apenas perceptible. Le daban escalofríos al sentir esos fríos dedos rozar su piel y le gustaba. Cogió su mano y la aplastó contra su pecho haciendo que lo acariciara por completo. El ojiaqua suspiro levemente. Comenzó a acariciar los pectorales, no demasiado marcados, del serpiente. Le gustaba aquel tacto y ya no podía negarlo. Con el deseo surgió su lado posesivo, que desde el principio había intentado controlar. Tumbó a Orochimaru sobre la cama y se puso encima. El serpiente le miraba sorprendido, no se esperaba aquella reacción. Gaara comenzó a besar su cuello y morderlo igual que Orochimaru había hecho con él. Acariciaba intensamente su pecho, sus caderas, todo lo que se le ponía a mano. Lamía lascivamente cada centímetro de su piel estremeciéndose con aquel dulce contacto. Orochimaru suspiraba y gemía levemente, aquel frío muchacho se estaba volviendo ardiente pero sin perder su calma. Separó las piernas del serpiente antes de que sus labios llegaran a su miembro, se puso entre ellas y elevó sus caderas para tener mejor acceso a su entrada. Mientras con una mano seguía acariciando el pálido cuerpo, con la otra guió su miembro hasta la estrecha entrada y lo penetró despacio sin haberlo preparado antes, como había hecho con él. Orochimaru soltó un suave gemido que fue incapaz de controlar. Mientras le besaba el torso y le acariciaba comenzó a moverse lentamente en el interior del serpiente. Comenzó a acariciar la erección del mayor al mismo ritmo de sus embestidas. Orochimaru lo agarraba por las caderas para que las penetraciones fueran más profundas. Comenzaba a gemir y respirar sin control, no podía creer que disfrutara tanto con aquel miembro en su interior. Pocas veces había sido penetrado y siempre lo había controlado él, pero esta vez no, esta vez él era el uke, y le estaba gustando. Gaara miraba a aquel hombre sin entender lo que le estaba sucediendo. Aumentó la velocidad haciendo también que los gemidos de Orochimaru aumentaran y que su propia respiración se acelerara disfrutando de aquellos sonidos. Con una última y fuerte envestida se vino en el interior del serpiente al mismo tiempo que este lo hacía entre sus vientres. Gaara quedó con el rostro sobre el pecho del mayor, jadeando y escuchando sus fuertes latidos sin salir de su interior. Orochimaru acariciaba sus rojos cabellos y con la otra mano su trasero, mientras observaba su rostro, que estaba sonrojado pero sereno como al principio. Ambos se preguntaban qué es lo que les había sucedido. Gaara se levantó y se vistió sin mirarle, se dirigió a la puerta pero antes de que saliera Orochimaru lo rodeó con un brazo desde atrás metiendo su mano bajo los pantalones.

—Vuelve mañana a la misma hora—le susurró lamiendo lascivamente el lóbulo de su oreja.

Gaara se apartó de él y salió del ático. Orochimaru regresó a su casa, allí lo esperaba Kiba deseoso de sexo y el serpiente lo agradeció ya que necesitaba sentirse dominante de nuevo.

A la tarde siguiente, cuando Orochimaru llegó al ático encontró al pelirrojo esperándolo en la entrada. Sonrió ampliamente y entraron en el piso. En cuanto cerró la puerta Gaara se abalanzó sobre él y comenzó a besarle de forma apasionada enredando sus lenguas. El serpiente se sorprendió, pero le agradó aquel impulso. Aunque no como él esperaba, había conseguido que aquel chico fuera suyo. Gaara no entendía porqué hacía aquello pero desde que había salido del piso el día anterior no había dejado de pensar en ese hombre y en cuanto deseaba sentirlo otra vez junto a él. Se deshicieron enseguida de su ropa y Gaara tumbó al serpiente sobre la cama boca abajo. Orochimaru lo detuvo poniéndose sobre él.

—Relájate, no tenemos que ir tan rápido, primero están los preliminares—dijo sonriente ante la impaciencia del joven.

—No quiero preliminares, no me interesa—su tono era frío y distante.

Orochimaru se dio cuenta de que aquel chico no estaba impaciente por hacer el amor con él, simplemente quería sexo, con él o con otro. Gaara lo volvió a poner boca abajo y lo penetró por completo de un empujón. Orochimaru sangró y contuvo un fuerte grito. El ojiaqua siguió envistiendo haciendo caso omiso de las quejas de su uke. Le gustaba la estrechez, le volvía loco, el contacto de otra persona era tan nuevo para el que no se podía controlar. Orochimaru se sentía extraño, estaba siendo un mero objeto para él, como muchos otros lo habían sido suyo, y le gustaba. Cuando Gaara se desahogó se sentó en la cama y miró el vacío.

—Ga-Gaara…—la voz de Orochimaru sonó quebrada—etto…

— ¿Mañana a la misma hora?—preguntó el pelirrojo.

— ¿Eh? Sí, claro—contesto el serpiente sintiéndole pequeño.

No podía creer aquello, ese chico, un crío, lo estaba tratando como él trataba a los demás, y sin embargo le gustaba, ahora sabía lo que Kiba sentía.

Pasaron los días y no había tarde en la que sus encuentros no se repitieran. Gaara se había convertido en el dueño del serpiente, Orochimaru era su juguete, podía hacer lo que quisiera con él, se lo permitiría todo.

3 jul 2008

Perversiones c3 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Hinata X Ino
Género: Romántico, Yuri
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 3 de 15 Finalizado: No
Resumen: La joven Ino se encuentra con HInata que tiene un extraño comportamiento y la acorrala con malas intenciones
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.


Sakura suspiraba, tumbada en su cama con una mano bajo su ropa interior. Rememoraba una y otra vez lo que su, ahora amada, Hinata le había hecho en aquella clase. ¿Cómo pudo ser tan intensa, como pudo hacerle el amor de aquella forma? Cuando comenzaron las clases Hinata se había ido sin decir nada y no le había dado tiempo a hacerle ninguna pregunta. Se levantó de la cama y se preparó para ir al instituto, ansiaba ver a su Hinata de nuevo. Lo había pasado muy bien con Ino, haciéndolo a escondidas, entre clase y clase o en el baño, pero Hinata había sido mucho más intensa, la había dominado de tal forma que había poseído su cuerpo como no lo había hecho nadie. Llegó a clase temprano, supuso que Hinata ya estaría allí como siempre, pero se equivocaba. Hinata no apareció en todo el día.

 EN UNA CALLE 

—Vaya Hinata, ¿qué haces por aquí, tu casa no está hacia el otro lado?—una chica rubia con coleta alta y un mechón cayéndole por la frente saludó a la Hyuuga que caminaba seria hacia ella.

—Cállate, no soporto el timbre de tu voz—le dijo la ojiblanca agarrándola por el brazo.

— ¿Eh? ¿Pero qué haces? Suéltame—Ino intentó zafarse pero le fue imposible.

Hinata la arrastró hasta un callejón donde nadie podía verlas.

—Vi lo que le hacías a mi Sakura zorra asquerosa—la voz de la ojiblanca era firme y dura, nunca la había visto así.

—Pe-pero de que hablas, no digas tonterías Hina…—un beso cortó sus palabras.

La joven Hyuuga metió su lengua en la boca de la rubia moviéndola hábilmente. La de ojos celestes estaba paralizada y confusa, ¿Qué estaba haciendo Hinata? Las manos de la ojiblanca comenzaron a acariciar su cuerpo, le arranco rápidamente la ropa y acarició su trasero y sus pechos por debajo de la ropa interior. Ino intentaba apartarla pero aquella fuerza que emitía la dejaba paralizada. Respiraba cada vez mas agitadamente y cuando la Hyuuga comenzó a lamer y mordisquear su cuello y acariciarle su entrada comenzó a gemir. De pronto sintió un fuerte mordisco y no pudo evitar soltar un grito.

—Hinata, duele—dijo intentado apartarla de ella de un empujón.

La Hyuuga, sin ningún miramiento, le dio una cachetada tirándola al suelo. Se puso sobre ella y comenzó a lamer y morder sus pechos mientras con una mano sujetaba las de la rubia y con la otra comenzaba un descenso hasta llegar a sus bragas y arrancárselas. La ojiceleste gritaba e intentaba liberarse pero aquellas profundas caricias y besos la hacían sentir cada vez más débil y sumisa. La ojiblanca bajó el rostro hasta su entrada y comenzó a lamer y meter sus dedos en ella sin importarle si le hacía daño. La rubia estaba cada vez más nerviosa, no entendía que estaba ocurriendo, ¿cómo podía Hinata hacer algo así? La Hyuuga sacó del bolsillo de su chaqueta aquel juguetito que tanto había hecho disfrutar a la pelirrosa el día anterior. Introdujo el aparato en el interior de la rubia sin preparación alguna y por completo de un empujón. La ojiceleste dio un fuerte grito mientras su rostro se cubría de lágrimas. Ya no tenía el control de sí misma, la joven Hyuuga la dominaba por completo. La puso boca abajo en el frío suelo, sacó el vibrador y se lo metió por detrás sin haber dilatado antes su estrecha entrada. Mientras la penetraba rápida y profundamente lamia y mordía su espalda y acariciaba sus pechos. La ojiblanca disfrutaba con las lágrimas y los gritos de sufrimiento de aquella baka. La rubia no aguantaba más y acabó corriéndose aunque no lo deseaba. Sin decir nada, la Hyuuga guardó el juguetito y se marchó de allí.

2 jul 2008

Perversiones c2b [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Orochimaru X Kiba
Género: Romántico, Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Chan
Capítulo: 2b de 15 Finalizado: No
Resumen: Un joven que lo ha perdido todo acaba siendo el perro de un hombre perverso
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.


No sabía porqué aquel chico le atraía tanto, tal vez era su mirada perruna o su fuerza interior por sobrevivir en el mundo solo, deseaba a aquel chico y lo iba a tener. Escuchó el agua correr en la ducha, entreabrió la puerta y observó a través de la mampara casi transparente el cuerpo de aquel chico. Estaba muy bien formado aunque aun era un niño, tenía algo marcados los músculos del pecho y los brazos y tenía un trasero firme y perfecto. Le gustaba aquel cuerpo y deseaba tenerlo cuanto antes. Pero debía esperar, no quería asustarle. Preparó la comida y esperó al joven sentado en el sofá con Akamaru en el regazo, el perro sentía algo de rechazo hacia aquel hombre pero no quería apartarse de él. Kiba salió del baño con apenas una toalla alrededor de la cintura, lo que excitó mucho al serpiente. El muchacho se sorprendió mucho al ver a Akamaru tan tranquilo en el regazo de un desconocido.

—Tu perro se porta muy bien—dijo Orochimaru dejándolo en el sofá para levantarse—te traeré algo de ropa y comeremos.

La lasciva mirada del serpiente hacía estremecer al joven y sin saber porqué algo en su cuerpo se empezaba a poner duro. Cogió la ropa que el mayor le ofreció y entrando de nuevo en el baño se cambió, le quedaba muy grande pero al menos era ropa limpia. Se puso algo nervioso al pensar que aquella ropa había tocado el cuerpo de aquel hombre y su entrepierna despertó más. Salió del baño con el rostro sonrojado, ¿Qué le estaba ocurriendo? Se sentó a la mesa, frente a él había un plato con abundante comida. No esperó a nada, se puso a comer con ansias igual que Akamaru junto a él en la misma mesa. Mientras lo observaba Orochimaru sonreía sentado frente a él.

—Si comes tan rápido te atragantarás—le dijo sin apartarle la vista de encima.

El muchacho levantó un segundo el rostro de su plato encontrándose con esa mirada de serpiente que le hizo sonrojar y comer más despacio como si le hubiera dado una orden. Después de comer se sentaron en el sofá.

—Dime Kiba, ¿no vas al instituto?—preguntó Orochimaru.

—No, no tengo libros ni dinero para comprarlos—contestó sin mirarle.

—Mañana irás al instituto que yo dirijo, no te preocupes por los libros, yo me encargo de todo—dijo sin más.

—Pe-pero señor, apenas me conoce, ¿Por qué va a hacer eso?—preguntó extrañado, nadie se había preocupado así por él.

—Porque sí, puedes tener futuro, pero solo si aprendes.

—En la calle se aprende mucho—se sentía incómodo con tanta caridad.

—Puedes quedarte a vivir aquí, es una casa muy grande y vivo yo solo—le dijo haciendo caso omiso de sus palabras.

— ¿Acaso no has escuchado lo que he dicho?—alzó la voz casi gritando ante la indiferencia del otro—No quiero tu caridad.

—No lo hago por caridad, eso no va conmigo—contestó sin preocuparse por su enfado.

—Entonces ¿Por qué lo haces?—le preguntó gritando y levantándose.

En el rostro del serpiente se dibujó una sádica sonrisa que hizo retroceder al joven unos pasos mientras su respiración se aceleraba.

—No importa porque lo hago—le dijo Orochimaru levantándose y acercándose mucho a él, tanto que sus labios casi se rozaban—simplemente agradece la ayuda.

Kiba imaginó como deseaba que se lo agradeciera, pero pensó que era imposible que quisiera eso. Podía sentir la respiración del serpiente sobre su rostro y algo en su interior se estaba revolviendo y algo externo se endurecía. Orochimaru sonrió aun más al sentir su excitación pero pensó que aun no era el momento, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta cogiendo su abrigo.

—Tengo cosas que hacer, descansa un rato, puedes meterte en la cama si quieres, no creo que hayas dormido muy bien en el banco del parque—tras decir eso salió por la puerta dejando al joven temblando.

Kiba entró en el dormitorio de aquel hombre ya que no encontró otro en la casa, todas las habitaciones, y eran varias, o estaban cerradas o llenas de libros. ‘Que tipo más extraño’ pensó para sí el joven, metiéndose en la cama con Akamaru en sus brazos. Sin darse cuenta se quedó dormido y tuvo extraños sueños con aquel hombre. Soñó que era su perro, que lo llevaba de una correa, que lo besaba y que lo poseía. ¡¿Pero por qué soñaba aquello?! No debía, era un hombre muy mayor para él, ¿pero porque tenía aquel sueño tan erótico con él? Además era un hombre, no podían. Era un sueño tan real, parecía estar sintiendo de verdad aquellos fríos labios sobre los suyos, en su cuello, en su pecho, aquella mano acariciando su miembro… abrió los ojos y la habitación estaba bacía. Kiba se levantó de la cama y se dio cuenta de que su entrepierna estaba totalmente despierta. Acabó de masturbarse y comenzó a recorrer la casa con curiosidad. Se paró en una habitación cuyas paredes estaban cubiertas por completo de libros. Tras observarlos un rato un libro con tapa negra sin ninguna letra llamó su atención. Lo cogió y lo abrió, tenía unas letras muy extrañas, no entendía nada y también había unos dibujos muy complicados y sin sentido. De pronto el libro se cerró en sus manos. Orochimaru estaba a su espalda y había cogido el libro.

—Esto no es para ti, pequeño—le dijo guardando el libro de nuevo.

—No me interesaba, solo estaba mirando—dijo saliendo de la habitación.

Orochimaru se adelantó con ligeros movimientos y se puso frente a él. Acercó su rostro al del joven, apenas los separaban tres centímetros.

—Puedes quedarte a vivir aquí, pero no fisgues en los libros que yo no te permita, hay cosas que tú no debes conocer—parecía una amenaza pero el joven estaba tan nervioso que no pensó en ello, el cuerpo de aquel hombre estaba demasiado cerca del suyo y el calor que comenzaba a sentir no le dejaba pensar. Orochimaru sonrió y se aparto de él—bueno, es hora de cenar.

Kiba se sentó esperando la deliciosa comida que preparaba su anfitrión y Akamaru subió de un salto a la mesa ansioso también por la comida. No les hizo esperar mucho, disfrutaron de una suculenta cena como la que nunca habían tenido. Después de la cena Kiba estaba muy nervioso, no sabía qué hacer ni dónde meterse. ¿Dónde iba a dormir? No creía que Orochimaru le dejara en el sofá, además no se hacía cama.

—Ve ya a dormir, mañana empezarás en el instituto—le dijo Orochimaru.

— ¿Puede darme una manta?—dijo esperando dormir en el sofá

— ¿Manta?, en la cama no hace frío—contestó el serpiente sabiendo lo que pensaba el chico.

— ¿Pe-pero usted dónde dormirá?—preguntó cada vez más nervioso.

—En la cama también, no creo que haya problema—al joven se le encogió el corazón y su respiración se aceleró preocupantemente. Sin saber que hacer entró en la habitación y se quedó de pie frente a la cama temblando— ¿Qué haces? Mañana vas a tener que madrugar—Kiba se metió en la cama quedándose lo más al borde que pudo. Al poco rato Orochimaru se tumbó junto a él. Este pudo sentir los nervios y la excitación del joven, ¿debía hacerlo esa noche?—Métete más dentro, te vas a caer.

El pequeño apenas se movió unos centímetros. Akamaru subió rápido a la cama y se puso sobre Orochimaru quien comenzó a acariciarle. Kiba se sorprendía enormemente al ver la simpatía que Akamaru expresaba al serpiente. Intentó calmarse y dormir, no iba a pasar buena noche por la cercanía de aquel hombre, pero lo intentaría. En seguida llegaron los sueños, o más bien las fantasías. Soñaba que el pálido cuerpo desnudo de aquel extraño hombre entraba en el baño mientras él se duchaba y sin decir una palabra comenzaba a besarlo y acariciarlo deslizando sus manos por las partes más íntimas de su cuerpo. Deseaba acariciarlo también, aquella piel de porcelana, deseaba probarla. Acarició aquellos pectorales, los besó y lamió dejándose abrazar por aquellos fuertes brazos que lo cobijaban y lo hacían sentir seguro.

Mientras, en el mundo real, el joven se había acercado al pelinegro. Le acariciaba sumergido en su fantasía, respirando agitadamente, gimiendo suavemente, rozando su cuerpo contra el del mayor, sobretodo la erección que comenzaba a surgir e su entrepierna. Orochimaru sonreía agradecido por la oportunidad. No estaba seguro de hacerlo esa noche pero el pequeño le había abierto la puerta. Se puso sobre él y comenzó a besar su pequeño cuello dejándole seguir en su fantasía un rato más. Lo desnudó por completo y contempló aquel cuerpo tan delicado y vulnerable durante unos momentos para después seguir con sus besos y caricias. Lamió las rosadas tetillas poniendo enseguida duros los pezones sin poder resistirse a morderlos causando que el moreno despertara de su fantasía.

—Ah! ¿Qué…? ¡O-orochimaru!—Kiba se sonrojó como un tomate al descubrir a aquel hombre sobre él en aquella posición, su cuerpo completamente desnudo y en su parte baja algo levantándose.

—Relájate Kiba, has sido tú el que ha empezado, no puedes negarme que lo deseas—le digo acariciando suavemente su miembro.

—Am… n-no, yo no…—el chico estaba muy confuso, no entendía como había llegado a eso.

—Mi pequeño, tus fantasías eran tan intensas que las estabas expresando con tu cuerpo vivamente—le dijo besando sus labios, explorando su cavidad haciendo estremecer al moreno.

Bajó los labios por su cuello, por su pecho, lamiendo y mordisqueando haciendo que le pequeño no pudiera contener los gemidos de placer. Llegó hasta su miembro y comenzó a lamerlo con su lengua experta. Se metió el pequeño pero duro miembro en la boca mientras Kiba cerraba fuertemente los ojos agarrándose fuertemente a las sábanas sin entender porqué hacía aquello.

—O-oro-chimaru… esto no… no está bien. ¿Por qué hace… esto?

—Mi niño, olvida todo eso, ahora tan solo disfruta—deslizó un dedo hasta su entrada y comenzó a meterlo despacio.

El moreno arqueó la espalda y emitió un grito de dolor. Era demasiado estrecho, lógico para un virgen. Orochimaru sacó el dedo y decidió ir más despacio. Siguió concentrándose en la felación, acariciando suavemente aquel pequeño cuerpo para que se relajara. Kiba se vino enseguida en la boca del pelinegro con un largo gemido que sonó realmente dulce. El mayor bebió aquella semilla y una perversa sonrisa volvió a aparecer en su rostro. Dejó descansar unos momentos al jadeante moreno mientras lo ponía boca abajo y levantaba su trasero. Comenzó a lamer su linda entrada haciendo temblar al pequeño.

—N-no, Orochimaru eso… eso es sucio, no lo haga ah!—intentaba controlar sus gemidos pero era imposible.

—Con un chico tan hermoso como tú no puede ser sucio. Relájate y disfruta, voy a hacer que sientas el mayor placer.

Introdujo un dedo en su interior y comenzó a moverlo circularmente. El pequeño gemía y se retorcía ¿estaba sintiendo placer con aquella invasión? No era posible, pero no quería que parara. Orochimaru introdujo otro dedo sin dejar de moverlos, siguió besando su cuello y su espalda, su suave piel con aquel dulce olor, realmente lo volvía loco. Metió un tercer dedo para dilatarle un poco más y no hacerle demasiado daño. Pegó su pecho a la espalda del pequeño, lamiendo su cuello y su rostro y acariciando sus tetillas, disfrutando de aquel frágil calor.

—Ya estás preparado, ahora relájate y confía en mí. Te dolerá un poco al principio pero te prometo que después disfrutarás mucho—lo puso boca arriba y comenzó a introducir la punta de su miembro.

El moreno gritó de dolor, a pesar de que lo había dilatado, el miembro del pelinegro era demasiado grande para su virgen entrada. Aun así siguió introduciendo el falo despacio. Poco a poco, como el mayor había dicho, aquel dolor desaparecía dando paso a un placer desconocido. Orochimaru pudo introducir todo su miembro, aunque tendría que ir con cuidado si no quería causar serios daños al pequeño, pero por ser la primera vez era suficiente. Comenzó a envestir lentamente al moreno, abrumado por su estrechez. Kiba se retorcía y gemía por aquella maravillosa mezcla de dolor y placer. Se agarró a los hombros del pelinegro e inconscientemente intentaba hacer que las envestidas fueran más profundas, quería que el contacto con aquel hombre fuera mayor. Cuando el ritmo de sus envestidas aumentó y apenas podía controlarse, se vino en el interior del joven y este de nuevo entre sus vientres quedando exhausto sobre las retorcidas sábanas.

— ¿Te ha gustado verdad? Mi pequeño, eres realmente estrecho, me encantaría poder hacer esto todos los días—le dijo besándole dulcemente.

—Pero esto… no está bien, no podemos hacerlo—decía todo lo contrario de lo que deseaba.

—Si no se lo cuentas a nadie no podrán impedírnoslo—le dio un último beso y le dejó dormir.

~~~~~~~~ FIN RECUERDOS ~~~~~~~~

Metió toda la longitud de su dueño en la boca disfrutando de aquel frío sabor. A pesar de estar excitado Orochimaru apenas aumentaba de temperatura. Subió y bajó muy lentamente sabiendo que aquellos movimientos torturaban a su dueño, procurando no dejar de mover la lengua, también le daba pequeños mordiscos que hacían suspirar levemente al serpiente y el joven sabia que eso era lo más que podía conseguir, su amo procuraba no mostrar su excitación y su placer. Orochimaru agarró sus cabellos para que aumentara el ritmo ya que no soportaba tanta lentitud. Al poco rato se vino en la boca del joven, quien saboreó la leche de su dueño. Al ver la cara de placer del joven al beber su líquido la sonrisa de su rostro aumentó y se volvió perversa. Agarró al joven por el cuello y lo puso boca abajo en la mesa dejando sus caderas fuera para tener un buen ángulo de penetración. Acaricio sus nalgas y sus muslos y lamió y mordisqueó su espalda mientras rozaba su miembro casi completamente erecto de nuevo, contra su raja. El joven gemía y disfrutaba de aquellas manos expertas que recorrían su cuerpo y aquella lengua que tanto lo excitaba. Él también tenía una norme erección y necesitaba que su dueño la satisficiera, pero tenía miedo de que se le antojara no hacerlo. Pero por suerte no fue así. Cuando Orochimaru lo penetró de un empujón sin haberlo preparado antes, provocándole tremendo dolor, comenzó a acariciar con una mano la erección de su perro subiendo y bajando al mismo ritmo de sus envestidas. Kiba gemía y lloraba por el dolor procurando no gritar para no alertar a los que se encontraban fuera. Junto a ellos se encontraba Akamaru que los observaba también excitado. Con una última envestida Orochimaru se vino en el interior de Kiba y este en su mano. El joven se quedó tendido sobre la mesa jadeando mientras de su entrada caía sangre mezclada con la semilla de su amo. Orochimaru lo agarró por el cabello levantándole y lamiendo las lágrimas que caían por sus mejillas. Le dio un intenso beso explorando su cavidad con la lengua y dejando al joven sin respiración.

—Ve a clase, llegas tarde—le dijo echándolo a un lado y sentándose en su sillón frente a su mesa.

El joven no esperaba mimos pero tampoco le gustaba tanta indiferencia. Abrió uno de los cajones de la mesa y sacó unos pañuelos, aquella no era la primera vez que lo hacían allí y hasta tenía unos calzoncillos de repuesto que tuvo que utilizar porque los suyos estaban cubiertos de sangre y semen.

— ¿Esta tarde vas a estar libre?—preguntó Kiba.

En los últimos días apenas veía a su dueño, salvo cuando llegaba por la noche muy tarde a la casa que compartían o por la mañana un rato antes de ir a clases o en la comida si no se había ido.

—No lo creo, tengo muchas cosas que hacer—le contestó sin tan siquiera mirarle.

Enfadado por aquella actitud que tanto detestaba salió del despacho sin decir nada más con Akamaru en brazos.

Antes Orochimaru aprovechaba cualquier ocasión para poseerle, todas las tardes las pasaban con sexo (eso sí, después de haber hecho los deberes el joven) y si algún día no podía, notaba como su dueño se ponía de mal humor y maldecía los cielos. Pero en la última semana no era así.

— ¡Akamaru! ¡¿Otra vez?!—gritó el joven palpando la erección de su perro—no es bueno que te excites mirándonos, no es normal.

Comenzó a acariciar el miembro del animal mientras este lamía su cuello disfrutando del sabor de su dueño.

—‘Cuanto me parezco a él, no soy más que el perro de Orochimaru’—pensó el joven entristecido disfrutando de aquellos lametones mientras su perro se corría en su mano.

Fin

La segunda y última parte de esta pareja ^^ aunque el fic sigue con otras

Perversiones c2a [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Orochimaru X Kiba
Género: Romántico, Yaoi
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon, Chan
Capítulo: 2a de 15 Finalizado: No
Resumen: Un joven que lo ha perdido todo acaba siendo el perro de un hombre perverso
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.


Director Orochimaru—dijo un joven llamando a la puerta pero sin esperar a la respuesta.

Orochimaru se sobresaltó, estaba demasiado concentrado en la pantalla de su ordenador y en las dos jóvenes que allí se veía. De haber sido otra persona habría estado en una situación muy incómoda, pero era Kiba, su juguete personal.

—Vaya director, qué cosas está haciendo ¿Y si hubiera sido un profesor el que hubiera entrado?—dijo el muchacho del pelo oscuro acercándose a él.

—Cualquier otro habría esperado respuesta antes de entrar—dijo Orochimaru feliz porque ahora tendría más diversión.

—Vaya, ¿esas no son Hinata y Sakura? Y parecía tonta la Hyuuga. Pero director, usted no debería espiar a sus alumnas—le dijo con voz sensual dando la vuelta a la mesa para quedar junto a él.

—No creo que tú seas el más indicado para decir esas cosas, he visto lo que haces en el vestuario femenino—una gran sonrisa de excitación se dibujo en el rostro de Orochimaru.

—No deberías espiarme, que tengas cámaras por todo el instituto no te da permiso a invadir mi intimidad—dijo Kiba fingiendo indignación.

— ¿Invadir tu intimidad?—una gran carcajada salió de aquella boca, daban escalofríos al oírla—tu intimidad me pertenece a mí.

Le cogió por la cintura y le hizo sentarse sobre él para darle un intenso beso mientras agarraba con fuerza su entrepierna que empezaba a ponerse dura.

—Ah! Orochimaru, me haces daño—le dijo Kiba intentando separar su mano.

—Lo sé. Esas muñequitas me han puesto muy caliente, ¿Qué tal si tu lo arreglas?—le dijo poniéndolo de rodillas frente a él—Lámela como el perro que eres.

Resultaba humillante que Orochimaru le pusiera su miembro delante de la cara para que lo chupara, pero no podía negar que le encantaba. Lo cogió con ambas manos algo ansioso y le dio una lamida desde la base hasta la punta. Orochimaru suspiró suavemente, la lengua de aquel muchacho lo volvía loco pero no se lo quería hacer saber. Kiba lamía la longitud de su dueño. Desde que, dos años atrás, Orochimaru lo encontrara en la calle y lo salvara, él se había convertido en el perro del director igual que Akamaru lo era de él.

~~~~~~~~ RECUERDOS ~~~~~~~~

Hacía frío, era de noche, los copos de nieve ya comenzaban a cubrir las aceras. Kiba con Akamaru en brazos estaba sentado en un banco de un vacío parque. Tenía unos quince años y acababa de perderlo todo. Su familia había muerto en un terrible incendio que no se lo llevó a él también porque estaba de paseo con su perro Akamaru. El frío comenzaba a colarse hasta sus huesos y estaba temblando, apenas llevaba puesto una camiseta y un abrigo viejo. Algunas personas, muy pocas, pasaban a su alrededor camino ya de sus calentitas casas, pero ni tan siquiera lo miraban. Akamaru comenzó a revolverse en sus brazos, hasta ahora había estado quieto, como si estuviera muerto, pero había olisqueado algo y rápidamente se escabulló de los brazos de su dueño que comprendió muy bien lo que pasaba, ya que entendía perfectamente a su perro. El perro corrió al otro lado del parque seguido por Kiba. Comenzó a comer un trozo de carne que un hombre, vestido con un abrigo gris y cubierta la cabeza con una capucha, le ofreció. El pobre perrito no había comido nada en todo el día y movía el pequeño rabo de felicidad al poder llevarse algo a la boca.

—Para ti tengo también comida, pero en mi casa—le dijo aquel hombre al muchacho de pelo revuelto con una voz tenebrosa.

—No acostumbro a ir con desconocidos—dijo el chaval desconfiado.

—Como quieras, pero si pasas aquí la noche te congelarás—para sorpresa del muchacho el hombre se levantó y se quitó el abrigo tirándoselo a Kiba.

El pequeño lo miró embobado, aquel hombre tenía un rostro blanco como la nieve que caía, unos ojos amarillos verdosos como los de una serpiente, con una marca violeta a su alrededor, también tenía una nariz aplanada como el reptil ya mencionado y una gran boca que mostraba una sonrisa espeluznante; sus cabellos eran negros y lacios y caían alrededor de su rostro bastante largos. Aquel hombre podría haber provocado gran temor en muchas personas debido a su asombroso parecido con una serpiente, pero en Kiba solo provocaba una gran atracción como no la había sentido con nadie. El mayor sabía perfectamente la reacción que estaba provocando en el joven, asíque solo tenía que darle tiempo.

—Mañana pasaré por aquí y si no has muerto de congelamiento o te has marchado os daré algo de comer a tu perro y a ti—diciendo esto se marchó de allí dejando a Kiba paralizado sin saber porqué.

Resguardándose con aquel abrigo, que desprendía un olor especial a aquel hombre tan… no sabía cómo describirlo, pasó la noche deseando que llegara el día siguiente para volver a verlo. ¿Por qué deseaba verlo de nuevo? En su interior comenzaba a sentir algo que no le era familiar. Despertó a la mañana siguiente con el olor de sopa caliente. Abrió los ojos y como un perro se lanzó a por el tazón que otro sujetaba en las manos. Bebió con ansia la sopa, estaba muy caliente lo que le sirvió para que sus labios dejaran de tener aquel tono azulado y volviera a sentir su nariz. Mientras Akamaru también bebía sopa caliente a su lado y era acariciado de una forma algo dura pero amigable por una mano blanca.

—Veo que habéis sobrevivido—dijo el hombre con una gran sonrisa pero que no se podía decir con seguridad que fuera de felicidad.

El chico se quedó mirándolo mientras seguía bebiendo la sopa. Le fascinaba aquel rostro de reptil. Al sentir aquellos ojos clavados en él, el serpiente giró el rostro y buscó los ojos del muchacho que enseguida desvió la mirada comenzando a sonrojarse. Rió para sí sabiendo que ya le faltaba poco.

—Si quieres puedes venir a mi casa a calentarte, debes estar helado, y tu perro también—le dijo aquel hombre mirando al sabueso, al cual no le agradaban demasiado sus caricias ya que su piel era fría pero sin embargo tenían algo que lo hacía quedarse en el sitio y no gruñir.

—Yo… hem, ni siquiera sé su nombre—contesto el chico intentando calmarse, tenía unas ganas tremendas de irse con él pero no podía hacerlo así como así.

—Antes de preguntarlo es de buena educación presentarse—le miraba por el rabillo del ojo sin dejar de sonreír.

—Me llamo Kiba y él es Akamaru—contestó manteniendo la mirada en el suelo.

—Yo me llamo Orochimaru—contestó él con unas ganas enormes de reír— ¿y ahora vas a venir ya a mi casa para entrar en calor?

Kiba comenzó a malinterpretar las palabras del serpiente. Su cuerpo ya comenzaba a entrar en calor con la simple cercanía del cuerpo de aquel hombre ¿Por qué?

—Está bien—quiso negarse pero, sin saber la razón, aceptó.

Orochimaru se levantó y con un sutil gesto le indicó que lo siguiera, Kiba, al igual que hacía Akamaru con él, le siguió como un perro. El serpiente les guió hasta una elegante casa en el barrio rico.

—Adelante Kiba, siéntete como en tu casa—le dijo con esa oscura voz arrastrando las palabras, como si fuera el siseo de una serpiente—ahí tienes el baño, te aconsejo que te des una buena ducha para entrar en calor, te prepararé algo de comer.

Como si de una orden se hubiera tratado, el joven fue al baño y comenzó a desvestirse. Le vendría bien una ducha, pensaba, había pasado varios días en la calle y ni siquiera se podía haber lavado en una fuente porque el agua estaba helada. Cuando iba a quitarse el calzoncillo el hombre serpiente entró en el baño. Se colocó tras él, observándole en el espejo, la sonrisa de su rostro era cada vez más perversa y pícara, colocó una mano en el hombro del joven y acercó su cuerpo mucho al de él.

— ¿No eres demasiado joven como para andar solo viviendo en la calle?—preguntó Orochimaru con la boca muy cerca del oído del muchacho.

—He perdido a toda mi familia, no tengo a nadie y no pienso ir a uno de esos orfanatos—dijo algo entristecido.

—Eres muy joven para estar solo, no sobrevivirás mucho, yo puedo ayudarte—la otra mano del serpiente se deslizó despacio por la cintura del joven.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, la piel de aquel hombre era fría pero le hacía sentir algo… se apartó de él muy nervioso.

—Vo-voy a ducharme—dijo esperando que saliera del baño.

Orochimaru sonrió aun más y le dejó solo. Ya le tenía, faltaba poco, aquel chico ya era suyo.

Continará...

Este capítulo lo he dividido en dos partes porque es demasiado largo ^^

28 jun 2008

Perversiones c1 [FanFic]

Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Hinata X Sakura
Género: Romántico, Yuri
Clasificación: no -16 años
Advertencia: Lemon
Capítulo: 1 de 15 Finalizado: No
Resumen: Imagina a la joven Hinata en una relación. ¿Ya? Pues en este fic no saldrá como te la has imaginado.
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.


La joven caminaba tambaleante con lágrimas en los ojos hacia el despacho del director. Tenía el alma destrozada por la escena que había visto poco antes:

Caminaba por el pasillo del instituto con calma, sin preocuparse de la hora porque siempre llegaba pronto. De pronto escuchó unos gemidos y se paró en seco. Se acercó a una puerta entreabierta. Creyó que le estaban haciendo daño a alguien. Se asomó con precaución, vio unas ropas por el suelo que le resultaron familiares. Más adelante vio el cabello rosa de su compañera, que en ese momento le daba la espalda, estaba sentada sobre la mesa del profesor y estaba... ¡estaba desnuda! ¿Pero qué hacía? Entonces vio levantarse la cabellera rubia de Ino. Estaba frente a Sakura, también desnuda y jadeante, con una sonrisa de satisfacción.

—Tienes una buena lengua—le escuchó decir a Sakura.

—Probemos ahora la tuya—le respondió Ino

Sakura se levantó de la mesa y se acercó a la joven, se agachó y comenzó a lamer con deseo el sexo de su compañera, esta gemía y cerraba los ojos sintiendo gran placer. Hinata las observaba temblando, las lágrimas comenzaban a surgir de sus ojos casi blancos. Como podía estar pasando aquello, como podía hacer aquello Sakura, su Sakura, la primera persona a la que había querido de verdad. Observaba el cuerpo desnudo de la pelirrosa, era tan perfecto, tan lindo, Sakura siempre estaba preocupada porque creía estar gorda, pero era mentira, para Hinata su cuerpo era perfecto y le dolía en el alma que otra persona lo estuviera tocando de aquella forma.
Salió corriendo sin que las jóvenes en la clase se dieran cuenta de que las había observado. Corrió por los pasillos hasta que salió del instituto y se quedó en un pequeño parque solitario. Al poco rato, cuando iba a comenzar la segunda clase, un profesor pasó por allí en dirección al instituto. Se paró extrañado frente a ella.

—Señorita Hyuuga, ¿qué hace aquí?, debería estar en clase—la muchacha lo miró sin saber qué decir.

—Emm… yo… esto…

—Por favor, acompáñeme al instituto—le dijo el profesor extrañado de ver allí a la joven Hyuuga ya que nunca había cometido ningún tipo de falta.

La ojiblanca acompañó al profesor sin decir palabra. Él la dejó en el pasillo, después de haber hablado él con el director, para que ella misma fuera a su despacho y hablara con él. Y aquí volvemos al principio. Llegó a la puerta y tocó suavemente.

—Adelante—escuchó decir.

La joven pasó cabizbaja sin atreverse a mirarle a la cara. Él la ofreció asiento y ella lo aceptó en silencio.

—Señorita Hyuuga, ¿Por qué no estaba en clase?—preguntó él con su voz oscura.

—Yo… esto… yo…—era incapaz de contarle lo que había ocurrido.

—Las viste ¿verdad?—dijo con calma.

— ¡¿Qué?!—le miró sorprendida.

Orochimaru tenía una sonrisa perversa en su rostro y miraba ardientemente a la joven que tenía las mejillas ardiendo.

—Viste a tus dos compañeras en la clase, haciendo lo que no debían. Por eso te fuiste y no has venido a la primera clase—su voz hacía temblar a la ojiblanca.

—Yo… director Orochimaru yo… —comenzaba a respirar agitadamente y se acaloraba por momentos, recordando aquella escena.

—Cálmate pequeña, dime, ¿a cuál de ellas deseas?—preguntó sin pudor alguno.

Ella no supo que decir, ¿Cómo podía saber eso su director? Se puso cada vez más nerviosa y acabó desmayándose.

Abrió los ojos confusa, sin saber lo que había sucedido. Observó a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en la enfermería del instituto. Una mujer con bata blanca estaba sentada cerca de ella. Cuando percató de que había despertado se acercó a ella y comenzó a preguntarle cómo se encontraba, pero la Hyuuga seguía en estado de shock y no decía nada. La enfermera miró tras de sí y salió de la sala. El director Orochimaru estaba ahora junto e ella con una gran sonrisa.

— ¿Ya te encuentras mejor Hinata?—le preguntó acariciando suavemente sus cabellos.

—Yo… director yo… —ella se estaba poniendo de nuevo muy nerviosa.

—Tranquila pequeña Hinata. Yo voy a ayudarte a que tengas lo quieres—la joven lo miró sorprendida y extrañada.

Orochimaru colocó un dedo en el cuello de la joven y realizo un pequeño símbolo transmitiéndole energía. La ojiblanca emitió un débil grito que fue ahogado por la mano del hombre que no borraba de su rostro aquella sonrisa tan escalofriante. La muchacha quedó inconsciente de nuevo pero a los pocos minutos abrió de los ojos. Orochimaru ya no se encontraba en la sala, estaba sola. Se sentía extraña, un pequeño dolor punzante en su cuello y un calor extraño que recorría todo su cuerpo y se intensificaba en ciertas partes. Su mente se nubló un poco y su respiración se agitó. Sintió una necesidad imperiosa de acariciarse y satisfacerse. Solo había hecho aquello una vez antes y le había dado tanta vergüenza, a pesar de que no la habían visto, que no volvió a repetirlo. Metió una mano bajo su camiseta y comenzó a acariciarse los pechos mientras que la otra mano la llevaba bajo sus braguitas y se acariciaba cada vez más intensamente hasta que no pudo más. Roja, pero esta vez no de vergüenza, se colocó la ropa y salió de la enfermería. La anciana enfermera intentó detenerla pidiendo que descansara más, pero ella hizo caso omiso a sus palabras. Sin saber porqué se encamino por los pasillos buscando algo. Las clases estaban en el receso de la comida y, como siempre hacía, Sakura fue a comer a un aula vacía. Normalmente comían allí juntas pero no había visto a Hinata en toda la mañana y estaba comiendo sola. Vio abrirse la puerta y entrar a su pálida amiga con el rostro sonrojado, cosa normal en ella. Pero esta vez la joven Hyuuga la miraba directamente a los ojos con un brillo extraño.

— ¡Hola Hinata! ¿Estás bien? No has aparecido en toda la mañana y eso no es normal en ti—le dijo Sakura con su gran sonrisa.

—Sí, estoy bien, mejor que nunca—hablaba con un tono extraño y con demasiada seguridad para ella.

— ¿Seguro que estás bien?, te noto extraña—la ojiblanca se acercaba poco a poco a ella y parecía que no iba a detenerse—Hinata, ¿qué haces?—preguntó cuando la joven la acorraló contra la mesa.

—Tranquila, vas a disfrutar—aquellas palabras no parecían haber salido de su boca.

Puso las manos sobre la mesa a ambos lados de la pelirrosa para que no pudiera escapar. Acercó su rostro al de ella hasta que sus labios se juntaron en un intenso beso. Sakura estaba muy sorprendida y no entendía lo que estaba ocurriendo, aquella no podía ser su amiga, Hinata jamás se comportaría así. La lengua de la Hyuuga comenzó a lamer sus labios intentando que los abriera pero ella se resistía. Cogió a la ojiverde con una mano por la cintura y con la otra sujetó su rostro para que la mirara.

—Si con esa estirada de Ino disfrutaste, conmigo lo harás mucho más—le dijo volviendo a besar su labios.

Sakura estaba paralizada por lo que le había dicho. ¿Cómo era posible que supiera esto? Ino y ella mantenían bien guardado el secreto.

Aprovechando su sorpresa la ojiblanca introduzjo su lengua en la boca de la pelirrosa y exploró cada rincón de su cavidad. Sakura intentaba separarla pero le era imposible, en aquel momento Hinata tenía una fuerza increíble. La ojiblanca comenzó a acariciar el cuerpo de la muchacha que tanto deseaba. Comenzó a quitarle la ropa mientras su cuerpo se calentaba cada vez más. Sakura sentía sus intensas caricias, sentía su pasión y su deseo y no pudo reprimir algunos gemidos. Hinata comenzó a bajar por su mejilla hasta su cuello, comenzó a mordisquear, lamer y besar cada centímetro de su piel. Sin darse cuenta ambas estaban desnudas, apenas con las braguitas y las medias cortas y zapatos puestos. Las manos de la Hyuuga parecían expertas recorriendo todo su cuerpo haciéndola estremecer de placer. Ya no luchaba, ahora dejaba que su amiga hiciera lo que deseaba sin importarle ya nada. Hinata la tumbó sobre la mesa del profesor dejando sus piernas abiertas frente a ella con su sexo ya húmedo aun bajo la ropa interior. Comenzó a acariciarla por encima de la braguita, pero era incapaz de esperar, prácticamente se las arrancó y comenzó a lamerla y darle pequeños mordiscos que hacían gemir a la pelirrosa. Con una mano acariciaba su muslo y su trasero mientras con la otra le acariciaba los pechos. Sakura sujetó los cabellos de la Hyuuga para que profundizara más con su lengua. Después le metió un dedo y otro más en su interior, profundamente, aumentando los movimientos mientras le acariciaba los pechos con la otra mano y lamía sus pezones mordiéndolos con intensidad. Hasta que la pelirrosa no pudo más y se corrió.

— ¿Por qué?—le preguntó la pelirroja jadeante.

—Porque lo llevo deseando desde que te vi la primera vez y al verte con esa baka de Ino no aguante más—le contestó volviendo a besarla.

Aquella no era la Hinata que Sakura conocía, tan dominante e intensa, sin vergüenza alguna. La Hyuuga estaba más excitada a cada segundo, con aquel cuerpo que tanto deseaba bajo el suyo propio. Sin saber porque desvió la mirada a un cajón abierto de la mesa y vio algo que le excito aun más y que podría utilizar para sus nuevos juegos. Se apartó de la pelirrosa y cogió aquel alargado objeto de color rosáceo. Dio a un botón y se puso a vibrar sobresaltando a la joven sobre la mesa. Hinata se acercó a ella con el vibrador en alto, solo había visto una de esas cosas una vez sin querer en la tele, pero supo muy bien cómo usarlo. Se sentó junto a ella sobre la mesa y mientras con una mano acariciaba sus pechos con la otra comenzaba a acariciarla con el vibrador pero aun de forma superficial. Sakura vio la excitación de su amiga y ya que le daba tanto goce quiso dárselo a ella también. Comenzó a acariciar su sexo y a introducirle los dedos. La joven Hyuuga gemía de placer mientras introducía el vibrador en el interior de su amante poniéndolo en marcha. La pelirrosa gemía y gritaba debido al gran placer que sentía, aquél simple aparato la hacía creerse en el cielo y los exactos movimientos de Hinata la hacían volverse loca de placer. Ambas llegaron al clímax casi al unísono provocando que otra persona que las observaba desde su despacho también se viniera, después de haber disfrutado del espectáculo.